Carta abierta a la opinión pública del hemisferio

Gustavo Coronel dice que "Venezuela se encuentra hoy al borde de la violencia" y que el responsable es el mandatario venezolano que insiste en permanecer en el poder.

Por Gustavo R. Coronel

Para un número creciente de ciudadanos venezolanos, deseosos de vivir en democracia y libertad, resulta deprimente ver como el presidente de Venezuela se ha convertido en una procaz y circense imitación del dictador Cubano Fidel Castro. Resulta intolerable la entrega que se ha hecho a la Cuba de Castro de inmensos recursos financieros que montan a unos quince mil millones de dólares, recursos que nos pertenecían a todos los venezolanos. Nos resulta asqueante la pasividad de un ejército representado por los generales Gonzalez y Rangel Briceño, hoy utilizado para apuntalar al dictador, en abierta violación de su misión constitucional.

Durante diez años de mando autoritario y sin control el régimen de Hugo Chávez ha recibido ingresos que sobrepasan los setecientos mil millones de dólares, sin haber podido o deseado resolver los problemas estructurales de pobreza, inseguridad, ignorancia y mala salud que aquejan a millones de venezolanos. El régimen ha preferido llevar a cabo una política de dádivas y subsidios que ha dado a muchos venezolanos pobres una sensación temporal de bienestar pero no los ha capacitado para valerse por si mismos. Chávez ha repartido peces pero no ha sabido enseñar a pescar.

Hugo Chávez piensa que sus políticas populistas le acreditan para mantenerse indefinidamente en el poder. No contento con haber permanecido por diez largos años en la presidencia del país y con cuatro años más de gobierno, olvida toda pretensión de democracia para buscar su re-elección indefinida por la via del atajo: una enmienda constitucional ilegal y totalmente divorciada de las raíces profundamente democráticas de nuestro pueblo. En la promoción de esta nueva aventura Hugo Chávez está usando parte de los doce mil millones de dólares ilegalmente sustraídos a las reservas monetarias internacionales del país. Esto representa un crimen y un grave insulto a los venezolanos.

Sobran los argumentos legales y constitucionales en contra de esta insensata propuesta. Es suficiente con decir que este intento de cambiar un contrato social basado en la democracia, la alternabilidad republicana y el respeto a la disidencia política, a fin de convertir a nuestro país en una monarquía tropical, no tendrá legitimidad alguna si aparece “ganadora” por estrecho márgen. No es posible aceptar que se pretenda un cambio radical en nuestra manera democrática de vivir en base a un proceso caracterizado por el ventajismo gubernamental, el cuál pudiera resultar “ganador” por pocos puntos porcentuales. Para que un cambio en nuestro contrato social fuese legítimo deberá ser aprobado por una abrumadora mayoría de los venezolanos, mayoría que Hugo Chávez no posee.

Hugo Chávez debe entender que los venezolanos, a pesar de haber dado muestras de gran paciencia y de muchos deseos de vivir en paz, no aceptaremos de manera sumisa la instauración de una dictadura vitalicia en nuestro país. Ya el someternos a un nuevo evento electoral promovido por su insensato capricho de poder constituye demasiada humillación. Este nuevo intento totalitario representa una abierta incitación a la rebelión popular. Como ya sucedió en Febrero de 1992, cuando Chávez se llenó las manos con sangre de venezolanos inocentes y engañados, también ahora será el principal responsable de la violencia que pueda resultar de esta nueva prueba de fuego para la libertad y la democracia venezolanas. Venezuela se encuentra hoy al borde de la violencia.