Chile: El Presidente en su laberinto

Por José Piñera

El mejor momento de Ricardo Lagos fue su discurso ante el Congreso Pleno el 21 de Mayo del 2000, a los tres meses de asumir la presidencia de la Republica. Tras leerlo y estudiarlo, escribí entonces una columna sosteniendo que en su discurso "el presidente abrazó el nuevo Chile surgido de la revolución de libre mercado y de las modernizaciones sociales" (7.6.00).

Sin embargo, hace ya tiempo que en América Latina hemos aprendido --muchas veces a golpes-- que una cosa son los discursos de nuestros dirigentes políticos y otra cosa son sus acciones concretas. Por ello hice en ese articulo tres preguntas que considere claves:

a. Cumplirá Lagos su promesa de ser "presidente de todos los chilenos" descartando pagar favores electorales a los grupos de presión clientelistas
b. ¿Será capaz de liderar a su propio sector, o, como Allende, se vera sobrepasado por él, aunque en este caso no esta en peligro la democracia, sino la prosperidad? y
c. ¿Utilizara su innegable capacidad para promover políticas publicas coherentes con la meta de (ampliar los espacios de) libertad?

Las reformas laborales y tributarias probaron que la respuesta a la primera pregunta fue un rotundo "no". Dos reformas que implicaban un claro retroceso para Chile, sus trabajadores y empresarios, fueron aprobadas por razones político-electorales. Motivaciones: darle mas poder a las cúpulas sindicales y conseguir mas gasto publico para conseguir votos. La reforma laboral, al distorsionar el mercado del trabajo, dobló el desempleo en el país, lo cual atemorizó al resto de los trabajadores con la posibilidad de perder sus empleos, y concluyo derrumbando el consumo interno. La reforma tributaria, al romper la promesa de que no habrían mas alzas de impuestos después de una década de incrementos en cada impuesto imaginable, quebró la confianza empresarial y concluyo derrumbando la tasa de inversión (de 28 a 23% del PIB). Mientras no se devuelva a sus establos a estos dos "jinetes del Apocalipsis" --soltados por acuerdos entre la Concertación y Renovación Nacional ya en 1990, y desde entonces cabalgando a rienda suelta en el país-- Chile no volverá a sus tasas de crecimiento históricas. Por supuesto, esta situación no la puede cambiar el Banco Central con sus bajas de tasas de interés, y mucho menos por las minucias anunciadas ayer en pomposa ceremonia. La economía chilena esta empantanada en un "equilibrio de bajo nivel", del cual solo se sale con un golpe de timón que restablezca la confianza en el gobierno (como sucedería en 24 horas con un Sergio De Castro o un Hernán Buchi al ministerio de Hacienda).

La permanente indecisión presidencial entre las distintas vertientes de estatismo dentro de la Concertación responde también negativamente a la segunda pregunta. En mi columna del 2000, concluía que "la gran interrogante es si encontrara el presidente Lagos la salida del laberinto creado por las posturas pasadas, las inercias ideológicas, y las alianzas electorales de la Concertación. Mas que los discursos, lo probaran sus acciones concretas de los próximos meses, y lo que esta en juego es la oportunidad de colocar nuevamente a Chile en la ruta del desarrollo para el 2010". Es un hecho que el presidente sigue en su laberinto, y que los tres gobiernos de la Concertación ya desperdiciaron la oportunidad que recibieron de convertir a Chile en un país desarrollado para el bicentenario.

Mi naturaleza "genéticamente optimista" me impide darle probabilidad cero a la posibilidad de que el presidente experimente en los largos 4 años que le quedan un cambio tipo "San Pablo camino de Damasco", y que así su gobierno no termine en la misma agonía en la que concluyo aquel de su predecesor. Confieso que, mas allá de mi negativa evaluación de su gestión y de mi conocida oposición a toda forma de socialismo, siempre le he extendido a Ricardo Lagos mi amistad cívica e incluso mi aprecio personal (el cual fue consolidado la noche de 1988 en que, en un acto de bajeza incalificable, la publicidad electoral gubernativa lo ataco utilizando a su ex esposa). Pero las cosas claras: sin un verdadero golpe de timón, Chile seguirá cuesta abajo y el gobierno Lagos será solo un "footnote" en la historia de Chile.