Sir John Cowperthwaite: Un tributo personal

Sir John Cowperthwaite, que murió el 21 de Enero del 2006 a la edad de 90 años, fue el Secretario de Finanzas de Hong Kong entre los años de 1961 y 1971. Yo tuve el honor de conocerlo y de aprender de él. Cowperthwaite era un hombre modesto y de principios. Su sabiduría y coraje de convicciones contribuyeron al espectacular ascenso de Hong Kong de la pobreza a la prosperidad. Se lo va a echar de menos.

Por Marian L. Tupy

Sir John Cowperthwaite, que murió el 21 de Enero del 2006 a la edad de 90 años, fue el Secretario de Finanzas de Hong Kong entre los años de 1961 y 1971. Yo tuve el honor de conocerlo y de aprender de él. Cowperthwaite era un hombre modesto y de principios. Su sabiduría y coraje de convicciones contribuyeron al espectacular ascenso de Hong Kong de la pobreza a la prosperidad. Se lo va a echar de menos.

La primera vez que me reuní con Sir John fue en 1999. Siendo un estudiante de postgrado de la Universidad St. Andrews en Escocia, el alma mater de Sir John, estaba empezando a interesarme en el tema de desarrollo económico. Habiendo pasado un tiempo de mi vida en África, yo quería entender las razones por detrás de la riqueza y pobreza de las naciones. Escocia resulto ser un lugar propicio para este tipo de estudio. Después de todo, fue en Escocia que nació la rama liberal de la Ilustración . Los pensadores que iluminaron el camino para la difusión de estas ideas son gigantes de la política y la economía como Adam Ferguson, David Hume, y Adam Smith—el reconocido autor de La riqueza de las Naciones.

Para cuando yo conocí a Sir John, el éxito de Hong Kong ya había sido firmemente establecido. Hong Kong tenía, y sigue teniendo, la economía más libre del mundo, y uno de los mejores triunfos del método de laissez-faire al desarrollo económico. Sir John llegó a Hong Kong en el año 1947. En ese entonces, los habitantes de Hong Kong eran más pobres que los ciudadanos de algunos países Africanos. El territorio era pequeño y no tenía recursos naturales. Muchos economistas, entre ellos Gunnar Myrdal quien obtuvo el Premio Nóbel de Economía, predijo prosperidad en África y un deprimente futuro en Asia.

Sin embargo, al final del siglo XX Hong Kong se había convertido en uno de los territorios más prósperos en el mundo. El economista Angus Maddison calcula que en 1950 los ciudadanos de Hong Kong eran 40 por ciento más pobres en una base per capita que los ciudadanos del país Africano rico en petróleo de Gabón. Para el año 1998, los habitantes de Hong Kong eran cuatro veces más ricos que los gaboneses. En otras palabras, en el largo plazo las políticas de mercado libre de Hong Kong demostraron ser más importantes que la riqueza de recursos naturales de Gabón, o su punto de arranque más avanzado.

En el momento que empecé mis estudios, no sabía que el principal arquitecto de la prosperidad de Hong Kong vivía en la misma calle que yo—apenas a tres casas de distancia. Apenas supe de su paradero, le mandé una carta pidiéndole una cita. Su respuesta afirmativa, como muchos de sus futuros comunicados, vinieron por cortesía del Correo Real. Sir John era un hombre tradicional. Cuando finalmente lo conocí, me pareció ser un hombre modesto pero seguro de si mismo. Mientras que otros administradores coloniales a través del Imperio Británico estaban ocupados adoptando políticas económicas intervencionistas, Sir John rechazó a los socialistas de la época. Altamente influenciado por Adam Smith, Sir John dejó que la economía de Hong Kong creciera sin ser cargada con el peso de una burocracia excesiva. Como él me dijo “Yo vine a Hong Kong y la economía estaba trabajando perfectamente bien. Entonces, la dejé trabajar de esa manera”. Unos 50 años después de haber pisado en Hong Kong, Sir John claramente estaba gozando de ver sus políticas vindicadas.

En la mejor tradición del servicio colonial británico, Sir John hizo pocas declaraciones públicas después de jubilarse, pero estaba entusiasmado de compartir su perspicacia con la siguiente generación de liberales partidarios del mercado libre. Pasamos horas platicando sobre la tasa de impuesto de 16 por ciento en Hong Kong, el ambiente regulador amistoso para con los negocios, la falta de subsidios estatales, las relaciones con el resto del mundo sin tarifas y otras políticas que él promovió mientras que fue Secretario de Finanzas. De todas las políticas que discutimos, una sobresale en mi mente—si por ninguna otra razón porque es contraria a la intuición. Le pregunté que nombrara la singular reforma de la cual estaba más orgulloso. “Yo abolí la colecta de estadísticas”, me contestó. Sir John creía que las estadísticas eran peligrosas, porque les permitían a los ingenieros sociales de toda clase justificar la intervención económica estatal.

En algún momento en nuestra conversación logré irritarlo por sugerir que era principalmente conocido “por no haber hecho nada”. De hecho, él señaló, prohibir que los políticos ingleses intervengan en los asuntos económicos de Hong Kong ocupó mucho de su tiempo. Durante la permanencia de Sir John en Hong Kong, el grupo político elite Británico intentó de imponer su propio achacoso modelo económico socialista sobre las colonias Británicas, incluyendo a Hong Kong. Sir John logró anular todos los semejantes intentos y Hong Kong se benefició como resultado. En el 2004, el Banco Mundial calculó que el ingreso per capita ajustado a la paridad de poder adquisitivo (GNI PPP, por sus siglas en inglés) era de $31, 510. El de Gran Bretaña era de $31,460 en el 2004.

Yo especulo que fue el obviamente exitoso experimento con laissez-faire de Hong Kong que ayudó a templar los nervios de la Dama de Hierro inglesa, la Baronesa Thatcher, mientras preparaba el rescate del estancamiento (socialista) de su alguna-vez-grandioso país. Hong Kong, una colonia, le iluminó el camino a Gran Bretaña, la patria. Además, el éxito de Hong Kong fue de vital importancia en convencer al Partido Comunista Chino de que el socialismo era el callejón sin salida histórico. Los países capitalistas lideran mejor cuando lideran con el ejemplo, y ¿qué mejor ejemplo para una sociedad de más de mil millones de personas que una isla de libertad y prosperidad en sus propias narices? El convertir a Hong Kong en un ejemplo digno para que China lo emule—eso, creo que es el más grande legado de Sir John.

¿Y qué hay de Sir John, el hombre? Un relato, creo que lo dice todo. Como un funcionario de alto mando, Sir John fue presentado con una suma de dinero originaria de impuestos para mejorar su residencia en Hong Kong. Él la rechazó. Me dijo que no podía aceptar un subsidio residencial ya que eso era un privilegio negado a otros residentes de la colonia. En su conducta personal, tal como en sus políticas económicas, Sir John estableció el estándar para futuras generaciones de oficiales públicos.

Traducido por Peter Lamport para Cato Institute.