Uruguay: Nuevos errores en el presupuesto

Hernán Bonilla señala que "La cuestión no es meramente de actitud, ni sobre la potencialidad del país, sino un sencillo análisis de coyuntura. A lo que debe sumarse que es una obligación del gobierno ser cauto porque sus facturas las terminan pagando con nuevos impuestos, inflación y endeudamiento los uruguayos".

Por Hernán Bonilla

En 22 de octubre el equipo económico del gobierno presentó el Presupuesto Nacional ante la comisión correspondiente del Senado luego de su aprobación por parte de la Cámara de Representantes.

Desde que se elaboró hasta la fecha han pasado meses intensos que han cambiado las perspectivas en la región y en nuestro país de las que insólitamente no parece haberse percatado. Esta negación de la realidad es particularmente peligrosa en el contexto en que deberemos movernos y, aunque no le guste al Ministro de Economía y Finanzas —Danilo Astori, genera nuevas y consistentes críticas.

Cuando se presentó el proyecto, ya casi la unanimidad de los economistas lo calificó de muy optimista. La cuestión no es meramente de actitud, ni sobre la potencialidad del país, sino un sencillo análisis de coyuntura. A lo que debe sumarse que es una obligación del gobierno ser cauto porque sus facturas las terminan pagando con nuevos impuestos, inflación y endeudamiento los uruguayos.

La presentación en el Senado debió ser la oportunidad para revisar los supuestos y las estimaciones del gobierno para calibrar la situación y poner al país en una senda fiscal (fundamentalmente) más equilibrada. Astori se ufana de que nunca debió revisar a la baja una estimación de crecimiento. Lamentablemente este año deberá ser la primera vez que lo tendrá que hacer. El 2,5% que estima para 2015 está lejos del que prevé en promedio la encuesta de expectativas del Banco Central que es de 1,8%, de la que, dicho sea de paso, se fueron sacando economistas serios por no comulgar con las ideas del oficialismo.

Cuando se presentó el Presupuesto pasado se previó un déficit fiscal para 2014 de 0,8% del PIB, cuando sabemos que el real fue de 3,5%. Si ese fue el desenlace sin errarle por exceso de optimismo a la estimación de crecimiento, nada bueno puede augurarse para los próximos 5 años.

Lo que ha cambiado desde el armado del Presupuesto al día de hoy no es menor. Brasil ha entrado en una recesión más profunda de la prevista y los datos del PIB de nuestro país han sido peores a los esperados. No parece razonable que ante este panorama se sostenga que las proyecciones de crecimiento de la economía no se verán alterados.

Es cierto que la coyuntura política también juega y la creciente debilidad del presidente y del MEF hacía muy difícil esperar que pudieran cambiar el Presupuesto luego de su pasaje por Diputados. Pero de allí a no reconocer la realidad y seguir actuando como si nada hubiera pasado, hay una diferencia sustancial.

Otra cuestión de fondo es la distancia que media entre el discurso y los hechos. Astori pontifica sobre la importancia de la coherencia entre las distintas políticas económicas y sobre el rol fundamental del ancla fiscal como principal herramienta. A la hora de las decisiones, el problema que tenemos hoy es por la incoherencia de las políticas macroeconómicas del gobierno anterior y por el desastroso manejo fiscal del que fue factótum.

Hoy es casi un hecho que las proyecciones del gobierno son equivocadas para este año y para el siguiente. Qué ocurrirá después, a partir de 2017, es una pregunta para la astróloga Verónica Lavalle. Lo que no genera dudas es que no estamos haciendo lo mejor que podemos y que la suerte no nos sonreirá de la misma forma que en los últimos 12 años.

Este artículo fue publicado originalmente en El País (Uruguay) 23 de octubre de 2015.