Los intentos de "caridad" del Club de Paris

Por Patricia Adams

Los líderes del mundo occidental, a través de su Club de París, acordaron un acto de caridad el sábado pasado: ellos acordaron perdonar el 80% de su porción de la deuda de $120 mil millones que tiene Iraq.

La Asamblea Nacional Interina en Iraq respondió el lunes con una ovación de pie—al oponerse a la resolución del Club de París. “Nosotros no queremos su caridad” declararon en la reunión los miembros de la asamblea, la cual fue transmitida en vivo en las televisoras Al Irakia y Al Sharkia. “Queremos nuestros derechos y un estado de derecho. Las deudas de Saddam son deudas odiosas. Esas no son las deudas del pueblo iraquí”.

La ovación de pie siguió a la presentación de una recomendación—basada en una doctrina de derecho internacional conocida como la Doctrina de las Deudas Odiosas—que el Comité Económico y Financiero de la asamblea ha estado elaborando durante semanas. Describió la posición que el gobierno interino va a tomar en relación con el pago de la deuda y cumplió mucho más, también: Tuvo eco en el pueblo iraquí, el cual descubrió en vivo y en directo que la repugnancia que ellos sienten en pagar las deudas de Saddam están fundamentadas en el derecho. Tal como lo dijo un iraquí en una encuesta realizada el año pasado por Jubilee Iraq, una organización para aliviar las deudas, “Cuando Saddam ejecutaba a la gente, él solía cobrarle a las familias por las balas utilizadas—esto es precisamente lo que los países acreedores que financiaron a Saddam están pidiéndole hoy en día a los iraquíes”.

El documento, mostrado el lunes antes de la Asamblea, declaraba: “Hay un fuerte fundamento en principios y en precedentes jurídicos internacionales para definir estas deudas como “odiosas” y, por lo tanto, no exigibles legalmente. Esta doctrina jurídica de deuda odiosa fue formulada en 1920 por el ex ministro ruso Alexander Sack, mientras trabajaba como profesor de derecho en la Universidad Sorbona de París. Él publicó los trabajos más extensos e importantes en el tratamiento de deudas gubernamentales ante el evento de un cambio de régimen. Él definió una deuda odiosa de esta forma: “Si un régimen despótico adquiere deudas no para cubrir las necesidades o para los intereses de un estado sino, en lugar de eso, para fortalecerse a si mismo, reprimir a la población que lucha contra ese régimen, etc, esa deuda es odiosa para la población de ese estado”. Y él continua: ‘Los acreedores han cometido un acto hostil contra la gente. Por lo tanto, ellos no pueden esperar que una nación liberada de un poder despótico asuma aquellas deudas ‘odiosas’... consecuentemente, la deuda... expira con la caída del régimen”.

El documento presentado a la asamblea iraquí describe numerosos ejemplos de pasados repudios a deudas odiosas, incluyendo la de EE.UU. en nombre de Cuba después de la guerra entre España y EE.UU. en 1898, y la de Gran Bretaña después de la Guerra Boer. “Los ejemplos más claros de precedentes legales son, en primer lugar, el Tratado de Versalles en 1919, el cual establecía que Polonia no era responsable de pagar los prestamos alemanes que financiaron la compra de tierra en Polonia por los colonialistas alemanes. En segundo lugar, Costa Rica aprobó una ley repudiando las deudas del anterior tirano Federico Tinoco con el Banco Real de Canadá. Gran Bretaña pidió un arbitraje por un juez de la Corte Suprema de EE.UU.”. Su juicio encontró que el nuevo gobierno no podía ser responsable por los fondos gastados por el tirano para propósitos personales.

La Asamblea Nacional Iraquí estima que el 95% de las deudas acumuladas por el régimen de Saddam son odiosas y propone un arreglo general sobre esa base, en gran parte por razones pragmáticas. Sin embargo, si los acreedores insisten en que se les pague, la asamblea iraquí usaría los procedimientos existentes de arbitraje de la ONU, bajo los cuales ambos lados nominan una porción de los árbitros en un panel de arbitraje y luego los árbitros nominados seleccionan el balance del panel. Luego, la responsabilidad sería de los acreedores en demostrar que el dinero prestado a Saddam fue, de hecho, utilizado para el beneficio de los iraquíes y no para los propósitos personales de Saddam.

La estrategia iraquí para el pago de la deuda, en el caso que tenga que hacerlo, tiene profundas implicaciones para las finanzas internacionales. Actualmente, los asuntos relacionados con la reestructuración de deudas son resueltas informalmente y a puertas cerradas en el Club de París, un grupo conformado por los gobiernos prestamistas occidentales. Ahí los prestamistas tratan todos los préstamos como legítimos y exigibles y después deciden entre ellos cuales prestamos serán perdonados y cuales reestructurados . A diferencia del proceso formal de arbitraje que Irak quiere, y en el cual se podría examinar la legitimidad de las deudas, en el proceso del Club de París los deudores no tienen el derecho de refutar los cobros hechos por los prestamistas. Estos procesos benefician a los gobiernos y a las agencias gubernamentales que realizan prestamos cuestionables a tipos como un Saddam, un Marcos y un Castro, permitiéndoles mantenerse en el poder, pero no benefician a las poblaciones cautivas en estos regímenes dictatoriales.

Para desvirtuar la declaración de la asamblea iraquí con relación a las deudas odiosas, y evitar que se ponga en duda su facultad de prestar a gobiernos cuestionables, los miembros del Club de París se apresuraron a establecer su programa de condonación de deuda antes del establecimiento de un gobierno democrático iraquí en las próximas elecciones de enero. Esta táctica no funcionó.

El documento que la asamblea iraquí suscribió es claro: “Esta Asamblea Nacional tiene la responsabilidad con el pueblo iraquí de proteger sus actuales y futuros intereses... Estos intereses están amenazados por el cartel de acreedores del Club de París, el cual se rehúsa a aceptar que algunas de las deudas son ilegitimas, y están intentando que Irak firme, antes de fin de año, un acuerdo para pagar una porción significativa de la deuda odiosa. Hay una fuerte base en los principios y precedentes jurídicos internacionales para definir estas deudas como ‘odiosas’ y, por lo tanto, no exigibles legalmente”.

Traducido por Nicolás López para Cato Institute.