Coherencia y paz

Alejandro A. Tagliavini indica la falta de coherencia de los políticos cuando proponen garantizar la paz y reducir la violencia mediante el uso de la fuerza policial.

Por Alejandro A. Tagliavini

En su afán de poder, los políticos llegan al punto de que confunden la realidad con su ego y, para justificar esto, lanzan todo tipo de argumentos incoherentes. El famoso “diario de Irigoyen” —las buenas noticias diarias que se creía un presidente argentino mientras el país caía— es un clásico entre los mandatarios de todo el globo. Tomemos, por caso, al presidente Mauricio Macri que ha convencido a muchos con su discurso “pro mercado” —aunque no a los capitales, que no invierten— mientras fortalece sin tregua al Estado a costa del cada vez más pequeño sector privado.

En un reciente discurso dirigido a personal policial mostró el típico nivel de incoherencia y egocentrismo. Dijo que "hemos decidido en esta etapa de la Argentina enfrentar a la violencia y al narcotráfico". Insólito. Me pregunto, ¿cómo hará para reprimir a los narcos si, al mismo tiempo, quiere terminar con la violencia? ¿los reprimirá con flores? Sucede que estos funcionarios creen que su violencia no es violencia sino “defensa del Estado”. Insólito. "Cada muerte… es un llamado a la paz”, finalizó Macri mientras manda a matar a cualquiera que, en su opinión, se “resista a la ley”.

Ya desde Aristóteles, la ciencia metafísica —la que estudia cómo y por qué se mueve el mundo físico— dice que violencia es todo aquello que desvía el curso natural de la vida. Entonces, cuando el Estado decide reprimir a las personas, con la fuerza policial, por el uso de cualquier cosa, está iniciando una violencia que, como dice la metafísica, siempre destruye. Así el egocentrismo de los políticos ha iniciado una “guerra contra las drogas” extremadamente cruel, y dejando un tráfico de drogas muy peligroso en manos de verdaderos capo mafia controlados por policías, jueces y políticos altamente corruptos.

Veamos como destruye la violencia egocéntricamente decidida por el Estado. Según el World Economic Forum el consumo de drogas ilícitas aumentó de 208 millones de personas en 2006 a 246 millones en 2013, en todo el mundo. El cultivo de opio y coca subió 170% entre 2005 y 2013. Demostrando el definitivo fracaso de la atroz “guerra contra las drogas” salvo para políticos, jueces y policías corruptos que se enriquecen notoriamente.

En cambio, en Portugal, desde que fue legalizada en 2001, bajó el consumo y, sobre todo, las muertes relacionadas con las drogas cayeron 80%. En Holanda, donde no se reprimen todas las drogas, “la tasa de criminalidad se reduce cada vez más y, además, tenemos otras técnicas y castigos alternativos que se centran en la reinserción”, explica el gobierno holandés, lo que ha provocado que sus cárceles estén vacías y que las alquilen a otros países.

Llegaron a tener más guardias que presos y eso suponía un gran gasto, mientras en EE.UU. —líder en la criminalización de sus ciudadanos, donde la mitad de los presos están relacionados con drogas— existen cinco presos por cada guardia. Por cierto, las cárceles holandesas tienen canchas de tenis, de baloncesto, baño privado, tv, huerto y heladera.

Noruega es uno de los países que utiliza las cárceles holandesas para evitar el hacinamiento inhumano en sus prisiones, y donde muchos condenados deben esperar a que los llamen para empezar a cumplir sus condenas. Uno de los sistemas es el monitoreo electrónico que se aplica a los presos por delitos menores: pueden permanecer activos, pero localizados, y contribuyendo al crecimiento del país.

Este artículo fue publicado originalmente en La Nación (Costa Rica) el 9 de julio de 2017.