Precios y petróleo

Por Manuel F. Ayau Cordón

No hay tal conspiración. El precio del petróleo ha subido porque China ha pujado su precio para conseguirlo. Entre tanto, el aumento de la oferta que causaría una baja en el precio no ocurre, a pesar de las atractivas utilidades, porque la producción ha sido reprimida por políticos presionados por exigencias de ecologistas o ideológicas. No han permitido extraer petróleo en el norte de Alaska ni en las costas de Estados Unidos y han obstaculizado la construcción de nuevas refinerías.

En México, como otros países que socializaron el petróleo, su producción merma a pesar de su enorme potencial de gas y petróleo, y no permiten a nadie más que al gobierno (Pemex) que lo explote. Como el perro del hortelano, no cuenta con los recursos para hacerlo ni deja que otros lo hagan.

En Venezuela, Chávez ha logrado mermar la producción en 30%. Y así, muchos gobiernos y los políticos que disponen de los recursos de sus países impiden el aumento de la oferta. Brasil, en cambio, liberó la producción privada y ahora es exportador neto de petróleo.

Todos sabemos que los precios son consecuencia de dos pujas: de quienes desean comprar y de quienes desean vender. Tanto quien compra como quien vende compite, ya que nada es infinitamente abundante y no alcanza para todos. De alguna manera todo hay que racionarlo. Cuando los gobiernos ponen precios tope, les toca sólo a los que llegan primero a la cola. También se puede racionar al azar, rifando. En ocasiones, los gobiernos racionan utilizando tarjetas y deciden a quienes les toca y a quienes no. Las tarjetas, los puestos en cola o el premio de la rifa suelen venderse después en el mercado negro, a quienes de todos modos hubiesen pagado más en el mercado.

También los precios de mercado son un método de racionamiento. Usuarios pujan los precios para arriba para excluir usos de menor prioridad. Vendedores pujan precios para abajo para excluir a otros que sólo venderían a un precio más alto. He aquí una paradoja: pujan precios para arriba quienes compran y para abajo quienes venden. Y la tendencia siempre es a que haya un solo precio para igual mercadería (en iguales condiciones de calidad y accesibilidad) porque nadie le compraría a quien vende más caro si sabe que otro le vende más barato y nadie vendería más barato si sabe que otros venden más caro.

El comprador marginal es quien no compraría si el precio fuera más alto. El vendedor más eficiente baja su precio para excluir a productores marginales, pero sólo hasta donde dejará de ganar. Cada rebaja para incluir a más compradores aumenta el beneficio de los compradores que están dispuestos a pagar más. Así resulta que son los vendedores marginales y los compradores marginales quienes determinan los precios, de tal forma que los recursos se destinan acorde a las prioridades de la sociedad.

La señal de que la gente quiere más petróleo es que su precio sube, aumentando las ganancias de los productores existentes y, en consecuencia, si ese precio más alto no se impide, atraerá a otros productores que dejarán de hacer otras cosas menos urgentes, por lo que entonces bajará el precio.

Al fin de cuentas, quienes resultan más afectados por la intervención en el mercado de políticos y ecologistas son los más pobres, quienes pagarán más por la gasolina.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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