Brasil: Por la privatización de los aeropuertos

Por Diogo Costa

El gobierno de Brasil ha intentado culpar a los pilotos, a la economía, a los vuelos sobre-vendidos, a los militares y hasta al calentamiento global de la crisis en el sector de aviación de los últimos diez meses. El reciente accidente aéreo ha sido una de las consecuencias más tristes de esta crisis. Las agencias gubernamentales son muy rápidas en encontrar supuestos culpables, pero demasiado lentas para buscar soluciones. Es muy ingenuo esperar que estas encuentren soluciones sin tener incentivos para hacerlo.

El sector público y el privado responden inversamente ante situaciones de crisis. Mientras la venta de paquetes turísticos disminuyó en 50% al comienzo del año, Infraero, la compañía estatal que controla los aeropuertos brasileños, aumentó su presupuesto en aproximadamente US$500 millones. Ahora que los precios de las acciones de la empresa aérea TAM caen en el mercado, Infraero puede, una vez más, recurrir al gobierno federal para obtener más dinero. ¿Cómo podemos esperar que una empresa estatal que no tiene que preocuparse por quebrar encuentre una solución a un problema del que se está beneficiando?

Esta estructura de incentivos del gobierno no es lógica y es la culpable de la crisis en el sector de aviación. Esta promueve congestionamientos desesperantes en los aeropuertos y una deficiencia operacional que ha cobrado casi 350 vidas. El esfuerzo de las autoridades y de los burócratas ha tenido resultados ridículos. Sus propuestas intentan disminuir los vuelos, ocasionando así que los billetes se vuelvan más caros. Si el problema es que los consumidores no están bien atendidos, la reducción de la oferta de esos servicios no es la solución. Las empresas ven todos los congestionamientos y quieren seguir colocando sus pasajeros en el avión. El gobierno ve el mismo problema y quiere que ellos se queden en casa. En otras palabras, el riesgo de cancelación de vuelos en el futuro se remplaza por la certeza de la cancelación previa por el Estado. Como no se puede solucionar la crisis aérea, el gobierno brasileño piensa que debe ser institucionalizada. Así, los afectados son las mismas víctimas de la crisis: los pasajeros, los hoteles, las agencias de viajes, etc.

Cuando aumenta el número de consumidores, las tiendas no les piden a sus clientes que no compren. Estas traerán más productos, inaugurarán nuevas tiendas y demás. Solamente el sector público exige a sus consumidores que consuman menos, que usen menos agua, menos electricidad, menos aviones. El mercado no se detiene por intimidaciones o restricciones en el consumo porque un aumento de la demanda corresponde a un aumento en las ganancias.

Si los aeropuertos brasileños se rigieran por un sistema de precios, las inversiones serían más dinámicas y efectivas. Como Infarero está sustentada por impuestos, no puede mantenerse al tanto del dinamismo contemporáneo. Un ejemplo práctico es que mientras el número de pasajeros se duplica aproximadamente cada seis años, el Estado brasileño ha reducido las inversiones en el sector aéreo por la mitad. La desmilitarización de la aviación no es suficiente, también es necesario privatizar Infraero. La privatización de los aeropuertos genera inversiones más dinámicas. Por ejemplo, el mismo día que los aeropuertos mexicanos fueron completamente privatizados, sus acciones pasaron a valer de US$21 a más de US$28.

En el sector público los consumidores no pueden revelar sus preferencias a través de los cambios en el precio. Por lo tanto, no hay información disponible para saber con seguridad cuales inversiones tienen prioridad y cuales pueden esperar. Solamente podemos percatarnos del mal uso del dinero cuando llega la crisis y con ella sus tragedias. El dinero que faltaba para las modificaciones necesarias de la pista del aeropuerto de Congoñas rondaba los US$800 millones que el gobierno tiene destinado a obras menos urgentes.

Mejor sería privatizar por separado los aeropuertos y permitir que los nuevos sean construidos por particulares. La competencia entre las aerolíneas crea incentivos para que los aeropuertos menos utilizados atraigan clientes cobrando tasas menores. Es improbable que en un sistema de libre mercado los aeropuertos de São Paulo extrapolen su límite en más de 20%, mientras el Aeropuerto de Galeão, en Rio de Janeiro, opere a 60% de su capacidad. En el mercado, el uso de los recursos se rige por las necesidades de los consumidores, posibilitando así un cálculo económico inteligente. En el sector público, los intereses políticos manejan la economía, creando situaciones económicas artificiales y dificultando la rendición de cuentas de las agencias gubernamentales.

La solución honesta y duradera para el sector aéreo brasileño es sustituir la ineficiencia estatal por el dinamismo del mercado. La privatización de los aeropuertos es una tendencia mundial que provoca resultados más que satisfactorios. Hasta hoy, la privatización de British Airports Authority —la "Infraero" inglesa —en 1987, es un modelo para los más de cien aeropuertos alrededor del mundo que son total y parcialmente privados. Así, es más fácil entender porque el caos no traspasa la barrera nacional cuando se descubre que fuera de Brasil más de 90% de los aeropuertos principales en América Latina han sido privatizados, aunque sea parcialmente. Así como una autopista ofrece mejores condiciones cuando es privada, los aeropuertos privados pueden mejorar la infraestructura de la aviación nacional. Brasil tiene la ventaja de que puede evitar los errores cometidos en otras privatizaciones.

Las desgracias y las congestiones continuarán aterrando a los brasileños mientras la raíz de la crisis no sea atacada: el Estado es incompetente manejando mecanismos sociales complejos. Solamente el mercado puede ofrecer soluciones definitivas. Los brasileños no quieren aeropuertos cada vez más vacíos y nóminas cada vez más grandes. Ellos quieren tener la libertad de volar en aeropuertos seguros, eficientes y que rindan cuentas responsablemente.

Este artículo fue publicado originalmente en O Estado de São Paulo el 20 de julio de 2007.