Analfabestismo: Buenas y malas noticias

Por David Boaz

En su informe "El estado de los niños del mundo en 1999", la UNICEF advierte que "casi mil millones de personas, dos terceras partes de ellas mujeres, entrarán al siglo XXI sin poder leer un libro o escribir su nombre".

UNICEF, la agencia de protección de los niños de las Naciones Unidas, informa que los analfabetos "viven una pobreza más desesperada y peor salud" que quienes saben leer y escribir. Esa terrible estadística, mil millones de analfabetos, generó titulares alarmantes en los principales periódicos del mundo.

La indigencia en los países pobres es algo que nos debe preocupar a todos.  Pero como suele suceder, hay más por detrás de estas terribles estadística de lo que UNICEF nos dice. Considere tres elementos.

Los periodistas saben que las malas noticias venden periódicos y mil millones de analfabetos, casi 16% de la población del mundo, es verdaderamente una mala noticia.

Pero la verdadera cifra de UNICEF es 855 millones, lo cual no apareció en la prensa. Sigue siendo una cifra inmensa, pero es 15% menos que mil millones.

Más importante aún, UNICEF no dice si la tendencia del analfabetismo es positiva o negativa, aunque insiste -con pocas pruebas- que el analfabetismo crecerá en el siglo XXI. Si así fuese, resultaría ser un sorprendente vuelco sobre la experiencia del siglo XX.

Según el organismo coligado de UNICEF, la UNESCO, la tasa de analfabetismo en el mundo fue de 30,5% en 1980 y 22,6% en 1995. Es más, la tasa mundial de analfabetismo para los adultos nacidos antes de 1926 era cerca de 75%, reduciéndose a 52% entre aquellos nacidos alrededor de 1948 y 20% entre los nacidos en 1970. Esto indica un notable progreso, que debemos mantener en mente cuando leemos el informe de UNICEF.

Con toda razón, UNICEF mantiene que debemos preocuparnos por el analfabetismo, no sólo por el hecho en sí, sino porque contribuye a la pobreza. "Sin educación, la gente no puede trabajar productivamente, ocuparse de su salud, mantener y proteger tanto a sí mismo como a su familia, o tener una vida enriquecida por la cultura".

Es cierto. Pero la relación entre la educación y el crecimiento económico es complicada. Las capitales del Africa están repletas de gente con títulos universitarios, pero que producen muy poco en sus economías corruptas y estatistas. Europa Occidental, América del Norte y Hong Kong experimentaron un rápido crecimiento económico antes de la diseminación de la educación.  La gente próspera se puede dar el lujo de darle una buena educación a sus hijos.

Los países comunistas parecen lograr buenos índices respecto a enseñar a la gente a leer y escribir, quizá para que absorban la propaganda del partido. Pero sus elevadas tasas de alfabetismo evidentemente que no lograron eliminar la horrible pobreza de los países comunistas.

Por el contrario, la relación entre la libertad económica y la prosperidad es directa. En prácticamente todos los casos, tanto históricos como contemporáneos, mayor libertad económica conduce a mayor crecimiento. En "Libertad económica en el mundo", publicado por Fraser Institute en Vancouver, los economistas James Gwartney y Robert Lawson clasifican 115 países según 17 componentes de libertad económica: moneda estable, libre comercio, derechos de propiedad, bajos impuestos, no reclutamiento militar, seguridad jurídica, etc. Los autores encuentran una estrecha correlación entre libertad económica y PBI per capita. Los países en el tope, es decir, los 23 países con mayor libertad económica, tienen ingresos per capita de 14.829 dólares al año. Aquellos en el segundo quintil tienen ingresos de 12.369 dólares. Después hay una caída rápida: tercer quintil 6.385 dólares; cuarto quintil, 3.057 dólares y en los países menos libres del quinto quintil, el ingreso promedio es de 2,541 dólares al año.

La gran preocupación de UNICEF es sobre este último grupo. Y si quienes trabajan en UNICEF de verdad quieren mejorar las vidas de los niños más pobres en el siglo XXI, deben insistir que esas naciones den libertad económica a sus ciudadanos.

La buena noticia es que los índices de alfabetismo siguen mejorando.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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