Una historia diferente

Por Stephen Davies

En aquellos tiempos en que todavía se fingía que el sistema de escuelas públicas realmente se preocupaba por la educación, una de las principales técnicas de enseñanza era asegurarse que los estudiantes se recordaran de una serie de fechas históricas importantes y su significado. Se pensaba que todo el mundo debía saber por qué fechas como 1492, 1776, 1815 y 1914 valían la pena ser recordadas.

La razón de esto era que esas fechas y los eventos asociados con ellas formaban parte de una compleja narrativa que se pensaba que todas las personas con educación debían entender. Tal comprensión era deseable por que la narrativa explicaba como aspectos importantes del mundo llegaron a suceder y explican al presente. Las fechas identificaban lo que se creía como eventos cruciales, aquellos que tuvieron grandes repercusiones, que moldearon y definieron todo lo que vino después de ellos. Marcaron puntos decisivos o momentos de decisión en la historia.

La naturaleza y el contenido de la narrativa histórica se pueden deducir de las fechas y los eventos a los que se le dieron importancia. Casi todos, con pocas excepciones, involucraron episodios de guerra y revolución, muertes o triunfos de importantes figuras políticas, y eventos que, sin ser de política en sí, tuvieron un impacto trascendental en los acontecimientos políticos (por ejemplo, la expedición de Colón). En otras palabras, el mundo en el que vivimos es visto principalmente como el resultado de la política, de guerras, y de la vida de los gobernantes.

Obviamente hay mucha verdad en esto. En efecto, la política y el poder tienen de manera dramática grandes consecuencias en las vidas de las personas. Sin embargo, el panorama de la historia y de la vida social humana en general que obtenemos de las clásicas listas de fechas importantes es una versión parcial y distorsionada. Otros tipos de narrativa que pueden ser construidos formarían una lista muy diferente. Se pudiera enfatizar el papel que han tenido las ideas y el conocimiento en la vida humana. Desde ese punto de vista 1776 sería memorable no sólo por ser el año de la revolución americana si no también por ser el año de la publicación de La Riqueza de las Naciones. El evento más importante del siglo XVII en la historia de Europa no sería el Tratado de Westphalia en el 1648, si no la publicación de Principia Mathematica de Newton en 1687.

De hecho puedo ir aún más lejos. A lo mejor hay otras fechas asociadas con otros tipos de eventos que de hecho tienen más significado que los que ha marcado la trayectoria del poder político. Quizás el poder no sea el motor fundamental de la historia si no otra cosa. El argumento revelador en este relato alternativo es que las fechas claves son casi desconocidas para el público en general, y el entendimiento de la sociedad humana y la historia que conllevan rara vez es formulado o articulado.

Un ejemplo de este tipo de fecha importante es el 22 de enero de 1970. Ese día despegó el primer vuelo comercial para pasajeros del Boeing 747, el jet jumbo, de Nueva York hacia Londres. Este día fue la culminación de años de trabajo de Boeing y marcó una transformación revolucionaria en la naturaleza del transporte aéreo. Antes de esto, el transporte aéreo era caro y los aviones no podían llevar cargas grandes o un número significante de pasajeros. Aunque el transporte aéreo se había vuelto importante después de grandes avances tecnológicos anteriores a este (especialmente la fabricación de Dakota), todavía no era una parte cotidiana de la vida de muchas personas y por ende tuvo un impacto limitado en la vida humana. El Boeing 747 cambió todo esto y lo hizo en muy poco tiempo. Seis meses después de ese primer vuelo, los 747s ya habían transportado un millón de pasajeros, y después de sólo un año había cien de ellos en operación y el número de pasajeros ya había aumentado a siete millones. Los demás fabricantes rápidamente trataron de entrar al mercado que Boeing había descubierto y así comenzó la era de los grandes jets comerciales y el transporte aéreo en masa.

Podemos comprender el significado de esta fecha si tratamos de imaginarnos cómo sería el mundo si tuviéramos el transporte aéreo de larga distancia limitado que existía en el 1970 y como las tantas cosas que ahora damos por sentado cambiarían o desaparecerían por completo (Esto no es sólo un experimento mental—hay muchas personas abogando a favor de esto). Muchas de las características esenciales del mundo contemporáneo, como el turismo de larga distancia en masa, son un fruto de la revolución que comenzó ese día en 1970. En general, se puede decir que las personas del mundo están mucho más unidas que antes. Los viajes a otras partes del mundo que antes hubiesen sido grandes aventuras ahora son rutinarios. Los negocios y el comercio moderno dependen de lo fácil y bajo en costo que es el transporte aéreo de larga distancia. Para miles de millones de personas el mundo se ha encogido, y el contacto entre diferentes partes del mundo se ha vuelto más simple y barato. Esto ha traído un mayor intercambio cultural e intelectual entre diferentes personas y culturas.

Otra fecha que tendría un lugar importante dentro de esta lista alternativa es el 26 de abril de 1956. Ese día el primer buque portacontenedores zarpó de Newark hacia Houston. Fue la creación de un empresario llamado Malcom McLean. Siendo un joven a cargo de una compañía de transporte terrestre, se percató de que la razón principal por la cual habían retrasos movilizando productos no era el transporte en sí, si no el cambio de un modo de transporte a otro. Su solución fue simple pero brillante, ideó los contenedores metálicos y el buque portacontenedores. Las consecuencias inmediatas fueron dramáticas, reduciendo los gastos en un factor de 35. A la larga el contenedor jugó un papel crucial en la gran oleada de integración económica (mejor conocida como globalización) que ocurrió a finales del siglo XX y contribuyó así a la enorme mejora en los estándares de vida de millones de personas en el mundo. Cien años antes, inventos tales como el ferrocarril, el barco de vapor, el barco congelador y el telégrafo habían guiado la gran transformación económica de la segunda mitad del siglo XIX; que trajo consigo un incremento en los ingresos reales y estándares de vida sin precedente alguno.

Fechas como estas resaltan puntos clave en una narrativa muy diferente de aquella se concentra en el poder y su ejercicio. Esta otra narrativa expone el desarrollo del comercio, las interconexiones entre más y más personas y la mayor parte de las actividades productivas a lo largo de una creciente porción de la superficie del planeta. Ciertos aspectos de este relato son: el descubrimiento de deseos previamente desconocidos, el crecimiento constante de una gama de posibilidades y oportunidades disponibles para personas comunes y corrientes, la gran mejora en las condiciones de vida y el mutuo intercambio de ideas y de expresiones culturales entre varias partes del mundo para enriquecimiento mutuo.

Sin embargo, como esta narrativa no es muy comentada y sus fechas en gran parte no son muy conocidas, por lo general es ignorada. El proceso que resalta y sus respectivos beneficios no son valorados y se asume que son eventos naturales. No obstante, si nos detenemos un momento y pensamos, veríamos el mundo y la trayectoria de la historia humana muy diferente de como la narrativa del poder nos hace verla. Debemos darnos cuenta que lo importante para nuestra vida diaria y para las esperanzas de las personas no es el poder si no la cooperación y el intercambio en paz. No todos acogen esta idea bien. Hay aquellos que desprecian el aumento de la riqueza, lamentan la facilidad con que pueden movilizarse las personas, y deploran la mezcla y el intercambio cultural. Debemos ignorarlos y rechazar su argumento.