Administración Bush: Haciendo enemigos

Por Doug Bandow

Al-Qaeda está vivo y sigue siendo mortal, como lo demuestran los atentados alrededor del globo en las últimas semanas. Aún así, el presidente George W. Bush continúa obsesionado con Bagdad. En un reciente discurso radial, el mandatario norteamericano declaró que Saddam es un "hombre peligroso." Eso es cierto, pero irrelevante. La administración Bush debe decidir entre enfocarse en la lucha contra el terrorismo y proteger a los estadounidenses, o arriesgar las vidas de éstos al encender al mundo en llamas aún más mediante una guerra innecesaria contra Irak.

El planeta se ha vuelto un lugar muy peligroso. Está la toma mortal de rehenes en Moscú, el sangriento atentado en Bali, los planes para atacar las embajadas estadounidenses en el Sudeste asiático y Europa, el ataque a un carguero de petróleo francés en Yemen y la fallida conspiración contra las instalaciones petroleras saudíes. Soldados estadounidenses son tiroteados en Kuwait mientras que se producen atentados en Filipinas, y se relaciona al francotirador de Washington, DC como un posible agente libre terrorista, a la vez que células de al-Qaeda son arrestadas en Portland y Buffalo.

El director de la CIA, George Tenet advierte que "al-Qaeda se encuentra en una fase de ejecución e intenta atacarnos tanto aquí como en otras partes del globo." Un investigador italiano le dijo a la revista Time que hoy en día los terroristas de al-Qaeda "están mejor organizados que en cualquier momento del año pasado." El odio musulmán hacia Occidente continúa creciendo. Los palestinos e israelíes están en guerra. Los fundamentalistas islámicos lograron victorias importantes en Pakistán.

¿Por qué entonces la administración Bush se concentra en Bagdad? Obviamente Saddam es un monstruo, pero de ninguna manera los turcos tratan de mejor forma a los kurdos que los iraquíes, y las mujeres cristianas reciben un peor trato en Arabia Saudita que en Irak.

Bagdad ha atacado a sus vecinos, pero hoy en día se encuentra contenido y disuadido, además de que es mucho más débil que en 1990. Efectivamente Irak utilizó armas químicas durante la guerra contra Irán y quizás contra los kurdos durante el conflicto civil, pero Saddam usó dicho arsenal únicamente contra adversarios sin defensas. En contraste, Estados Unidos posee miles de cabezas nucleares.

Bagdad está intentando desarrollar una bomba atómica; pero Corea del Norte también ha manifestado estar haciendo lo mismo. El nuevo presidente electo de Brasil ha expresado su interés en poseer armas atómicas. El Pakistán islámico ya tiene arsenal nuclear. Además, Saddam no podría usarlas contra Estados Unidos e Israel sin temer una represalia. Mas aún, se ha hecho la advertencia de que con estas armas podría contener a los norteamericanos de atacarlo.

Pero Washington nunca antes ha tenido la libertad de bombardear a cualquier país en cualquier momento. Una Unión Soviética armada con cabezas nucleares contuvo a Estados Unidos por un largo tiempo.

¿Sería Bagdad capaz de darle armas nucleares a los terroristas? Al-Qaeda no guarda mayor respeto por los dictadores árabes seculares que por las democracias occidentales. Daniel Benjamín, antiguo funcionario del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos, se refirió a Irak y al-Qaeda como "enemigos naturales." Es muy poco probable que Saddam le entregue sus joyas de corona militares a aquellos que están fuera de su control. Especialmente sabiendo que él sería uno de los principales sospechosos—y enfrentaría una represalia devastadora—si los terroristas usaran algún día armas de destrucción masiva contra Estados Unidos.

Si hablamos de armas nucleares perdidas, Pakistán no sólo posee bombas atómicas sino que aparentemente asesoró el programa nuclear de Corea del Norte. También lo hicieron China y Rusia.

Un escenario igualmente aterrador es el que Saddam muy probablemente usará, tanto contra Estados Unidos como Israel, cualquier arma biológica o química que posee si Washington intenta deponerlo. El director Tenet advierte que "si Saddam concluye que un ataque liderado por los norteamericanos no va a poder ser disuadido por más tiempo, muy probablemente estará menos contenido en adoptar acciones terroristas." En resumen, la política de Washington contra la proliferación de armas nucleares más bien promueve su uso.

Además, cualquier guerra desviaría recursos para combatir el resurgimiento de al-Qaeda. El director Tenet señala que "el ambiente de amenaza en que nos encontramos hoy en día es igual de precario que el que teníamos el verano pasado, el verano antes del 11 de septiembre."

Atacar a Irak muy probablemente reduzca la cooperación con los estados árabes y quizás también con los asiáticos y europeos, aún cuando Estados Unidos necesita de su ayuda para acabar con las células terroristas y sus fuentes de financiamiento.

Por otra parte, incluso si el poder del pueblo árabe fuera sobreestimado, las elecciones pakistaníes demuestran el odio musulmán contra Occidente. Expulsar a Saddam pero desestabilizar a Pervez Musharraf sería un mal negocio. Y está el período de posguerra en Irak. Aún cuando una victoria de Estados Unidos provoque bailes en las calles de Bagdad, una ocupación militar permanente de los norteamericanos sería necesaria para mantener unido a ese país artificial. El conflicto entre los separatistas kurdos y chiítas, las riñas con los expatriados, las facciones domésticas, y los países vecinos, como Irán y Turquía, probablemente generen un panorama homicida.

No atacar a Irak equivale a "apaciguamiento" y "cobardía moral", señala Nile Gardiner de la Heritage Foundation. Los críticos de Washington están contra Estados Unidos y "al lado de nuestros enemigos", dice Frank Gaffney del Center for Security Policy. De hecho, oponerse a la peligrosa agresividad de la administración Bush es simplemente tener buen sentido.

No existe un deber más fundamental para un gobierno que el de proteger a su gente de amenazas exteriores. Aún así, el presidente Bush admite que para derrotar a al-Qaeda "tenemos un largo camino por delante." Atacar a Irak hará que esa derrota sea aún más distante.

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.