Sen elogia a Hayek

Por Pedro Schwartz

No puede imaginarse dos Premios Nobel de Economía más distantes que Amartya Sen y Friedrich Hayek. Examinan el comportamiento humano y conciben el bien común de forma radicalmente distinta.

Sen se ha especializado en el estudio de la “elección social”, buscando analizar la racionalidad de las decisiones colectivas, detallando el contenido positivo de las libertades individuales, e intentando medir y corregir las desigualdades sociales.

En cambio Hayek dedicó su vida a explicar la “evolución social espontánea”, señalando la incapacidad de la razón humana para planificar la vida social, definiendo la libertad como defensa contra la violencia y la coacción, y mostrando la justicia social como un concepto vacío.

El 21 de septiembre de 2004, Amartya Sen celebró en el diario Financial Times de Londres el sesenta aniversario de la publicación por Hayek de “Camino de servidumbre”, un año antes de acabar la Segunda Guerra Mundial, el libro en el que avisaba del peligro que corrían las libertades bajo un sistema socialista de planificación racional. Como alumno que fui de ambos (y como admirador muy crítico de Sen y menos crítico de Hayek), quiero señalar con piedra blanca este homenaje al viejo maestro austriaco por quien declara tener unas ideas económicas y políticas muy distintas.

Tres son las razones por las que Sen quiere celebrar “Camino de servidumbre”. La primera y más importante es que Hayek juzga todas las instituciones por su contribución a la libertad humana. El mercado tiene que ser apreciado no solamente porque es un motor de prosperidad (que es lo que la mayoría de los economistas han destacado), sino sobre todo porque fomenta y garantiza la libertad individual.

La segunda razón del elogio de Sen es que Hayek no rechaza de raíz el Estado de Bienestar. Acepta que las democracias creen una red de salvamento para quienes no tengan las capacidades necesarias para funcionar en el mercado, versión mínima aceptable si la apoyan todos los ciudadanos.

La tercera es una razón que Sen denomina “psicológica”: se trata del peligro de conceder poderes administrativos ilimitados a los planificadores socialistas porque necesariamente caerán en la corrupción política y económica. En palabras de Hayek, “el socialismo sólo puede ponerse en práctica con métodos que la mayoría de los socialistas desaprueban”. Con todos sus defectos y en la medida en que es competitivo, el mercado limita automáticamente el albedrío de los poderosos. Para Sen, Hayek acierta, en suma, al pedir que se tome en consideración la psicología administrativa y la tendencia a la corrupción antes de decidir qué debe o no debe hacer el Estado. Quedaría yo muy contento si políticos y ciudadanos aprendiesen esta sencilla lección.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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