Una estrategia privada para Irak

Por Gerald P. O'Driscoll Jr. y Lee Hoskins

Lee Hoskins es académico titular del Pacific Research Institute.

La administración Bush está a punto de perder la paz en Irak. Si es así, será por razones que no tienen relación alguna con la actual reyerta política sobre las razones de la invasión estadounidense. Washington parece comprometido a mantener un modelo económico estilo leninista para la economía de Irak. Tal curso de acción garantizará el fracaso de la política de la administración Bush hacia Irak.

Junto con Corea del Norte, Irak era una de las últimas economías estilo soviético sobrevivientes en el mundo. El gobierno baatista controlaba los "altos comandos" de la economía iraquí. El sector petrolero producía más del 60% del PIB del país y el 95% de sus ingresos en moneda dura. Únicamente la agricultura e industrias de pequeña escala estaban en manos de empresarios privados.

Tratar efectivamente con las vastas reservas petroleras de Irak es el principal reto de la reconstrucción post-Saddam. Las reservas de crudo de la nación son las segundas más grandes del mundo después de las de Arabia Saudita. Sin embargo, Saddam manejó tan mal la economía que tales reservas no se tradujeron en un nivel de vida decente para el pueblo iraquí. Establecer derechos de propiedad privada que cubran los recursos naturales es la llave para abrir la riqueza que de otra forma estaría oculta en dichos recursos.

En Property and Freedom, el distinguido historiador de Harvard, Richard Pipes, hace una crónica de cómo la propiedad privada es la fuente de tanto la libertad política como económica. En nuestro estudio del Cato Institute, "Derechos de Propiedad: La Clave para el Desarrollo Económico", desarrollamos la conexión entre la libertad y la prosperidad. La libertad y prosperidad del pueblo iraquí están en juego.

Supuestamente las autoridades de la administración Bush no están dispuestas ni siquiera a discutir la posibilidad de privatizar el petróleo iraquí. Si la Casa Blanca no establece derechos de propiedad privada en Irak, especialmente en su principal recurso, entonces Estados Unidos habrá librado una guerra para mantener una economía tipo soviético en el Medio Oriente. No pasará mucho tiempo antes de que un dictador sea reemplazado por otro. Las vidas perdidas y el dinero gastado serán por nada.

Los derechos de propiedad privada proveen mecanismos pacíficos para asignar recursos donde reinaría de otra forma la violencia. Al establecer títulos sobre los flujos de ingresos, los derechos de propiedad le permiten a la gente intercambiar dinero por más títulos, o viceversa. La ausencia de derechos de propiedad privada sobre los recursos naturales conduce a guerras civiles. Ese es el caso sin importar si el recurso es el petróleo o diamantes, o si el lugar es Angola y Nigeria, o Liberia y Sierra Leona.

Mantener la propiedad estatal sobre la industria petrolera en Irak garantizará una lucha entre los diferentes grupos étnicos rivales. Triunfar en las urnas electorales le dará control sobre el petróleo al ganador. Las elecciones se convierten literalmente en luchas de vida o muerte. Los perdedores no pueden permitirse aceptar el resultado. De nuevo, ese escenario se ha repetido en África y el Medio Oriente, regiones que cuentan con el 70% de todos los principales conflictos del mundo.

La propiedad estatal de los recursos naturales, junto con profundas diferencias étnicas, constituye una receta para la inestabilidad política y un magro crecimiento económico. El único resultado político estable es una dictadura lo suficientemente poderosa como para imponer el orden y repartir el botín. Eso es precisamente lo que sucedió en Irak, y sirve para explicar la longevidad del régimen de Saddam.

La administración Bush debe desmantelar el sistema de planificación central de Irak. Implementar la democracia sin privatizar la industria petrolera podría hacer la situación más volátil. Destacar 500.000 tropas en Irak durante 50 años no traerá paz bajo esas circunstancias. Si no, pregúntele a los británicos.

Existen numerosos métodos para privatizar empresas estatales en economías de estilo soviético. En Europa del Este, algunos gobiernos distribuyeron bonos intercambiables como acciones de compañías. Ariel Cohen de la Heritage Foundation sostiene que la privatización de la industria petrolera de Rusia, a pesar de lo escabroso que fue dicho proceso, brinda lecciones para Irak. Sin embargo, parece no haber voluntad en la administración Bush para asumir el reto, aún cuando esté en juego nada menos que el éxito de toda su política hacia el Medio Oriente.

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.