Nunca dejes que una crisis te gane la partida

Carlos Rodríguez Braun reseña el libro Nunca dejes que la crisis te gane la partida de Philip Mirowski. Rodríguez Braun considera que "Para un libro centrado en la crisis, su análisis es deficiente: todo fue producto del mercado y sus defensores, que son prácticamente todos, de Bernanke a Shiller pasando por Greenspan, Summers, Rubin, Rogoff, el FMI, Davos, el BM, Chicago, los economistas corruptos pagados por las petroleras, otros delirios conspirativos, y lo que usted quiera".

Por Carlos Rodríguez Braun

Desde la dedicatoria hayekiana (“a los neoliberales de todos los partidos”) este libro pretende demostrar que no estamos rodeados de intervencionistas sino de malvados “neoliberales” que causaron la crisis y no han sufrido castigo alguno. Un apreciable desatino. Asegura el profesor Mirowski (Michigan, 1951) que quien manda en el mundo es la Sociedad Mont Pèlerin, que es la que infunde criterios liberales a los gobernantes. Para que usted se oriente, entre los españoles miembros de esa sociedad están Jesús Huerta de Soto, Pedro Schwartz, que ahora la preside, y yo mismo. ¿Cómo alguien puede pensar seriamente que los gobiernos de izquierdas o derechas han aplicado nuestras ideas liberales que propician menos impuestos, menos gasto público, menos deuda pública y más mercado, cuando han hecho exactamente lo contrario? Pues bien, para Philip Mirowski la cultura dominante emana de Hayek y “vivimos en una época esencialmente neoliberal”.

Hay tópicos caros a la izquierda, como el odio al rico, al parecer único beneficiario de la libertad, el desprecio al emprendedor, el disparate de que mandan las empresas y no los Estados, el consabido invento del “desmantelamiento del Estado del Bienestar” o la “deconstrucción de las estructuras reguladoras”. Y al final los neoliberales son nazis, que eran precisamente antiliberales y socialistas.

Hablando de socialistas, también describe Mirowski al neoliberalismo con características típicas del socialismo, como que reprime a la gente, pretende “imponer la forma ideal de sociedad”, o cree que “los individuos son simples proyectos evanescentes…el pueblo es un trozo de arcilla sin rasgos distintivos para ser moldeado por el carismático experto... sembrar la ignorancia entre la población... aceptación pasiva en el pueblo llano... suplantar a nuestros propios padre y madre... los ciudadanos deben olvidarse de sus derechos”.

Al final no se salva nadie: los movimientos como Occupy Wall Street o el 15-M le parecen copiados del liberalismo, condena a Facebook y al Comercio Justo, y proclama que Krugman y Stiglitz son sólo “nominalmente de izquierdas”. Sus propias recomendaciones son vagas: “proyectos políticos orientados a la mejora del género humano... planificar racionalmente objetivos sociales”. Y mucho más gasto público, claro. La única referencia a lo que pasa cuando se aplica el socialismo es el dislate de que la crisis es al liberalismo lo que la caída del Muro de Berlín fue al comunismo, una cómoda excusa que evita entrar en detalles sobre lo que sucede cuando el liberalismo es extirpado.

Para un libro centrado en la crisis, su análisis es deficiente: todo fue producto del mercado y sus defensores, que son prácticamente todos, de Bernanke a Shiller pasando por Greenspan, Summers, Rubin, Rogoff, el FMI, Davos, el BM, Chicago, los economistas corruptos pagados por las petroleras, otros delirios conspirativos, y lo que usted quiera. Bueno, lo que usted quiera no: no hay ninguna reflexión sobre el socialismo, que indefinidamente propugna, ni la menor teoría sobre el Estado, como si no tuviera nada que ver son lo que pasa, o como si fuera un mero títere de los bancos (la burguesía, diría Marx).

Es tan patente que el neoliberalismo no tiene nada que ver con el liberalismo de toda la vida que el propio Mirowski lo admite, con lo cual hay que concluir que si el Estado se contrae es por culpa del neoliberalismo, pero si se expande... también. En fin.

La traducción, al menos, es buena, aunque la traductora no es economista y por ello comete errores obvios, como traducir “opción pública” por public choice, que afean su trabajo y que habrían sido fácilmente abordables mediante una revisión profesional.

Este artículo fue publicado originalmente en El Mundo (España) el 10 de octubre de 2014.