Bolivia: Expectativas frustradas

Oscar Ortiz Antelo indica que "La sucesión de conflictos sociales que está enfrentando el gobierno del presidente Evo Morales, refleja un creciente descontento de la sociedad con su gestión".

Por Oscar Ortiz Antelo

La sucesión de conflictos sociales que está enfrentando el gobierno del presidente Evo Morales, refleja un creciente descontento de la sociedad con su gestión. Peor aun, dado que estos conflictos se han suscitado en regiones y sectores que han constituido la base popular de sus victorias electorales, estos conflictos expresan la frustración que comienzan a sentir los sectores empobrecidos de la población boliviana con un gobierno que no se diferencia sustancialmente de los anteriores en logros de lucha contra la pobreza.

Bolivia y el gobierno del presidente Evo Morales comienzan a sufrir un grave y creciente problema de expectativas frustradas que explota cada vez con mayor frecuencia y menores intervalos de tiempo, frente a los cuales la reacción del gobierno ha sido agresiva, inflexible y poco concertadora. Sin embargo, a diferencia de los conflictos de años anteriores, que se produjeron en los departamentos autonomistas, los conflictos del 2010 se han generado en los departamentos en los que el Movimiento al Socialismo ganó las ultimas elecciones presidenciales, hace tan solo nueve meses, con niveles superiores al 70%.

A pesar de los esfuerzos del gobierno, difícilmente se puede hacer creer a la opinión publica que las recientes expresiones de malestar social que originaron los conflictos de Caranavi y Potosí, tienen origen en conspiraciones de la derecha, USAID o las ONG´s que durante veinte años apoyaron a los movimientos campesinos e indigenistas. Tampoco se puede estigmatizar a sus pobladores como oligarcas o separatistas.

Lo que el gobierno comienza a experimentar, muchos dicen tomando de su propia medicina, es la consecuencia de los problemas estructurales de su forma de gobernar y de su modelo de poder.

En los hechos, desde el inicio del gobierno del MAS, no ha habido gestión publica. Simplemente, la búsqueda del poder total, el trabajo incesante para eliminar la pluralidad política y a cualquier expresión de liderazgo social que le pueda representar una amenaza o competencia en el ejercicio del poder, mediante la utilización asfixiante de la publicidad estatal y la judicialización de la política. Paradójicamente, cuando el gobierno logra el control de los órganos Legislativo, Ejecutivo, Judicial y  Electoral, es cuando los conflictos se le comienzan a descontrolar.

El problema de fondo es que la pobreza y la falta de oportunidades de progreso que sufren 63% de los bolivianos sigue estando ahí. No se la soluciona con la nueva constitución, ni con más leyes y peor aún con más empresas estatales. Tampoco con la plata fácil del narcotráfico, que crece sin cesar impulsando el consumo pero sin solucionar la pobreza estructural.

Lamentablemente, no tengo dudas de que el gobierno no cambiará de rumbo. No le interesa la gestión ni sus resultados. Tampoco la popularidad perdida. La única prioridad es el poder, seguir en el poder y si es posible, el poder total. Es la formula de Chávez y al final para estos gobiernos la alternabilidad democrática no es alternativa.

Este artículo fue publicado originalmente en El Deber (Bolivia) el 25 de agosto de 2010.