Azúcar, muestrario de prácticas proteccionistas

Por Ricardo Medina Macías

Subsidios a los productores, aranceles y cuotas de importación, compras forzosas con recursos públicos de los excedentes a precios muy superiores a los del mercado, impuestos…Nombre una práctica proteccionista en contra del libre comercio y seguramente algún país la aplica en el caso del azúcar.

Más del 90 por ciento de la azúcar producida en el mundo suele venderse muy por encima del precio internacional. En el mejor de los casos, no más del 15 por ciento de la producción mundial llega a comerciarse libremente.

Los mecanismos de protección a los productores de azúcar van desde los más rudimentarios y abusivos hasta los más complicados e hipócritas. En algunos países, como Estados Unidos, los cabilderos de “Big Sugar” controlan las comisiones de agricultura de las cámaras legislativas, así como a la inmensa y costosa burocracia del Departamento de Agricultura, mientras que en otros países, como México, el mecanismo de cooptación de legisladores por parte de los productores de azúcar es más “transparente”: los productores tienen asegurados sus escaños en las cámaras, principalmente a través del PRI; constituyen el equivalente a varios distritos electorales, cuyos candidatos tienen asegurado el pase automático al Congreso.

En esta materia vergonzosa —el proteccionismo más descarnado a favor de los productores de azúcar y en detrimento de los consumidores— México tiene el dudoso honor de compartir los primeros lugares con los países desarrollados. Pero el campeón proteccionista es Japón, donde los precios internos han llegado a estar 400 por ciento por encima del precio internacional. A Japón le siguen la Unión Europea, Estados Unidos, México e Indonesia, en ese orden.

Sólo tres países productores y exportadores de azúcar tienen bajos o nulos niveles de proteccionismo comercial: Brasil, Australia y Cuba (una vez que se derrumbó la Unión Soviética y terminaron las ventas forzosas al bloque soviético), y producen alrededor del 17 por ciento del volumen mundial de edulcorantes nutritivos. Y entre los consumidores e importadores de azúcar, apenas unos pocos países juegan “limpio” — sin prácticas proteccionistas— como Hong Kong, Singapur y Malasia.

El abrumador proteccionismo comercial en el caso del azúcar —algo indefendible porque protege a minorías privilegiadas— provoca que los precios “libres”, esa pequeña porción que se comercia sin la distorsión que causa la intromisión oficial, tiendan a bajar, lo que significa que los productores más eficientes sean los más castigados en el comercio mundial.

¿Qué pasaría si, como se ha propuesto desde hace diez años al menos en la Organización Mundial de Comercio se pacta la liberación total de este mercado para todos los países miembros?

Habría millones de ganadores —especialmente en países pobres y en vías de desarrollo— y un puñado de adinerados perdedores, literalmente un puñado, en los países desarrollados de la Unión Europea, en Estados Unidos, en Japón y, en menor grado, en México.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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