¿Cuáles son los estados más libres? Un nuevo informe califica a los 50

Scott Lincicome considera que el informe "Libertad en los 50 estados" del Instituto Cato es más que una simple clasificación; es una "guía rápida" tanto para los políticos como para los votantes.

Por Scott Lincicome

La representación de la “libertad” a nivel estatal suele incluir un mapa con dos colores y un indicador. La libertad económica —en materia de impuestos, regulación y temas similares— se asocia a los estados rojos, mientras que la libertad personal —en materia de libertad de expresión, actuación policial y otros aspectos— se asocia a los estados azules. La única pregunta es cuál de las dos valoras más.

Resulta que la realidad es mucho más complicada.

A fines de octubre, el Instituto Cato publicó la edición 2026 de su informe "Libertad en los 50 estados", y los datos desafían los mapas simplistas y los análisis binarios. El informe califica a cada estado en función de 97 variables de políticas distribuidas en 10 categorías de libertad económica y personal: fiscal, vivienda, laboral, tecnología/consumo, educación, libertad de expresión, medicina, armas de fuego, seguridad pública y recreación. Por primera vez, el informe también califica a los 50 gobernadores según cómo han influido en la libertad económica y personal en sus respectivos estados. Para cada variable de política examinada, el informe plantea una pregunta: ¿La postura del estado potencia o restringe la libertad de los adultos estadounidenses para actuar pacíficamente en su propio interés y disponer de sus bienes como mejor les parezca?

Probablemente las respuestas te sorprenderán.

Para empezar, los resultados generales muestran que el país no se divide claramente según las líneas rojas y azules antes mencionadas. Arizona ocupa el primer lugar en la clasificación general, seguido de Montana, Nevada, Florida e Idaho. Los gobernadores con mejores calificaciones son, en orden descendente, Greg Gianforte (Republicano) de Montana, Jared Polis (Demócrata) de Colorado, Ron DeSantis (Republicano) de Florida, Greg Abbott (Republicano) de Texas y Kim Reynolds (Republicano) de Iowa. Por su parte, los estados con peor desempeño son Carolina del Sur, Alaska, Massachusetts, Nueva York y Hawái. Los gobernadores con las calificaciones más bajas son Maura Healey (demócrata) de Massachusetts, Dan McKee (Demócrata) de Rhode Island, Gavin Newsom (Demócrata) de California, Josh Green (Demócrata) de Hawái y Kathy Hochul (Demócrata) de Nueva York.

Los principales defensores de la libertad sin duda merecen elogios por superar a sus homólogos, aunque aún tienen margen de mejora. De hecho, ningún estado alcanzó una puntuación bruta superior al 75 por ciento —es decir, que el estado haya promulgado el 75 por ciento de las políticas a favor de la libertad analizadas— ni en libertad económica ni en libertad personal (La escala de 0 a 10 está calibrada). Y solo en una categoría algún estado obtuvo un 100 perfecto (ocho estados lo lograron en libertad de armas de fuego). Los estados con puntuaciones bajas, por supuesto, tienen aún más camino por recorrer.

El informe también revela cuán variada es la libertad a nivel nacional. En lugar de que los estados elijan entre la libertad económica "roja" y la libertad personal "azul", ambas van de hecho de la mano: los estados con puntuaciones altas o bajas en un tipo de libertad tienden a tener puntuaciones altas o bajas en el otro (una correlación sólida de aproximadamente 0,6).

Hawái ofrece el ejemplo más extremo, al ocupar el último lugar tanto en libertad económica como en libertad personal en general; sin embargo, otros 12 estados tienen una puntuación de libertad económica que se encuentra a menos de cinco puestos de la puntuación de libertad personal de ese estado. Mientras tanto, solo 14 estados se ubican en lo que solemos considerar los cuadrantes "republicanos" (alta libertad económica, baja libertad personal) o "demócratas" (alta libertad personal, baja libertad económica), y varios de ellos se encuentran apenas al otro lado de la línea divisoria.

Bajo la superficie, las conexiones se debilitan: de las cuatro categorías económicas, solo la carga fiscal y la libertad laboral están estrechamente correlacionadas, mientras que la vivienda se relaciona débilmente con las otras tres.

