Argentina, el costo de la energía barata

Por Martín Krause

Cada vez que se plantea la preocupación por la posible escasez de energía en los próximos meses, el gobierno argentino afirma que no es necesario preocuparse y que esas preocupaciones reflejan en verdad un interés parcial por parte de las empresas generadoras y distribuidoras para que se ajusten sus tarifas. “Esos reclamos disfrazan el único eje real de todo esto: tarifas”.

Si tomamos en cuenta el comportamiento de productores y consumidores, esa afirmación es totalmente cierta, el eje son las tarifas, y el problema es que no reflejan la situación actual de escasez por lo que fomentan comportamientos opuestos a los necesarios en ambos lados del mercado: los consumidores no nos preocupamos de ahorrar energía y los generadores y distribuidores no están motivados a aumentar su oferta. En cualquier mercado, la variable que ajusta esos comportamientos a la realidad son los precios.

El tema no es particular de la Argentina y ha sido tratado por economistas de reconocido prestigio. El premio Nobel de Economía del año 2002, Vernon Smith, recibió el galardón por los desarrollos realizados en lo que se ha llamado “economía experimental”, esto es la simulación de condiciones de mercado bajo diferentes arreglos contractuales y regulatorios para verificar su funcionamiento. Esta metodología permite no solamente demostrar ciertas leyes económicas, sino también poner a prueba propuestas de políticas públicas antes de instrumentarlas, ya que de otra forma queda solamente el mecanismo de “prueba y error”.

Por ejemplo, el gobierno argentino actualmente afirma que el plan energético funciona y no habrá problemas, mientras que varios analistas sostienen lo contrario y advierten sobre problemas futuros. ¿Cuál es la forma de saldar esta discusión? Pues parece que esperar y ver qué pasa.

En su conferencia al recibir el premio Nobel (“Constructivist and Ecological Rationality in Economics”, 8/12/02), Smith pone como ejemplo de fracaso “constructivista” (es decir, la idea de que una mente superracional puede diseñar los procesos sociales a su gusto) la crisis energética en California. Señala que el corazón del problema fue la desregulación del mercado mayorista mientras que los precios al consumidor eran fijos a una tasa por hora que no se modificaba según las temporadas ni tampoco según los distintos momentos del día en que varía el consumo. Se tomaba en cuenta el pasado y tanto reguladores como regulados pensaban en términos de costos e ingresos promedio.

Pero el pasado no es siempre una buena guía del futuro y una combinación de poca lluvia, crecimiento de la demanda, inusual calor, rotura de algunos generadores y tareas normales de mantenimiento ocasionó que los costos durante los picos diarios crecieran mucho y por un tiempo sostenido. El resultado: cortes y pérdidas por 15.000 millones de dólares para las empresas distribuidoras de electricidad.

Según Smith, esta es la antítesis de la función que los precios cumplen, ya que impedían la inversión y la innovación tecnológica para reducir el consumo en las horas pico. Menciona tecnologías que, por ejemplo, se instalarían en las casas y apagarían ciertos equipos en forma automática cuando el precio de la electricidad subiera a un cierto nivel, incentivando a transferir ciertas actividades a los horarios de menor consumo eléctrico. Es decir, la ama de casa se daría cuenta que la plancha ni siquiera se prende a las ocho de la noche en verano pero si a las dos de la tarde.

¿Se puede aprender de los experimentos? Cita uno realizado con Stephen Rassenti y Bart Wilson, en el que demuestran que si se liberan los precios los compradores mayoristas son capaces de disciplinar a los vendedores y lograr precios competitivos.

No obstante, en ausencia de experimentos y de libertad de precios habrá que mirar al cielo, esperar que ayude y experimentar la cruda realidad.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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