Contra la ecolatría

Por Lorenzo Bernaldo de Quirós

Junto a los globalófobos y sus compañeros de viaje existe una camada, a menudo aliada con los anteriores, pero con connotaciones propias: el ecologismo radical. El adjetivo se refiere a quienes consideran que el mundo está al borde del Apocalipsis medioambiental, consideran incompatible el crecimiento económico con la preservación del habitat humano y proponen con mayor o menor claridad un retorno a los "felices" años de la prerrevolución industrial. Esta letanía anticapitalista y hostil al progreso de la humanidad ha recibido un duro golpe con la reciente obra de un antiguo miembro de Greenpeace que siguió su propio camino de Damasco al intentar refutar los estudios realizados por Julian Simon, un crítico liberal de las falacias propagadas por el movimiento ecologista. El libro es The Skeptical Environmentalist y su autor, un danés, llamado Bjorn Lomborg. A diferencia de otros textos en su misma dirección, el de Lomborg ha puesto histéricos a los profetas del caos ecológico y ha desencadenado una apasionada y furiosa polémica. La razón no estriba en el ingente material estadístico que aporta sino en que quien lo firma procede de la izquierda. No hay peor cuña que la de la propia madera. Su impacto en los ambientes de la intelligentsia ecologista ha sido similar al de Rebelión en la Granja entre los izquierdistas de los años cuarenta.

Lomborg realiza un acopio de datos que hacen trizas a algunos de los principales tópicos de la vulgata ecologista: los recursos naturales se agotan, el crecimiento de la población va a provocar hambrunas letales, el aire y el agua están cada vez más contaminados, los bosques tropicales desaparecen y un largo catálogo más de tragedias que amenazan la supervivencia del Planeta. En cada caso, el joven científico danés demuestra que esos temores son infundados y que se exageran a propósito para provocar el pánico en la opinión pública, forzar a los gobiernos a adoptar políticas que penalizan la actividad productiva y permitir a los grupos ecologistas obtener fondos de los acomplejados capitalistas. El movimiento verde se ha convertido en una poderosa industria extractiva con una extraordinaria capacidad para sacar dinero a sus víctimas. Pero esta es otra historia.

A lo largo de más de quinientas páginas, el profesor danés muestra que el aire en los países desarrollados está cada vez menos polucionado en lugar de estarlo más; que la amenaza de muerte por inanición en el denominado Tercer Mundo ha descendido de manera dramática porque la producción per cápita de alimentos ha aumentado por encima de lo que lo ha hecho la población; que la amenaza a la biodiversidad es una exageración como también lo es la supuesta amenaza de deforestación... Los ejemplos podrían multiplicarse. Al mismo tiempo, Lomborg realiza una denuncia implacable de la manipulación de las estadísticas realizada por los grupos ecologistas para defender sus causas y describe cómo este hecho se extiende por todo el mundo gracias al apoyo ignorante unas veces, interesado otras, de los medios de comunicación. Por eso, una nube de mandarines del pensamiento único, el estatista, se han lanzado como aves de presa sobre el estadístico danés.

En la práctica, The Skeptical Environmentalist muestra con una claridad meridiana la conexión entre crecimiento económico y mejora del entorno; es decir, el capitalismo es un buen aliado del medio ambiente. Esto no es nuevo ni sorprendente. De Simon a Yardani, así lo habían demostrado un buen número de economistas liberales cuyas conclusiones se rechazaban y/o ignoraban por prejuicio ideológico. Ha tenido que ser un converso a su pesar quien ha hecho patente lo evidente y su "descubrimiento" se ha convertido en un fenómeno de debate mundial. Con todo el respeto, el texto de Lomborg no es tan brillante como los de Simon, carece de su poderosa capacidad de análisis, pero es útil porque viene de las trincheras enemigas, de alguien que a través de la investigación se ha deshecho de una visión del mundo errónea y así se lo ha contado a quien quiere leer su libro o escuchar su voz. El escepticismo de Lomborg es la consecuencia lógica de su choque con la verdad, de su pérdida de fe en los dogmas falsos.

Cualquier ayuda es buena para acabar con los mitos que pueblan la imaginería popular y llevan a que los gobiernos adopten decisiones nefastas. El crecimiento económico, la garantía de los derechos de propiedad y el cumplimiento de los contratos son las mejores opciones para lograr un mundo mejor en el cual el entorno sea un valor a preservar. A quienes deseen seguir la polémica de Lomborg con sus detractores les recomiendo consultar su página web, www.lomborg.com. Se divertirán.