En otras palabras, un estado con impuestos bajos y regulaciones laborales flexibles no tiene más probabilidades de permitirte construir la casa que deseas. Entre las seis categorías de libertad personal, solo hay dos conexiones significativas —la libertad educativa se alinea tanto con la libertad de portar armas (0,48) como con la libertad médica (0,42)—, pero la libertad de expresión, la policía y la recreación siguen en su mayoría caminos propios. Y los estados que obtienen peores calificaciones en cuanto a la extralimitación de las fuerzas del orden (confiscación civil, inmunidad calificada, cámaras de vigilancia, etc.) tienden a obtener buenas calificaciones en las libertades de portar armas, educación, profesional y fiscal.

En general, el informe muestra que la mayoría de los estados presentan una variedad diversa de libertades, lo cual desafía una explicación sencilla. De hecho, con frecuencia, el estado que se destaca en un tipo de libertad es mediocre o incluso pésimo en otro.

Tennessee, por ejemplo, ocupa el último lugar tanto en materia de policía como de libertad médica, pero es segundo en libertad de expresión y sexto en política fiscal. Vermont ocupa el segundo lugar en vivienda y el 48.º en libertad recreativa, mientras que su vecino New Hampshire es primero en carga fiscal y libertad médica, pero 46.º en libertad de expresión. Nevada es primero en libertad recreativa, pero se queda muy atrás en vivienda, mientras que su vecino del norte, Idaho, es la imagen especular: primero en vivienda y último en libertad recreativa. En el este, Pensilvania ocupa el segundo lugar en libertad tecnológica y del consumidor, pero el 45 en educación, mientras que Indiana es casi lo opuesto: 48 y sexto, respectivamente. Muchos otros estados reflejan prioridades igualmente divergentes.

Las etiquetas comunes a menudo también pueden llevar a equívocos sobre políticas específicas. Texas, por ejemplo, se gana su reputación de "conservador" al ocupar el octavo lugar en carga fiscal; sin embargo, según cálculos del Instituto Cato, los empleados públicos representan el 11,5 por ciento de la fuerza laboral total no agrícola del estado, la misma proporción que en California (que ocupa el puesto 47 en carga fiscal). Se supone que los salarios mínimos son cosa de los estados "azules", y los 16,90 dólares por hora de California son, de hecho, más altos que los 15,15 dólares de Arizona. Pero si se compara con el ingreso per cápita, la diferencia casi desaparece: el de Arizona es del 38,7 por ciento y el de California, del 40,5 por ciento, mientras que los de los estados "rojos" de Missouri (40,6 por ciento) y Nebraska (38,6 por ciento) ocupan el primer y sexto lugar a nivel nacional. Independientemente de lo que se piense de las nóminas públicas o de las leyes de salario mínimo, no se pueden juzgar solo por las etiquetas partidistas.

El informe del Cato es más que una simple clasificación; es una "guía rápida" tanto para los políticos como para los votantes. Los funcionarios que busquen aumentar la libertad en sus estados pueden usar el informe para identificar las debilidades actuales y obtener ideas de mejora —ideas que ya han sido implementadas por otros estados—. El vínculo entre la libertad humana —tanto económica como personal— y el bienestar individual es fuerte y de larga data.

Para los votantes, la tabla de calificaciones les ayuda a evaluar el liderazgo político y a considerar dónde podrían vivir en el futuro. Salvo por un puñado de casos excepcionales dignos de elogio, evaluar la libertad en un estado requiere una pregunta de seguimiento: ¿Libre para hacer qué? Un graduado que busca ahorrar, un padre que busca escuelas, una emprendedora que persigue sus sueños, alguien cuyos hijos ya se han ido de casa y que construye el hogar de su vida: cada uno tiene prioridades que podrían satisfacerse mejor en una dirección diferente, a veces a solo unas millas de distancia de la actual.

Incluso los funcionarios más a favor de la libertad tienen mucho que mejorar en sus estados, y nada de eso requiere una revolución. Elige la libertad que te importe, encuentra el estado que la promueva mejor y dile a tu legislador o gobernador que adopte la idea. Y si no hacen un cambio, bueno, hay otros 49 estados que podrían hacerlo —si es que aún no lo han hecho.

Este artículo fue publicado originalmente en The Washington Post (Estados Unidos) el 22 de octubre de 2026.