Atropello a periodistas en Miami

por Carlos Ball

Carlos Ball es Periodista venezolano, director de la agencia de prensa AIPE (www.aipenet.com) y académico asociado del Cato Institute.

Según varias constituciones latinoamericanas, la libertad de prensa es una graciosa concesión del Estado y el ejercicio del periodismo está regimentado por leyes corporativistas y licencias concedidas por sindicatos que se autodenominan "colegios".

Por Carlos A. Ball

Según varias constituciones latinoamericanas, la libertad de prensa es una graciosa concesión del Estado y el ejercicio del periodismo está regimentado por leyes corporativistas y licencias concedidas por sindicatos que se autodenominan "colegios".

En Estados Unidos, por el contrario, la primera consideración de la Declaración de Derechos redactada por James Madison tiene directamente que ver con la libertad de expresión y el importante concepto de que los individuos gozamos de ciertos derechos naturales, a los cuales no podemos renunciar ni de los cuales podemos ser despojados, y que tales derechos son anteriores a la creación misma del Estado.

La importancia evidente y trascendente de la libertad de prensa se hizo manifiesta por enésima vez en la madrugada del 22 de abril, cuando el fotógrafo Alan Díaz de la Prensa Asociada captó la espantosa imagen del patrullero del Servicio de Inmigración apuntando con un fusil al aterrorizado Elián y a su ángel salvador, Donato Dalrymple.

Si esa fotografía no se hubiera publicado, el mundo entero se habría tragado la mentira de Janet Reno y de Bill Clinton sobre su misión de hacer cumplir el imperio de la ley. Pero en ese día de infamia para Estados Unidos ocurrieron otros hechos que no se pueden pasar por alto ni olvidar ni barrer debajo de la alfombra.

Cerca del fotógrafo Díaz estaban los camarógrafos de Noticias NBC, a quienes los brutales agentes del Departamento de Justicia (sic) amenazaron con dispararles, los golpearon, los tumbaron al suelo y les desconectaron las cámaras y los cables de sonido.

La intención era obvia. Si una sola fotografía hizo que se desplomara la campaña de hipocresías del gobierno federal, imaginemos la explosión geométrica del impacto negativo que hubiera significado la filmación, paso a paso, de los atropellos sufridos esa madrugada por la familia González, cuyo único delito fue darle techo, cariño y protección a un niño que a su madre le costó la vida librarlo del comunismo. Con inusitada entereza y valentía, esa humilde familia cubanoamericana se ha enfrentado a todas las presiones y tropelías del gobierno federal. El contraste entre la Reno y Marisleysis parece cosa de novelas.

Al camarógrafo Tony Zumbado de MSNBC lo fumigaron con gas de pimienta, lo patearon y tuvo que ser hospitalizado. A su compañero encargado del sonido, Gustavo Moller, le dieron culatazos en la cabeza, empujándolo fuera de la casa, hasta la cerca, y allí lo amenazaron con dispararle si se movía.

Evidentemente que el despliegue de armamentos de alta potencia, cascos, botas, visores, guantes, gases lacrimógenos, etc. no se utilizaron sólo para atemorizar e intimidar a una familia compuesta por un hombre, una señora, una muchacha y un niño. Querían evitar que los periodistas documentaran los sucesos a través de videos.

Con la excusa de que se quería proteger emocionalmente a Elián, el abogado personal que Clinton le prestó a Fidel Castro - Gregory Craig - dos días antes exigió por escrito a las televisoras que no filmaran el momento del traspaso físico de la custodia de Elián, ya que el padre del niño se oponía a que las televisoras explotaran de esa manera a su hijo. Es decir, según este famoso y costoso abogado de Washington, el peligro no estaba en una invasión armada antes del amanecer, sino en las cámaras de televisión.

En incontables ocasiones anteriores, los medios de comunicación de Estados Unidos han denunciado y manifestado su apoyo a colegas latinoamericanos que son amenazados, maltratados y atropellados por agentes armados de los gobiernos de sus países. Hoy, como miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa solicito formal y públicamente que nuestra institución investigue los hechos ocurridos y las humillantes violaciones a los derechos de mis colegas Tony Zumbado, Gustavo Moller y otros periodistas cuyos nombres y afiliaciones desconozco. Teniendo la SIP su estupenda nueva sede a poca distancia de donde ocurrieron tan bochornosos sucesos, considero que la Comisión de Libertad de Prensa debe proceder de inmediato a investigar estas denuncias porque si algo no necesitamos en América Latina es que nuestros gobernantes vengan ahora a aprender nuevas tácticas y malas mañas enseñadas desde Washington.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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