Los especuladores

Por Gabriela Calderón de Burgos

Guayaquil, Ecuador—Los especuladores suelen ser catalogados como enemigos públicos. La especulación en sí es una actividad que, según lo que vemos y leemos en los medios, debe ser por lo menos regulada o incluso hasta prohibida. De acuerdo nuestras autoridades, la especulación merece que se despachen armadas de “inspectores” para “detectarla” y ponerle fin.

El economista austriaco Ludwig von Mises decía que toda acción conlleva riesgos y lo constante es la incertidumbre, por ende, “Los capitalistas, los terratenientes y los trabajadores, todos ellos, por fuerza, son especuladores. El consumidor también especula, al prever anticipadamente sus futuras necesidades”.1

Usted que me está leyendo seguramente ha especulado últimamente. ¿Compró una casa apostando a que esta va a ganar plusvalía? ¿Paga mensualmente por un seguro médico o automovilístico que tal vez nunca necesite? ¿Compró más arroz de lo normal porque cree que el precio va a ser más alto la próxima semana? Yo sí acepto que especulo constantemente, y le aconsejo que lo haga.

Personas como Gustavo Terán del Movimiento Popular Democrático (MPD) que llaman al saqueo2 porque asumen que todos los distribuidores de alimentos son especuladores/conspiradores de “mala fe”, no entienden que eliminar la especulación es técnicamente imposible, y aún si no lo fuera, no es deseable. Tampoco parecen entender que la mayoría de las personas son como usted y yo: tratamos de vender más a un mayor precio mientras que a la vez queremos comprar más a menor precio.

Pero los especuladores son catalogados como los villanos de la película hasta en la nación supuestamente más capitalista, EE.UU., donde la semana pasada una de diez propuestas legislativas que intentan controlar la especulación en cuanto al petróleo fue aprobada con una votación de 402 a favor y 19 en contra. En el caso del petróleo, la revista The Economist explicó la semana pasada que “A pesar de su pésima reputación los especuladores del petróleo desempeñan una función vital. Ellos ayudan a que las aerolíneas y otros grandes consumidores de petróleo se adapten a las alzas de precios y también a reducir los riesgos—un gran beneficio en medio de una tormenta económica”. Además, decía la revista, si los especuladores de alguna manera hubiesen logrado empujar el precio a alturas sin justificación, la demanda se contraería, y las reservas de petróleo aumentarían. Eso no está sucediendo.3

Los especuladores ayudan a que las señales de los precios (por ejemplo, “compre ahora que está barato” o “produzca más que el precio va a subir”) se vuelvan más evidentes. “Ese especular, siempre en busca del lucro, es la fuerza que mueve al mercado y la que impulsa la producción”, decía Mises.4 No es mera coincidencia que la producción arrocera del Ecuador exceda la demanda nacional, ya que los arroceros estaban especulando que iban a poder vender en Colombia y Perú a por lo menos $45 el quintal.

Volviendo al petróleo, los especuladores también les proveen una ganancia a futuro segura a los productores de este bien, lo cual a su vez les permite expandir sus operaciones con más confianza y conseguir capital a una tasa más baja. Todo eso, hace que el precio del petróleo baje a largo plazo.

Sí es mala la especulación que se hace con información privilegiada, como parece ser el caso de lo expuesto en los “Pativideos”. Gobernar o legislar asumiendo que toda especulación es mala, solo dificulta la vida al resto de personas como usted y yo que solo queremos mejorar nuestro bienestar.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo(Ecuador) el 9 de julio de 2008.

Referencias:

1. Mises, Ludwig von. La acción humana. Unión Editorial, 4ta. Edición, 1986.

2. Terán, Gustavo. Entrevista con Andrés Carrión en Canal UNO. Disponible en: http://www.libremente.org/?p=643.

3. “Don’t Blame The Speculators”. The Economist. 3 de julio de 2007. Disponible en: http://www.economist.com/opinion/displayStory.cfm?source=hptextfeature&story_id=11670357.

4. Ibid., Mises.