Centenario de Fidel Castro
Luis de la Barreda sobre el hecho de que una parte importante de la izquierda en el mundo le profesa al líder revolucionario una extraña veneración.
Byron Motley/iStock Editorial / Getty Images Plus via Getty Images
El 13 de agosto se celebró en Cuba el centenario del nacimiento de Fidel Castro. El gobierno de la isla ha venido preparando los festejos con suficiente anticipación. El Partido Comunista, los ministerios de Relaciones, Educación y Cultura, los medios de comunicación, la intelectualidad oficialista y los académicos adeptos al régimen han organizado una celebración apoteósica.
Pero Cuba atraviesa una crisis sistémica severa: apagones masivos de 24 horas, colapso en la recolección de basura y servicios de agua, escasez crítica de alimentos y medicamentos, y dificultades para adquirir productos básicos. La culpa no es de Estados Unidos (ni de Calderón ni de la ultraderecha que en ese país no existe), sino del sistema impuesto por Castro.
Una parte importante de la izquierda en el mundo le profesa al líder revolucionario una extraña veneración. Diarios y revistas, películas y documentales, artículos académicos, canciones y fotografías han creado una hagiografía de Castro. Se valora muy especialmente que su gobierno desafió al del país más poderoso de la tierra, pero se soslaya el desastre económico y humanitario del régimen que implantó.
Sus idólatras prefieren cerrar los ojos ante los miles de fusilamientos de opositores y disidentes, las altísimas penas de prisión tras farsas de juicio a manifestantes pacíficos y defensores de derechos humanos, los campos de concentración (las UMAP, unidades militares de ayuda a la producción, donde se imponía a los recluidos el trabajo agrícola forzado) en los que se confinó a quienes no encajaban en el prototipo de “el hombre nuevo” que la revolución debía generar, la saña inaudita contra los homosexuales, la cancelación de elecciones, los partidos políticos y la prensa libre, la captura del Poder Judicial y el éxodo de más de dos millones de cubanos, entre otras cosas.
Un gobierno es bueno en la medida en que mejore la calidad de vida de los habitantes, respetando en todo momento su dignidad, su proyecto de vida y sus libertades. El régimen impuesto por Fidel Castro ha sido una catástrofe. Quienes en muchos países del mundo defienden al personaje nunca se hubieran ido a vivir a Cuba. Lo han defendido ignorando las cuitas cotidianas de los cubanos.
El retiro de la vía pública de las estatuas de Fidel y el Che Guevara por parte de la alcaldesa Alessandra Rojo de la Vega responde a la convicción de que es inaceptable éticamente rendir cualquier clase de homenaje a los tiranos.
Este artículo fue publicado originalmente en La Aurora (México) el 9 de agosto de 2026.