Chile: El peligro de la autocomplacencia

Hernán Büchi dice que "Las autoridades hoy tienen razón en estar satisfechas con los números de la economía. Ello no debiera aletargarlas e impedirles hacer el esfuerzo para cumplir su verdadera meta: sentar las bases para un crecimiento elevado y sostenido".

Por Hernán Büchi

La autoridad ha destacado las cifras recientes de la economía chilena. Tiene razón, la evolución es muy positiva. El último Imacec fue de 6,5%. El crecimiento del PIB de los seis meses recién pasados estará en torno al 7%. Más aún, dado lo sucedido en el primer semestre de este año, en marzo de 2011, cuando miremos hacia atrás, veremos que la economía habrá crecido 7% por los 12 meses anteriores. El 8% de desempleo es satisfactorio si lo ponemos en el contexto mundial, y la tasa de inflación acumulada de 2,8%, a la fecha, y la proyección de 3% para el año están dentro de los rangos cómodamente aceptables para el Banco Central.

Pero ¿qué significa todo esto? ¿Se acabó el largo período de deterioro de nuestro progreso, que luego de crecer 7,6% por 12 años cayó a 3,3 % en los últimos doce? ¿Era tan fácil revertir el deterioro de la productividad? Y si es así, ¿qué lo explica? ¿Qué ha hecho el gobierno actual para lograrlo?

Está claro que, en su breve período, el Gobierno no ha adoptado una estrategia que explique este nuevo dinamismo. No ha tenido el tiempo, y el terremoto de febrero y sus secuelas lo han absorbido. El origen de las buenas cifras está, en consecuencia, en otro lado. La base de comparación es determinante. Recordemos que en 2009 la economía cayó 1,5%. Si bien de marzo 2010 a marzo 2011 probablemente creceremos 7%, los 12 meses anteriores caímos 0,6%. Otros países que se están recuperando también han tenido cifras espectaculares. Singapur, que en 2009 cayó 1,3%, espera crecer un 14% el año actual. Nadie proyecta, eso sí, que ello implica un nuevo patrón de crecimiento acelerado para ese país.

Por otra parte, Chile está en el apogeo del ciclo positivo. Muchos países del mundo siguen complicados. Varios en Europa y el mismo EE.UU. no se han recuperado del todo del terremoto financiero de 2008. Sin embargo, otros países, en especial algunos emergentes, están en una situación expectante. Las naciones productoras de materias primas se ven especialmente beneficiadas, como Chile, que ha visto al cobre superar los US$ 4 la libra. Parte de nuestras buenas expectativas y dinamismo está explicada por esta corriente favorable.

Pero no debemos caer en la complacencia. Para relanzar el crecimiento en forma permanente, debemos hacer nuestras tareas. Ello requiere claridad, decisión y buscar acuerdos políticos. El momento puede ser propicio, ya que los distintos sectores tienen esperanzas de seguir o volver al poder y no debieran querer enfrentar ajustes futuros cuando la ola no sea tan favorable.

En esencia, lo que se necesita es favorecer la inversión, el empleo y la productividad, para catapultarlos muy por encima del pasado. El Gobierno ha esbozado su preocupación al respecto, pero está lejos de tener un plan concreto, convincente y en marcha.

Por ejemplo, en los últimos días ha destacado su preocupación por los precios de la energía. En Chile es cara. Pero la estrategia es confusa. Se necesitan proyectos eficientes que produzcan mucho y barato. El verdadero desafío es técnico y de organización. Pero lo menospreciamos y llenamos el proceso de burocracia y de buenos deseos, pero irreales. Las energías no convencionales son muy caras, y su impacto sobre terceros es importante, aunque no lo quieran ver sus promotores.

Son loables la intención y los programas propuestos para hacerles la vida más fácil a las pymes, pero para que sean realmente efectivos, deben ser mucho más profundos y ambiciosos que lo que se perfila de la información conocida.

Es razonable que la sociedad se preocupe de los costos que las labores productivas generan en los demás, pero es imprescindible balancearlos con las mejoras que producen para muchos. El Gobierno no ha abordado el tema con la intensidad necesaria, y mientras no lo haga, el salto al desarrollo se ve difícil.

Las autoridades hoy tienen razón en estar satisfechas con los números de la economía. Ello no debiera aletargarlas e impedirles hacer el esfuerzo para cumplir su verdadera meta: sentar las bases para un crecimiento elevado y sostenido. Desafortunadamente, ese objetivo está lejos de estar asegurado el día de hoy.

Este artículo fue publicado originalmente en El Mercurio (Chile) el 14 de noviembre de 2010.