Aire caliente en Davos

Por Manuel Suárez-Mier

Como ocurre todos los años por estas fechas, han descendido sobre el poblado alpino de Davos, en Suiza, una enorme cantidad de personajes de la política, negocios, medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales, para tratar los que, según ellos, constituyen los problemas fundamentales que enfrenta la humanidad.

Hay que reconocerle a Klaus Schwab, exprofesor de la Universidad de Ginebra, su enorme talento al crear el Foro Económico Mundial en 1971. En un mundo en el que los compromisos globales de los líderes de gobierno y empresa se han multiplicado en forma exponencial, mantener un evento que atrae a la cantidad y calidad de asistentes como lo hace este Foro, acredita una genialidad notable.

Sospecho que buena parte del éxito de Davos ha consistido en insuflar los egos de personajes de por sí proclives a creerse fuera de serie, y pensar en temas que los hagan sentirse muy satisfechos por sus contribuciones al bienestar de la humanidad, aunque en realidad el logro tangible sea sólo aire caliente.

Uno de los temas centrales este año precisamente tiene que ver con el fenómeno del calentamiento global en el que lamentablemente domina la pseudo-ciencia correcta políticamente, como la que se dedica a publicitar Al Gore, vicepresidente de Estados Unidos por ocho años y frustrado candidato presidencial en el 2000.

Resulta que a esta catastrófica visión, que carece del sustento científico que presume, se han sumado poderosos empresarios como los directivos de General Electric, Alcoa y Lehman Brothers que ahora exigen públicamente al gobierno de EU que imponga límites obligatorios a las emisiones de gases que generan el llamado efecto invernadero en el medio ambiente.

Para analizar la evidencia sobre el calentamiento global el estadístico danés Bjørn Lomborg escribió hace cinco años El Ecologista Escéptico, en el que demuestra en forma persuasiva y con sólido sustento científico que las tajantes conclusiones de los propagandistas ecológicos están viciadas de origen y son completamente erróneas.

Veamos la evidencia aportada por Lomborg en cuatro temas cruciales vinculados al calentamiento global:

  • La ciencia que estudia el clima está llena de incertidumbre, a pesar de los cual se puede concluir que en caso de duplicarse las emisiones de dióxido de carbono del nivel que tuvieron en 2001, el calentamiento de la temperatura sería de entre 1.5° y 2° Celsius al fin del siglo, el nivel más bajo del rango calculado por el Panel Internacional sobre Calentamiento Global (PICG) de la ONU.
  • Lomborg demuestra que de los seis escenarios del volumen de las emisiones de dióxido de carbono presentadas por el PICG, el más probable es el menor y que en el presente siglo el calentamiento global será del nivel apuntado antes, y la temperatura se mantendrá constante en el siglo XXII.
  • El cálculo del beneficio que ubica el ahorro de evitar el calentamiento global en 5 billones (trillion en EU) de dólares, de ninguna forma justifica el costo de las medidas recomendadas por el Protocolo de Kyoto que pueden alcanzar los 33 billones de dólares por el menor crecimiento económico que ocurriría en el mundo de aplicarse puntualmente sus mandatos.
  • La adopción del Protocolo de Kyoto, que limita las emisiones de gases que generan el efecto invernadero en los países hoy industrializados pero no en los que se encuentran en vías de desarrollo, sólo pospone por seis años, a un costo descomunal, el efecto de calentamiento global respecto al que ocurriría en el 2100 de no aplicarse este Tratado.

En materia de cambio climático, podemos esperar mucho aire caliente y numerosas declaraciones catastróficas provenientes del Foro Económico Mundial de Davos, pero poca substancia y menos evidencia empírica y científica que confirme la validez del escenario apocalíptico.