APRA deberá buscar un Estado eficiente para reducir la pobreza y la desigualdad en el Perú

Comentario del Instituto Peruano de Economía

Por Instituto Peruano de Economía

Comentario del Instituto Peruano de Economía

El APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana) alista un paquete de medidas para el sur del Perú. Alan García señaló que contempla medidas para los primeros 180 días de su gobierno. Por ejemplo, se dará prioridad al proyecto Sierra Exportadora y se fortalecerá la presencia del Estado como ente promotor en actividades productivas como la agricultura y la ganadería.

Resulto lógico que el APRA se preocupe por las zonas en las que el resultado le fue adverso, aunque no debe olvidar al resto de regiones. Muchos han tratado de explicar los resultados con el nivel de pobreza y han hablado también de desigualdad y exclusión. Estos tres conceptos pueden relacionarse, pero no son lo mismo ni deben ser usados tan alegremente. Se entiende como pobreza a la dificultad o carencia de acceso para cubrir las necesidades básicas y por desigualdad al grado de concentración que puede existir en la distribución de los ingresos (hay mayor desigualdad cuando unos pocos se concentran la mayor parte del ingreso). La exclusión es el proceso de aislamiento de individuos y grupos a participar en la sociedad, y obedece a razones de toda índole. Además tiene varias dimensiones: económica (ingresos, empleo, etc.), social (racial, genero , etc.) y política (poder, representatividad, etc.).

Para medir la desigualdad, se usa el coeficiente de Gini, que va de 0 (menos desigualdad) a 1 (más desigualdad). Así, puede haber menos pobreza y mayor desigualdad (como en el caso de Chile). Pero la desigualdad en el Perú no es nueva ni ha aparecido con la globalización y la tecnología, como afirman quienes se cuelgan del tema para exacerbar ánimos y polarizar a la población. Y esa es la peor forma de tratar el problema, pues genera expectativas difíciles de contener. La exasperación se vuelve contra el gobernante y lo obliga a acciones desesperadas, como las de Evo Morales y la nacionalización boliviana. La integración y la liberalización bien conducidas y apoyadas en reformas han logrado reducir la pobreza y la desigualdad. Así lo enseñan estudios como “ Globalization, growth and poverty; building an inclusive world economy” y el reciente “ Opportunities for all, Perú poverty assessment” del Banco Mundial; o “Efectos de la liberalización sobre la pobreza y la desigualdad” de PNUD-CEPAL. En Perú, la pobreza se ha reducido en 4,8 puntos porcentuales (pp) y la pobreza extrema en 6,1 pp entre 2001 y 2005, según el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), siguiendo una tendencia que viene desde 1993. La desigualdad se redujo 0,43 y es menor a la de la región (0,52). Pero aún falta bastante. ¿Qué hacer? Pues mejorar la redistribución del ingreso y la calidad del gasto, promover la generación del empleo de calidad y atraer inversión privada de todo tamaño. Allí donde las políticas públicas hacen al Estado eficiente, el combate a la pobreza y la desigualdad es más efectivo.