Cómo eliminar las crisis cambiarias

Por Steve H. Hanke

Los bancos centrales de las economías emergentes generan inflación, inestabilidad, corrupción y pobreza. En un mundo racional, la mayoría de estos bancos centrales ya hubieran sido eliminados hace años. Pero gracias a políticos y economistas no vivimos en un mundo racional. Es más, hasta hace poco ellos ignoraban la incriminante evidencia y alababan las glorias de las monedas nacionales producidas por los bancos centrales. Al mismo tiempo, los defensores de los bancos centrales se quejaban de las crisis cambiarias, cada vez más devastadoras en las economías emergentes, en la medida que había mayor libertad para que el capital buscara refugios seguros en el exterior. Todo esto de los bancos centrales tiene la misma lógica de darle gasolina y fósforos a un incendiario y, luego, quejarse del gran incendio.

En enero de 1999, luego de la devaluación brasileña de 40%, el entonces presidente argentino, Carlos Menem, concluyó acertadamente que la mejor manera de eliminar las repercusiones era reemplazando el peso por el dólar. Sin una moneda nacional, Argentina más nunca sufriría una crisis cambiaria. Y aunque Menem no logró dolarizar a la Argentina en 1999, él dejó claro cuál era el problema de los bancos centrales en las economías emergentes.

Felizmente, hay una tendencia a deshacerse de las monedas nacionales. En septiembre de 1999, el marco alemán se convirtió en la moneda legal en Kosovo. Montenegro hizo lo mismo en noviembre. En enero, el recientemente independizado Timor Oriental decidió utilizar el dólar como moneda. Y Ecuador también decidió reemplazar el sucre con el dólar.

Todo esto incrementa la vieja popularidad del dólar. De hecho, casi 70% de los dólares y 35% de los marcos alemanes están fuera de sus países de origen. Ya hay 31 entidades políticas que utilizan oficialmente monedas extranjeras, en lugar de la suya, incluyendo a Liechtenstein, Panamá y Mónaco. De estos, 13 han adoptado el dólar y 10 una moneda europea. Las ocho naciones restantes han escogido otras monedas.

Pero todas estas son naciones pequeñas. El grueso de los dólares que circulan fuera de Estados Unidos son utilizados por ciudadanos de países grandes con basura como monedas. Unos 50 países están en esa situación y el más grande es Rusia, donde circulan 40 mil millones de dólares.

Los estadounidenses se deben sentir felices de que eso suceda. Una mayor demanda por dólares es un buen negocio para la Reserva Federal, la cual imprime papeles verdes a un costo de 4 centavos y recibe a cambio un préstamo libre de intereses por el valor nominal del billete. Esto le produce utilidades de entre 17 y 19 mil millones de dólares al año, equivalente a los ingresos nacionales por aranceles. Y es un ingreso similar al generado por los impuestos de sucesiones.

Panamá y las Islas Vírgenes están entre las 13 entidades políticas que han dolarizado oficialmente. Los beneficios obtenidos son muy superiores al costo del préstamo sin intereses que le hacen a la Reserva Federal. Gozan de poca inflación, tasas de interés mucho más bajas y mayor crecimiento económico del que lograrían con un banco central. Los demás extranjeros con dólares los tienen porque el costo es muy inferior a la inflación de sus tambaleantes monedas nacionales.

El orgullo nacional hace que muchos países mantengan a sus desprestigiados bancos centrales. Pero la competencia del dólar y del marco puede que los haga desaparecer.

Hay actualmente dos proyectos de leyes en las comisiones bancarias del Senado y de la Cámara de Representantes de Estados Unidos que ofrecerían incentivos adicionales a las naciones para que adopten el dólar. Estas medidas harían que la Reserva Federal comparta las ganancias generadas con los países que utilicen dólares. Esta sería una ayuda extranjera que de verdad ayudaría a los extranjeros. Si son promulgadas, podemos contar que muchos otros países se dolarizarán y eso, indudablemente, será de gran beneficio para todos.

Esta nota fue publicada originalmente por la revista Forbes.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
© Todos los derechos reservados. Para mayor información dirigirse a: AIPEnet