Ajustes y desajustes

Por Roberto Salinas-León

A finales del año pasado se había dado una verdadera paradoja en la relación que guardaban el desempeño económico y el proceso político. Se empezaba a manejar la tesis de una "desvinculación": a pesar de los serios problemas que enfrentaba el panorama de la política mexicana (desafuero, controversias presupuestales, multiplicidad de precandidatos a la Presidencia), los indicadores económicos mostraban su mejor momento en el curso de la administración actual. El mercado bursátil, como nunca; el apetito por nuevos proyectos de inversión, alto y constante, el crecimiento, con sensible recuperación; las reservas, en un nivel histórico; el tipo de cambio, con todo y todo, relativamente estable.

En las palabras del caricaturista Francisco Calderón, parecía en ese entonces que el país requería "no de analistas, sino psicoanalistas". En una sociedad acostumbrada a sufrir serias consecuencias económicas por motivos fundamentalmente políticos, este proceso de aparente desvinculación era verdaderamente sorprendente.

Sin embargo, esta separación entre la economía y el ambiente político ha resultado ser un espejismo -o por lo menos, un episodio meramente aislado. El proceso actual para inhabilitar a Andrés Manuel López Obrador de la eventual contienda presidencial, a través del proceso de desafuero, ha tenido repercusiones muy negativas en las expectativas de los mercados. Las tasas de interés han subido, el mercado bursátil (un barómetro importante de expectativas) se ha ajustado a la baja, el tipo de cambio se ha depreciado (aunque en un modo relativamente estable y ordenado), y las expectativas de nueva inversión ya no son las mismas que hace apenas un par de meses.

Es cierto, como han señalado algunos observadores, que estos ajustes financieros se deben en parte a los ciclos económicos actuales. También tenemos fenómenos similares en los mercados estadounidenses. Sin embargo, sería un error subestimar el impacto en la economía de la turbulencia política actual, sobre todo los riesgos de una descomposición derivados del enfrentamiento entre los pro y los contra el desafuero de López Obrador. El analista Gray Newman, de Morgan Stanley, conocido analista del entorno mexicano, dice con preocupación: "son pocas las veces que he estado tan preocupado por la forma en que se están desarrollando los eventos políticos en México".

Por un lado, hay quienes manifiestan un fuerte descontento que la mera aplicación de la ley sea causa de estos episodios de turbulencia, de esta contaminación financiera, que al final del día golpean a los bolsillos de los productores y los consumidores. Por otro lado, no se puede ignorar que el desafuero obedece a consideraciones que rebasan el plano jurídico, y que esta maniobra daña el desarrollo de las instituciones democráticas -similar en forma, y fondo, a las tácticas que se llegaron a usar en épocas de la dictadura perfecta.

Es, como algunos ya han comentado, un juego de suma negativa. Por ahora, nadie gana, todos perdemos. Al final del día, la política es parte del régimen de inversión. Si hay un deterioro en el primero, tenderá a contaminar la imagen del clima de inversión. Ello, a su vez, se tenderá que reflejar en una depreciación del tipo de cambio -siendo este el fiel espejo de lo que sucede en un régimen de inversión. Por ello, la variable clave a observar en las próximas semanas, hasta días, seré el comportamiento de la paridad peso-dólar. Por ahora no ha mostrado signos de presión más allá del comportamiento cotidiano de un tipo de cambio flotante. Pero el futuro inmediato es, sin duda, incierto -para variar.