Alimentos y brujas a la hoguera

Patrick J. Michaels sostiene que "El etanol hace tanto por el clima de hoy como la quema de brujas lo hacía durante la Pequeña Era de Hielo. Un montón de descubrimientos científicos recientes muestran que realmente produce más emisiones de dióxido de carbono en su ciclo de vida que lo que produce quemar gasolina pura".

Por Patrick J. Michaels

Hace algunos cientos de años, en las profundidades de la Pequeña Era de Hielo, las cosechas fallaron y la gente se murió de hambre. Los veranos fríos desaceleraron el crecimiento, las temporadas de crecimiento eran generalmente más breves, posiblemente promoviendo el crecimiento del alucinógeno moho de cornezuelo en los granos pequeños tales como el trigo.

En este mundo contaminado, las autoridades medievales determinaron que las brujas eran la causa del mal clima, entonces las quemaron.

Usted puede cuestionar el razonamiento. Pero, ¿es realmente menos tonto que —nuevamente debido al clima— quememos comida para hacer que nuestros carros conduzcan peor y con más gasolina?

Eso es lo que hace el alcohol 100 por ciento de etilo, hecho de maíz y también conocido como etanol. Tiene menos energía que la gasolina pura, así que los carros pierden una milla o dos por galón quemando esta sustancia. Los autos híbridos, que pueden escatimar en gasolina, pueden perder mucho más porque para empezar suelen ser deficientes en potencia. Quemando 10 por ciento de combustible de etanol, los conductores tienen que apretar con fuerza el acelerador para simplemente arrancar.

El etanol consume mucho maíz. Los “mandatos” actuales de la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA, por sus siglas en inglés) resultan en que un 44 por ciento —o casi la mitad de todo el maíz que utilizamos domésticamente— sea desviado desde los alimentos y el balanceado hacia el etanol.

El etanol hace tanto por el clima de hoy como la quema de brujas lo hacía durante la Pequeña Era de Hielo. Un montón de descubrimientos científicos recientes muestran que realmente produce más emisiones de dióxido de carbono en su ciclo de vida que lo que produce quemar gasolina pura. 

La oposición al etanol es amplia y profunda. La encuestadora respetada Celinda Lake muestra que no le agrada a un 56 por ciento de personas que se identifican como Republicanos ni a una pluralidad de Demócratas e independientes. Por eso es que organizaciones desde Fabricantes Americanos de Combustibles y Petroquímicos hasta el Sindicato de Científicos y Amigos de la Tierra Preocupados, todas han reaccionado firmemente en contra de los mandatos de etanol hecho a base de maíz.

También debería reaccionar así cualquiera que se preocupe por los pobres del mundo. Es cierto que aquí en EE.UU., muchos de nosotros gastamos tan solo una pequeña porción de nuestro ingreso en alimentos. En el mundo en vías de desarrollo, el porcentaje del ingreso que se destina solamente a los alimentos para sobrevivir puede llegar hasta un 80 por ciento.

Lo que estamos haciendo tiene que elevar los precios de los alimentos. Somos la OPEP del maíz, produciendo casi el 40 por ciento de la oferta mundial. Por lo tanto estamos quemando aproximadamente el 18 por ciento del maíz del mundo. Gracias a los subsidios que reciben los productores de etanol, ellos pueden pagar precios altos a los agricultores estadounidenses, aumentando la cantidad de tierra desviada desde el pasto hacia otros cultivos, usualmente granos de soja. Eso significa que otros países cultivan más granos de soja, desplazando su tierra destinada al maíz y restringiendo todavía más la oferta.

Es generalmente tan lucrativo sembrar maíz ahora que los agricultores plantan desde una hilera de vallado hasta la otra. Esto elimina las esquinas sin arar del campo, que atrapan el fertilizante en exceso antes de que este pueda deslizarse hacia un riachuelo que eventualmente fluye hacia el Golfo de México, y por eso ahora hay una “zona muerta” de 6.500 millas cuadradas de extensión alrededor de la boca del Río Mississippi de agua nutrida en exceso. En el este, el etanol contribuye a la degradación de la Bahía de Chesapeake, socavando todavía más su población de cangrejos y ostras.

Para reiterar el punto: el mandato de etanol viene de la EPA. A principios de este mes, el Comité (Republicano) del Senado para la Banca rechazó una ley para detenerlo por un margen de 15 a 7.

La ridiculez es sorprendente. En 2011, científicos de Stanford calcularon que el calentamiento global había reducido el rendimiento global de los cultivos en uno o dos por ciento (Para poner esto en contexto, por favor note que la producción global de alimentos se ha duplicado en 30 años). Lo que esto significa es que estamos quemando más comida de lo que el calentamiento global está llevándose.

Las personas sensatas dirían que lo correcto es parar este sinsentido, pero el lobby de agricultores es poderoso, y el estado alimentado por maíz de Iowa —la capital del etanol en EE.UU.— rechazará a cualquier político que se atreva a decir una palabra en contra de los beneficios que recibe de Washington.

Literalmente, no hay una sola cosa buena de nuestra borrachera con el etanol. Estamos aumentando el hambre mundial, contribuyendo a una mayor emisión de gases de invernadero, y —posiblemente lo más importante de todo— haciendo que nuestros carros conduzcan de manera más sucia. No hay un buen argumento a favor del etanol a base de maíz, es como la brujería.

Este artículo fue publicado originalmente en The Hill (EE.UU.) el 29 de octubre de 2015.