Los juguetes chinos retirados del mercado no justifican una guerra comercial con China

Por David Crane

Entre los grupos proteccionistas hay mucha algarabía por las barbies y otros juguetes chinos retirados del mercado, encima de los problemas con otros productos chinos, que van desde las pastas de diente hasta la comida para mascotas.

La esperanza de ellos es que una etiqueta que diga “Hecho en China” pueda ser convertida en una mancha negra que conducirá a que un gran número de consumidores eviten por completo los productos chinos. Al mismo tiempo, se está llevando a cabo una campaña para requerir costosas inspecciones a los productos chinos para desalentar de esa manera la importación de tales productos.

Este bombardeo anti-China se siente más en EE.UU., en donde el proteccionismo xenofóbico está más enraizado. Solo observe la paranoia diaria en el show de Lou Dobbs en CNN, un programa en el que “extranjero” es una mala palabra.

De muchas maneras esto es similar a los ataques a Japón que se dieron en los 1980s. Eso fue cuando, por ejemplo, los carros japoneses fueron golpeados con hachas en el patio del congreso estadounidense, con algunos políticos estadounidenses aplaudiendo mientras observaban aquello.

Afortunadamente, cuando el Primer Ministro Stephen Harper, el presidente estadounidense George W. Bush y el presidente mexicano Felipe Calderón se reunieron en Montebello durante la reciente cumbre, ellos adoptaron una actitud más moderada.

Mientras que declararon su intención de hacer respetar los existentes estándares de seguridad para los alimentos y productos por todos los países de alrededor del mundo, lo cual uno esperaría que ellos lo hagan en cualquier situación, ellos “trabajarían con nuestros socios comerciales fuera de EE.UU. utilizando un método científico de evaluación de riesgo para identificar y evitar que alimentos y productos no seguros ingresen a nuestros países”.

Como los tres líderes lo indicaron, el objetivo es ayudar a China y a otros países a mejorar sus estándares e inspecciones “mientras que se facilita el considerable comercio de los productos que nuestros países ya tienen sin imponer barreras comerciales innecesarias”.

Por su parte, los chinos ya están haciendo cambios importantes. Ellos han cancelado las licencias de exportación para ciertas empresas, introdujeron una etiqueta de certificación para los alimentos exportados que garantiza que estos han pasado evaluaciones de calidad, y han establecido un equipo de alto rango, liderado por el Vice-Premier chino Wu Yi para lidiar con la seguridad de los alimentos y los productos.

Mientras tanto, el grupo comercial chino, la Asociación de Juguetes Chinos, han pedido que sus miembros firmen una promesa pública para mejorar la seguridad de sus productos.

Los problemas de seguridad en los alimentos y productos no están, por supuesto, limitados a China. Considere que a lo largo de las últimas décadas millones de carros fueron retirados del mercado en Norteamérica porque estos no eran seguros, o considere el número de productos farmacéuticos y eléctricos que han tenido que ser retirados de los mercados.

Más recientemente, Sony y Matsushita, dos importantes empresas japonesas, han sido forzadas a reemplazar millones de baterías en sus computadoras portátiles y en sus celulares porque no eran seguras.

Lo que podemos esperar es que los chinos aprenderán de sus experiencias, no solo por el bien de sus exportaciones sino también porque su propia población está sufriendo aún más por culpa de los productos y alimentos no seguros. Esto es lo que sucedió en Japón y Corea del Sur, mientras que estos países inicialmente producían productos de poca calidad (acuérdese de los primeros carros japoneses y coreanos vendidos aquí) pero rápidamente se adaptaron para mejorar la calidad y los estándares.

Ahora les toca a los chinos adoptar una estrategia similar si quieren triunfar en el mercado global.

Mientras que países como Canadá deben insistir por la seguridad en los alimentos y productos, y las empresas estadounidenses utilizando a China para producción deben imponer sus propios sistemas de inspección, también podemos ayudar a China y a otros países con economía de mercado emergentes para que mejoren sus propios sistemas para la seguridad de los alimentos y los productos.

Lo que deberíamos evitar es utilizar los problemas de China como una excusa para iniciar una guerra comercial anti-China.

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