Colombia y Venezuela en problemas

por Carlos Ball

Carlos Ball es Periodista venezolano, director de la agencia de prensa AIPE (www.aipenet.com) y académico asociado del Cato Institute.

En comparación con Venezuela, Colombia ha tenido mejores presidentes y gobiernos menos corruptos. Sin embargo, Colombia no parece tener salida, mientras que en Venezuela acaba de surgir la candidatura presidencial de Francisco Arias -hombre serio, culto, sin resentimientos y bien intencionado-, lo cual significa que, gane o pierda las elecciones del 28 de mayo, se están viviendo las últimas semanas de hegemonía chavista. En el próximo período, Venezuela tendrá a un presidente sensato -si gana Arias- o contará al menos con una fuerte y honorable oposición, algo que ha brillado por su ausencia durante varias décadas en el Poder Legislativo venezolano.

Por Carlos A. Ball

En comparación con Venezuela, Colombia ha tenido mejores presidentes y gobiernos menos corruptos. Sin embargo, Colombia no parece tener salida, mientras que en Venezuela acaba de surgir la candidatura presidencial de Francisco Arias -hombre serio, culto, sin resentimientos y bien intencionado-, lo cual significa que, gane o pierda las elecciones del 28 de mayo, se están viviendo las últimas semanas de hegemonía chavista. En el próximo período, Venezuela tendrá a un presidente sensato -si gana Arias- o contará al menos con una fuerte y honorable oposición, algo que ha brillado por su ausencia durante varias décadas en el Poder Legislativo venezolano.

Algunos analistas, como el afamado Francis Fukuyama, creen que la solución para Colombia es la ayuda norteamericana: los 1.300 millones de dólares que la administración Clinton solicitó y que ya la Cámara de Representantes aprobó. Pero la solución no está en convertir a los políticos colombianos en adictos a la ayuda extranjera.  Desde el famoso Plan Marshall se cree que la ayuda de los países ricos o del FMI es remedio milagroso. Y en Washington todas las discusiones políticas sobre Colombia terminan tratando de estimar cuántos helicópteros más se requieren para acabar con la guerrilla.

La guerra de Vietnam se perdió porque tras cada guerrillero comunista preso o muerto aparecían dos más, mientras que en Estados Unidos los políticos mentían y surgía una creciente oposición a esa matanza que parecía interminable y que se convirtió en veneno electoral.

La guerra contra las drogas fracasa ante una simple estadística económica: 500 dólares de cocaína en Colombia se venden en Estados Unidos por 500.000 dólares. Tal margen de utilidad significa que tras cada nuevo prisionero de la guerra (y ya hay un millón de ellos en cárceles americanas) aparecen cinco nuevos narcotraficantes, listos para reemplazarlo.

En Colombia, los adversarios son los guerrilleros más ricos y mejor armados de la historia y ampliamente financiados por los consumidores de drogas de Estados Unidos, quienes pagan por la cocaína y heroína colombiana bastante más de lo que pagan en impuestos al Tío Sam.

Conclusión: los muertos están en Colombia y el jolgorio aquí en Estados Unidos.

Como bien dice Robert Barro, de la Universidad de Harvard: si con más armamento americano, el ejército colombiano logra ganar la guerra, el negocio del narcotráfico simplemente se trasladaría-acompañado de su brazo armado- a Venezuela o al Ecuador, donde pésimos gobiernos ya les han abonado el terreno.

Pero aun así, los 1.300 millones de dólares serían apenas la cuota inicial y pronto veríamos de vuelta en Washington al presidente Pastrana, con el cuento que se requieren 2 o 3 mil millones más para obtener el triunfo definitivo. Entonces, los contribuyentes estadounidenses comenzarían a protestar y toda la izquierda internacional, que durante la guerra de Vietnam condenaba la intervención de Estados Unidos, ahora ampliada, apoyada por multitud de ONGs y generosamente financiada por los europeos, le harían la vida imposible tanto al Pentágono como a las fuerzas armadas colombianas.

Como informara mi colega y amigo Plinio Apuleyo Mendoza, el Departamento de Estado le acaba de quitar la visa a tres generales colombianos retirados, por "terroristas".  Respecto a Colombia, Cuba y América Central, la administración Clinton parece estar a menudo del lado de los comunistas. Y recordemos que Washington no aguanta el plomo graneado de CNN, AP, el New York Times y Hollywood, por lo que estimo que la posibilidad de una victoria militar en Colombia es prácticamente cero.

La única solución para Colombia es legalizar en su territorio la producción y venta de drogas, concentrando todo su poder militar y policial en evitar la venta a menores de edad, como también a castigar delitos cometidos bajo la influencia de narcóticos. Aquel que decide drogarse en su cuarto no es una amenaza pública ni le está haciendo daño a más nadie que a sí mismo. El problema surge cuando los políticos se empeñan en dictar moralidad a los ciudadanos. La moralidad le incumbe a la familia y a las iglesias, no al estado ni a los políticos. Y fue la prohibición la que fomentó las mafias y los carteles megamillonarios, aumentando geométricamente los precios y las ganancias que les permitió comprar la protección de la guerrilla comunista.

Entonces, los políticos americanos sí tendrían verdaderamente que enfrentar el problema del narcotráfico y de la adicción en Estados Unidos. Y no se requiere ser genio para darse cuenta que la despenalización del consumo es la única salida. Habría que invertir una fracción de lo que cuesta la guerra en ayudar a gente enferma a combatir el vicio, castigando duramente tanto la violencia como la venta a menores y vaciando las cárceles de desdichados adictos, como también de los peones y de las mulas del narcotráfico, quienes son los únicos que logran agarrar.©

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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