Cuba y su guerra contra las antenas satelitales

Por Alejandro A. Tagliavini

Con el transcurrir de los años y el desarrollo tecnológico, los molinos de viento son hoy más pequeños y los llaman "antenas satelitales". Don Quijote y Sancho Panza, Fidel y Raúl, siguen peleando contra lo imposible, confundiendo, en su locura, lo que son cosas sin vida con enemigos acérrimos. Solo que mientras que Cervantes pintaba a un idealista, los Castro más bien pretenden eliminar las ideas en función de mantener su ridícula monarquía.

En Cuba, las antenas satelitales son ilegales si no se dispone de un permiso del gobierno, prácticamente imposible de conseguir. Así, la gente construye sus propias antenas y les vende la señal a los vecinos por medio de redes caseras. Se estima que en Cuba hay entre 10.000 y 30.000 de estos equipos caseros, fabricados con palanganas y camuflados en lugares insólitos, gracias a los cuales en estos días algunos isleños han podido ver las imágenes de los cubanos que bailaban en las calles de la Pequeña Habana, en Miami, festejando la desaparición de Fidel.

En la isla pagan entre 5 y 10 dólares mensuales por la conexión ilegal de cable, mucho en un país donde el salario mensual ronda los 40 dólares, pero accesible para los que reciben remesas de familiares en el exterior.

Granma, el diario del Partido Comunista, afirmó que "en las condiciones actuales" las antenas ilegales de satélite deben ser "combatidas enérgicamente" ya que "buena parte de la programación que se recibe por esa vía es de contenido desestabilizador, injerencista, subversivo y convoca cada vez más a la realización de actividades terroristas". Las autoridades cubanas intensificaron los operativos contra las antenas, con confiscación de los equipos receptores, severas multas y penas de hasta tres años de prisión. ¡Y todo esto solo por mirar un canal de televisión!

Granma indicó que las antenas ilegales "transgreden regulaciones jurídicas". En otras palabras, el Estado tiene que dirigir los asuntos (en función de Castro, claro) contrariando el orden espontáneo que es siempre superior al decretado por el racionalismo constructivista porque se basa en la natural libertad de las personas para crear y emprender.

Cuenta Karin Ebensperger en su columna "Swaminathan, dos legados contrapuestos", publicada en el diario El Mercurio de Chile, que "el agrónomo indio M.S. Swaminathan es el padre de la ‘revolución verde’, el hombre que contribuyó a salvar más vidas humanas que cualquier otra persona del planeta. Desarrolló el arroz I.R.36, cuya resistencia y alto rendimiento terminó con las hambrunas en el Asia de los monzones y luego en muchas partes del mundo". Es decir, la creatividad de una persona ayuda más que cualquier imposición coactiva estatal.

Libertad y propiedad personal (salvo las de Castro) han sido férreamente combatidas por la revolución castrista y por eso la empobrecida Cuba siempre dependió de las limosnas: antes de la Unión Soviética y ahora de los petrodólares de Chávez, además de los dólares que envían los cubanos desde el exilio.

En fin, mientras que don Quijote y Sancho pretendían luchar por ideales nobles, Castro, demostrando su cobardía desde su escritorio y cumpliendo órdenes de la Unión Soviética, envió a miles de cubanos a combatir y morir en guerras desconocidas. Miles murieron en Angola y Etiopía, haciendo el trabajo sucio para los soviéticos. Fidel pronto morirá y, con él, sus inútiles ideas y aficiones materialistas.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
© Todos los derechos reservados. Para mayor información dirigirse a: AIPEnet