Brasil alarga la vida a la era de los rescates masivos
Por Ian Vásquez
El colapso espectacular de la economía argentina el año pasado, luego de varios paquetes de "rescate" por parte del Fondo Monetario Internacional, parecía desacreditar finalmente el manejo que el FMI hacía de las crisis financieras. En Rusia, Indonesia y otros países, créditos de emergencia por parte del Fondo fracasaron en evitar la agitación financiera y la acumulación de deuda. Como resultado, el FMI y la administración Bush prometieron manejar las cosas de manera diferente. Sin embargo, las cosas no parecen haber cambiado mucho.
Ese fue el mensaje que envió el FMI este mes cuando accedió dar a Brasil $30.000 millones. El préstamo ha minado la credibilidad de Washington, ha debilitado aún más al sistema financiero global y muy probablemente fracase, tal y como ha sucedido con préstamos anteriores a Brasil. Después de todo fue tan solo hace un año que el Fondo le otorgó a Brasilia $15.000 millones. Ese dinero ya fue gastado. En 1998, el Fondo respaldó otro rescate financiero a Brasil por $41.500 millones. Tres meses después, la moneda del país colapsó. Y como en el resto de los paquetes del FMI, los invercionistas y el gobierno se beneficiaron mientras los pobres asumieron la cuenta.
Hoy en día la economía brasileña está siendo conducida de mejor manera que hace pocos años atrás, instando a George Soros a culpar al mercado por su actual volatilidad y a afirmar que "los problemas de Brasil no pueden ser atribuidos a nada que Brasil haya hecho." Sin embargo, el gran problema de Brasil es doméstico. El país sufre principalmente de la incertidumbre política causada por las posibilidades de que un gobierno populista, cuyas políticas permanecen desconocidas, sea electo en Octubre. Un rescate financiero del FMI no puede cambiar el ambiente político.
Los mercados ya están tomando apuntes sobre esta realidad. El Real brasileño y la bolsa de valores del país comenzaron su caída en menos de 24 horas después del rescate. Moody bajó de categoría a Brasil en la clasificación crediticia luego del anuncio del paquete financiero. El dinero del FMI será usado para mantener a flote la moneda, una medida que en la práctica subsidia la fuga de capitales. Advirtiendo esto, Walter Molano de BCP Securities afirmó que "las probabilidades de un incumplimiento de pago son ahora mayores."
Por otra parte, académicos y burócratas financieros continúan echándole las culpas de la turbulencia brasileña a un contagio por parte de otros países y a inversionistas irracionales. Joseph Stiglitz, antiguo jefe económico del Banco Mundial, proclamó que "Si los mercados entendieran el verdadero estado de la situación en Brasil... Brasil no debería tener dificultades en cumplir sus obligaciones."
¿En verdad? La incertidumbre política brasileña es agravada por su precaria situación económica. El déficit presupuestario del país equivale a un 5% del producto interno bruto, y mucha de su creciente deuda-que actualmente corresponde a un 60% del PIB-todavía es de corto plazo. Brasil posee suficiente dinero para pagar su deuda este año, no obstante los mercados están reaccionando a la inminente posibilidad de que el país no pueda cumplir el próximo año, cuando venzan más pagos.
De hecho, Brasil comenzó el año pasado a apoyar su moneda mediante el incremento de las tasas de interés y la emisión de deuda ligada a la tasa de cambio. Cerca del 90% de los bonos públicos se encuentran actualmente indexados a la inflación, a la tasa de cambio o a las tasas de interés. Esto quiere decir que cualquier bache inesperado en el camino podría rápidamente incrementar la deuda de Brasil a niveles inmanejables. En su reseña de la economía brasileña a principios de año, el FMI advirtió precisamente acerca de este problema. La incertidumbre política se ha convertido en ese bache en el camino que está transformando la situación en una crisis.
Hasta ahora, la administración Bush había estado tratando de alejar al FMI de los rescates financieros, debido a los perversos incentivos que estos crean. Entre otros están el estímulo a inversiones riesgosas y la implementación de políticas poco prudentes por parte de los gobiernos en las economías emergentes. Tal obstáculo puede ser evitado únicamente mediante un compromiso creíble por parte de Washington de no intervenir en las crisis domésticas de los mercados emergentes. Tan solo semanas antes del rescate financiero, el Secretario del Tesoro Paul O'Neill dio la impresión de reforzar ese compromiso, al sugerir públicamente que Brasil no merecía dicho préstamo.
El cambio de política dado por la administración ha eliminado cualquier credibilidad que ésta pudo tener en cuanto a cambiar la doctrina de rescates financieros del FMI. Los inversionistas y gobiernos pueden ser excusados por creer que los rescates están a disposición de Argentina y de otros lugares problemáticos en el futuro. El sistema financiero global ha sido debilitado nuevamente sin que se haya resuelto los problemas fundamentales de Brasil. Soluciones superiores-donde acreedores y prestamistas trabajan en conjunto sin las onerosas intervenciones de terceros-han sido minadas.
Peor que todo, los detractores del mercado han malinterpretado el cambio en las políticas dado por la administración Bush como una vindicación de sus tendencias intervensionistas. Una vez más, el FMI le ha hecho daño a la diseminación del libre mercado. ¿Será necesaria otra crisis en Brasil para ponerle fin de una vez y por todas a la era de los rescates financieros masivos?
Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.