Ambiguo euro

por Pedro Schwartz

Pedro Schwartz es Presidente del Tribunal de Defensa de la Competencia de Madrid y Profesor de Economía de la Universidad San Pablo CEU.

Sólo entusiasmo concita el euro en España. Por eso los españoles no aciertan a comprender las razones de quienes, en el Reino Unido, Dinamarca y Suecia, se oponen al abandono de sus monedas nacionales. Ni siquiera entienden bien el por qué de los buenos efectos que la creación del euro ha tenido en las economías periféricas de la UE, especialmente las de Irlanda y España. El euro es una institución compleja, que deberíamos comprender a fondo si queremos evitar sorpresas desagradables.

Por Pedro Schwartz

Sólo entusiasmo concita el euro en España. Por eso los españoles no aciertan a comprender las razones de quienes, en el Reino Unido, Dinamarca y Suecia, se oponen al abandono de sus monedas nacionales. Ni siquiera entienden bien el por qué de los buenos efectos que la creación del euro ha tenido en las economías periféricas de la UE, especialmente las de Irlanda y España. El euro es una institución compleja, que deberíamos comprender a fondo si queremos evitar sorpresas desagradables.

La mejor manera de entrar en este laberinto es por la puerta de la inflación. ¿Por qué se mantiene alta la tasa de inflación de España, sobre todo comparada con las de Francia, Alemania e Italia ? Una pequeña parte de nuestra inflación se debe al 21% de depreciación del euro desde su creación, respecto del dólar y el yen, en especial por su efecto sobre lo que nos cuesta el petróleo. Pero el 68% de nuestros intercambios exteriores (por cuenta corriente) tiene lugar con la UE, por lo que la devaluación del euro desde su nacimiento no influye tanto en los precios como si nuestra moneda fuera  independiente. Pero si el euro sigue cayendo hasta hacer perder la confianza de los inversores, puede dispararse la inflación en el conjunto de Europa.

El rápido creciemiento de la economía española, por encima de la media de la UE, no explica tampoco la inflación que sufrimos. El efecto del crecimiento de una economía sobre los precios es al contrario del que se cree: cuando crece la economía, la demanda de dinero por el público aumenta y se reabsorbe una parte del excesivo dinero creado por el banco emisor. La expansión de la economía española es un síntoma, no una causa, de la inflación, cuyo origen siempre es monetario y cambiario. La inflación no se combate  "enfriando" una economía "recalentada", metáforas que enturbian la comprensión del fenómeno, sino manteniendo el valor de la moneda.

En un reciente almuerzo de los titulados del sevicio del estudios del Banco de España, uno de sus antiguos subdirectores, Pedro Martínez Méndez, señaló con acierto la razón por la que los precios al consumo están subiendo tan de prisa en Irlanda, Portugal y España. Mientras estuvieron en del SME, sus monedas se devaluaron estratégicamente y por tanto su nivel de precios, al entrar en el euro, era artificialmente bajo. El cambio nominal del punto había caído un 13%; el escudo, un 16,34%; la peseta, un 22,5, después de las tres devaluaciones que castigaron al tándem González-Solchaga, por expandir el gasto y mentir sobre el déficit. Ahora que la peseta ya no puede rebotar, el reequilibrio de nuestros precios con los de la UE hace inevitable una inflación temporalmente mayor que la media europea, de lo que no nos libra ni la paz ni la caridad.

Un país relativamente pequeño forzado a devaluar su moneda más de un 20%, cual le ocurrió a la peseta en 1992-93, pronto tendría que haber soportado tipos de interés muy altos, por el recargo que los inversores extranjeros exigen para cubrirse de posibles devaluaciones futuras de una moneda poco fiable. Además, una devaluación sorpresiva de ese tipo no habría corregido el déficit de la balanza de pagos, porque no habría sido acompañada de las necesarias medidas correctoras del gasto.

La bendición de encontrarnos en la unión monetaria es que , tras nuestras devaluaciones y la consolidación de un tipo de cambio artificialmente bajo, los intereses, en vez de aumentar, se redujeron casi al nuvel de Alemania. La infravaloración de peseta y la financiación barata han provocado unos años de extraordinario crecimiento, y además sin déficit exterio. Un país como el nuestro no puede pedir nada mejor que el impulso competitivo de una devaluación acompañada de una reducción de tipos de interés y balanza de pagos equilibrada. Grecia será la próxima en dispararse, según todos los indicios.

Estos efímeros beneficios del euro no militan a su favor. Terminado el efecto " boom" inicial, será necesario que las economías más pequeñas hayan reformado sus estructuras para seguir creciendo en un gran mercado abierto. Es cierto que el euro fuerza a corregir comportamientos poco ortodoxos, pues impone un déficit presupuestario cero y la supresión de barreras a la libre competencia. Esa disciplina es bienvenida para corregir la inclinación demagógica de muchas democracias. El rechazo del tal disciplina explica la resistencia de las capas populares danesas y suecas a entrar en la unión monetaria: temen que el euro ponga en peligro su Estado de bienestar, sus pensiones, medicinas, guarderías, escuelas. Ese miedo me parece desplazado, pues la beneficencia pública puede y debe financiarse, en el nivel que decidan los votantes, con impuestos y tasas, no con déficit, que no es sino un engañabobos.

En el Reino Unido, las razones de la resistencia son diferentes. Una gran mayoría del electorado recela de que el euro, además de fines de estabilidad monetaria y económica, persiga objetivos sobre todo políticos, Temen lo que muchos continentales desean, que el euro sea un instrumento de centralización política, una bandera para el nacionalismo europeo. Ya he dicho que el euro es una institución con muchas dimensiones. Numerosos británicos, preferirían una unidad atlántica que incluyese a los países americanos. También recelan de que la mayoría de escoceses que quieren el euro lo deseen para poder separarse de Inglaterra. Pues eso: la unión monetaria puede acabar en una pelea entre sus miembros, en el enfrentamiento con Estados Unidos y en la disolución de viejos estados nación, lo que a algunos nos alarma.