Bill Clinton: Agresor

Por Ted Galen Carpenter

La agresión contra Serbia es un acto verdaderamente vergonzoso. Las fuerzas  estadounidenses están atacando a un país que no ha atacado al nuestro ni a un aliado ni a un vecino. Esa es exactamente la definición de agresor.

Belgrado es culpable sólo de tratar de dominar una rebelión separatista interna, en una de sus provincias. Docenas de otras naciones han hecho lo mismo en esta década, a menudo con más derramamiento de sangre. La guerra de los rusos en Chechenya, el conflicto con los rebeldes tamil en Sri Lanka y la supresión turca de los kurdos son ejemplos.

Los voceros de la administración Clinton insisten que el agresor es Serbia, pero eso es torcer el significado de las palabras de una manera que nos recuerda las novelas de George Orwell. La palabra "agresión" tiene un significado específico: atacar sin provocación a través de una frontera. Una nación no puede cometer un acto de agresión en su propio territorio, lo mismo que una persona no puede robarse a sí misma.

El argumento que Serbia ha cometido actos de agresión en Kosovo que justifican la intervención militar de la OTAN no es sólo una distorsión orwelliana sino que deja un peligroso precedente. Es una norma tradicional que sucesos internos de un país, por más tristes y trágicos que sean, no justifican la intervención militar de poderes extranjeros. Sin esa norma, por débil e imperfecta que sea, se abren las compuertas a intervenciones por infinidad de razones y pretextos.

Consideremos las ramificaciones de la intervención de la OTAN en Kosovo. ¿Podrá Rusia  excusar un futuro ataque contra Ucrania en el supuesto maltrato de los habitantes que hablan ruso en Crimea? ¿Podrá China y Pakistán argumentar que la represión por parte de la India en la provincia de Cachemira es una tragedia humanitaria que amenaza la paz en la región y justifica una acción militar conjunta contra el "agresor"?

Desde luego que la administración Clinton argumenta que los sucesos en Kosovo no son realmente un asunto interno serbio porque puede extenderse al sur de los Balcanes. Según tal escenario, el conflicto amenaza la intervención de Albania y Macedonia, como también eventualmente a miembros de la OTAN como Grecia y Turquía. Se trata de una nueva edición de la vieja teoría del dominó.

Pero es curioso, si no nauseabundo, ver al presidente Clinton, al Subsecretario de Estado Strobe Talbott y a otros ex-alumnos del movimiento pacifista contra la guerra en Vietnam presentar tales argumentos. Ellos mismos ridiculizaron la teoría del dominó cuando fue invocada por los presidentes Nixon y Johnson en el sureste asiático. Se burlaron aún más de Ronald Reagan cuando fue aplicada a América Central y al Caribe. Pero de repente es irrefutablemente válida. Al menos, el público se merece una explicación por tan dramática vuelta.

Y Washington está aumentando la posibilidad de que el conflicto se extienda, en lugar de disminuirla. Son los albaneses y no los serbios quienes tienen ambiciones expansionistas en el sur de los Balcanes. Los comandantes del Ejército de Liberación de Kosovo han declarado que su objetivo final es la creación de la Gran Albania, incluyendo partes de Serbia, Macedonia y Grecia.

Al facilitar la separación de Kosovo (y el arreglo de la NATO no es otra cosa que un plan de libertad a plazos para Kosovo), Estados Unidos y sus aliados están reforzando al bando que más probablemente provocará nuevos problemas.

La guerra contra Serbia no tiene justificación estratégica, legal ni moral. Serbia es el cuarto país que Clinton ha bombardeado en los últimos siete meses. Tenemos un gobierno que dispara a la menor provocación y proyecta la imagen de bravucón. Para los estadounidenses decentes es inaceptable una guerra de agresión contra un país que no nos ha hecho daño. 

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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