¿Camina Europa hacia el mercado?

por Gary S. Becker

Gary S. Becker es Premio Nobel de Economía (1992), profesor de economía de la Universidad de Chicago, académico de Hoover Institution y miembro del consejo asesor del Proyecto de Privatización del Seguro Social del Cato Institute.

El asesinato del asesor de las reformas laborales del gobierno italiano por parte de un grupo terrorista de izquierda y la huelga general convocada por los sindicatos son prueba de que tales reformas provocan profundas emociones. Los sindicatos y el primer ministro Silvio Berlusconi luchan agriamente sobre si los mercados laborales deben o no ser menos rígidos. Los líderes sindicales y muchos de los trabajadores que tienen empleo se oponen a flexibilizarlos, lo cual haría sus puestos menos seguros.

Por Gary S. Becker

El asesinato del asesor de las reformas laborales del gobierno italiano por parte de un grupo terrorista de izquierda y la huelga general convocada por los sindicatos son prueba de que tales reformas provocan profundas emociones. Los sindicatos y el primer ministro Silvio Berlusconi luchan agriamente sobre si los mercados laborales deben o no ser menos rígidos. Los líderes sindicales y muchos de los trabajadores que tienen empleo se oponen a flexibilizarlos, lo cual haría sus puestos menos seguros.

Hasta hace poco, los políticos e intelectuales europeos despreciaban lo que en tono burlón llamaban el modelo anglosajón de competencia y precios flexibles. Pero un cambio grande y silencioso parece estar ocurriendo en la actitud europea hacia la competencia en los mercados laborales y demás mercados. Tal cambio se hizo evidente en la manera como el modelo basado en el mercado dominó la reciente reunión de los líderes de la Unión Europea en Barcelona. Primeros ministros con ideas políticas tan distintas como Tony Blair del Reino Unido, José María Aznar de España, Berlusconi y el canciller alemán Gerhard SchrѶder acordaron que Europa debe tratar de convertirse en la economía más competitiva del mundo en la próxima década. La mayor oposición contra el modelo anglosajón provino de Francia, donde tanto su presidente conservador, Jacques Chirac, como su primer ministro socialista, Lionel Jospin, objetaron muchos de los cambios propuestos.

Los reformistas reaccionaban a los malos resultados económicos de Europa durante los años 90. El desempleo promedió más del 9% entre los miembros continentales de la UE comparado con 5% en Estados Unidos y el Reino Unido. El empleo privado ha crecido mucho más lentamente en Europa, mientras que la productividad laboral ha aumentado el doble de rápido en Estados Unidos que en la Europa continental.

Pienso que los franceses van a unirse a sus vecinos con respecto a la competencia y a la flexibilidad de los mercados. Baso mi optimismo en un artículo que publiqué en 1996 en el periódico francés de izquierda Le Monde. El artículo argumentaba que los patrones de altas tasas de desempleo, larga duración del desempleo, temprana jubilación y muy lento crecimiento del empleo no son inevitables en las economías modernas. Son más bien el resultado de altos impuestos de seguridad social, altas pensiones y demás impuestos a las nóminas, leyes que dificultan los despidos, pagan generosamente a los desempleados y, en Francia, el muy alto salario mínimo. Yo recomendaba reducirle el costo a las empresas en la contratación y despido de personal, reduciendo los impuestos laborales, el salario mínimo y retrasando la jubilación.

El artículo causó réplicas de intelectuales y de economistas viejos que defendían el estatismo europeo en los mercados laborales. Pero después de cinco años de estancamiento en los mercados laborales, ha cambiado la opinión pública europea en apoyo de reformas laborales profundas. Los economistas jóvenes en Francia y en el resto de Europa están de acuerdo en la necesidad de instrumentar reformas drásticas.

Como respuesta a leyes laborales restrictivas, España aumentó mucho el número de trabajadores que se pueden contratar temporalmente. Holanda fomentó el trabajo a medio tiempo, permitiendo también mayor flexibilidad en los salarios y en las decisiones de contratar y despedir personal. La cumbre de Barcelona decidió liberar los mercados laborales a través de menores impuestos a la nómina y más bajos beneficios para los desempleados. También apoyó posponer en cinco años la edad promedio de jubilación, a los 63 años de edad.

En Barcelona se dieron pasos concretos para desregular otros mercados y promover mayor competencia en ellos. Para el año 2004, todas las empresas tendrán libertad de elegir sus suplidores de gas y de energía eléctrica y las familias podrán hacerlo a partir de 2005. En un par de años, los mercados de energía europeos serán más libres que los de Estados Unidos, a menos que nuestros gobiernos, tanto federal como estatales, avancen más rápido en la desregulación. Lamentablemente, el escándalo de Enron está frenando la desregulación eléctrica, mientras que Europa quiere aprovechar las nuevas tecnologías que permiten mayor competencia.

En Barcelona también se adoptaron medidas para aumentar la competencia en los mercados financieros, con el objetivo de lograr su integración dentro de la UE. Inclusive antes de esa reunión se había avanzado en aumentar la competencia a través de las fronteras entre bancos comerciales y de inversión.

Las políticas europeas suelen ser definidas por sus diferencias con las de Estados Unidos, pero sus nuevos líderes se han dado cuenta de la inflexibilidad imperante en sus economías y la presencia de regulaciones que dañan la competencia y el espíritu empresarial. Ellos quieren alcanzar y pasar a Estados Unidos, adoptando políticas que rechazaban y hasta ridiculizaban hace pocos años.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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