Control de armas: Los políticos repiten sus errores
Por Carlos A. Ball
Pasan los años y las décadas, pero los políticos rehusan aprender. Ahora que la administración Clinton ha gastado miles de millones de dólares bombardeando y destruyendo a Serbia, procederá a gastar varias veces esa suma ocupándola militarmente por tiempo indefinido y reconstruyéndola. Me recuerda la película de Peter Sellers, donde un pequeño principado europeo resuelve declararle la guerra a Estados Unidos para perderla y que su gente pueda vivir en Jauja, financiada por los contribuyentes norteamericanos. El libreto real no es cómico, bastante más complicado, pero es esencialmente el mismo.
Luego de su triunfal viaje a Kosovo, la primera pareja regresa a casa: ella con la vista puesta en la senaduría por el estado de Nueva York (quizá el primer paso de un retorno triunfal a la Casa Blanca como primera mujer presidenta de Estados Unidos) y él a lidiar con el Congreso en asuntos como nuevas leyes para limitar las ventas de armas a la población. Si yo estuviera seguro de poder pasar el resto de mi vida cuidado por eficientes agentes del Servicio Secreto, también pensaría que más nadie debe estar armado. Ya el ex presidente Gerald Ford nos dijo exaltado por televisión que en su casa no hay ni una sola arma. no contando las del Servicio Secreto.
H. L. Mencken, el periodista más genial de este siglo, escribió en 1925 un artículo titulado "Los exaltados vuelven a intentarlo" que cambiando unos pocos nombres podría aparecer en el diario de mañana, relatando el intento de restringir la venta de pistolas: "La nueva ley que apoyan es, sin duda, uno de los ejemplos más absurdos de burradas legislativas que jamás se haya visto. Su único efecto sería exagerar enormemente todos los males que propone eliminar. No quitarían las pistolas a los bandidos sino de las manos de hombres honestos. El pistolero goza de muchas ventajas por todas partes hoy en día. Tiene una artillería en sus bolsillos y puede asumir, al menos en las ciudades, que dos terceras partes de sus víctimas potenciales están desarmadas. Si la propuesta se convierte en ley, podrá estar seguro de que todas ellas estarán desarmadas.
El remedio siempre es el mismo: más leyes. el primer efecto de la promulgación de esa ley, obviamente, sería un drástico aumento de los precios de las armas pequeñas. y esto no es una teoría, tenemos la prueba de ello con el precio de la ginebra. Cuando yo era muchacho no había prohibición de venta de licor, por lo que no me tomé mi primera cerveza sino hasta los casi 19 años de edad. la verdadera víctima de legislar la moral casi siempre es el ciudadano honesto, bien intencionado y respetuoso de las leyes... La Ley Seca imposibilita tomarse un trago barato, decentemente. De la misma manera que la Ley Harrison le dificulta al médico prescribir una narcótico a un paciente, honestamente y con buen motivo.
Pero los borrachos consiguen toda la bebida que quieren y los drogadictos se llenan de morfina y cocaína. De la misma manera, la nueva ley despojaría al ciudadano correcto de las armas que necesita para su protección y se las da a los bandidos."
Mencken se debe estar riendo al ver cómo la mera discusión legislativa ha disparado las ventas de armas en Estados Unidos en lo que va del año 1999. Los políticos siempre creen que promulgando nuevas leyes acaban con los problemas y jamás prevén el daño que sus leyes pueden hacer. Además, ganan votos en las elecciones por todas las leyes que inventaron o apoyaron, cuando harían más por la ciudadanía anulando malas, obsoletas y costosas leyes. Pero jamás los vemos llamando a una rueda de prensa para decirnos que nos van a simplificar la existencia derogando estas leyes y aquellas regulaciones.
El país con más ciudadanos armados es Suiza y también es el país con una de las tasas de criminalidad más bajas. Por otra parte, Canadá lleva años desarmando a su ciudadanía, por lo cual los ladrones prefieren asaltar las casas cuando la familia está dentro, sabiendo que no hay armas, pero sí dinero y joyas. En Estados Unidos, hasta ahora, sucede exactamente lo contrario: el ladrón prefiere escoger una vivienda vacía y por ello proporcionalmente hay menos heridos, muertos y violaciones que en Canadá.
La Ley Seca convirtió a unas pandillas de rateros en las mafias que con el capital amasado vendiendo whisky de contrabando se diversificaron luego en juegos, protección y prostitución. La Guerra contra las Drogas convirtió a unos campesinos colombianos en hombres fabulosamente ricos y poderosos. Y a nadie debe sorprender que los más apasionados defensores de todas esas leyes son los burócratas que ven su presupuesto crecer en la proporción que crece el mismo problema que la ley supuestamente solucionaría. ©
Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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