Las dimensiones de la pobreza

Manuel Hinds comenta las conclusiones acerca de los factores que hay que contemplar para eliminar la pobreza del reporte del grupo británico del Partido Conservador, Justicia Social, y las relaciona a la realidad salvadoreña.

Por Manuel Hinds

La pobreza se manifiesta económicamente como la incapacidad de generar los ingresos necesarios para cubrir las necesidades esenciales de los seres humanos. Es, sin embargo, un fenómeno terriblemente complejo que trasciende la economía, y por bastante, en sus orígenes y en las dimensiones que hay que contemplar para eliminarla. El Grupo de Justicia Social, una organización británica asociada con el Partido Conservador, presentó a fines de 2006 un diagnóstico de la pobreza en el Reino Unido que, a pesar de las diferencias en el grado de desarrollo que hay entre este país y El Salvador, es relevante para nuestro país.

El reporte identifica cinco rutas que llevan a la pobreza: la rotura de la familia (disolución, falta de funcionalidad y falta de padre); la falta de educación; dependencia económica del estado; endeudamiento excesivo y adicciones. Estas rutas interactúan entre ellas para volver peores los problemas en cada una de las dimensiones. Aunque el mundo de la pobreza en el Reino Unido es obviamente diferente del de El Salvador, es fácil establecer la correspondencia que existe entre sus dimensiones y las que identifican a la pobreza salvadoreña. La rotura de la familia tiene una exacta correspondencia en El Salvador, aunque su impacto sea más aún más grande aquí que allá. La falta de educación es también mucho mayor aquí que allá. La dependencia económica del estado no existe aquí porque el estado no proporciona ayuda directa a los pobres, pero dicha dependencia se desarrolla allá como una manifestación de algo que existe aquí: la actitud de desesperanza y el abandono de los esfuerzos para mejorarse a sí mismos que son característicos de los pobres en todo el mundo. El endeudamiento excesivo de los pobres no existe en El Salvador tampoco. Aquí los pobres no reciben crédito. Pero lo que evidencia el problema del crédito en el Reino Unidos—la incapacidad de pagar los gastos más indispensables con los ingresos corrientes—es también una característica de la pobreza en todo el mundo. En el Reino Unido, los pobres tratan de compensar esta incapacidad tomando dinero prestado que no podrán pagar; en El Salvador, los pobres simplemente dejan de consumir ciertos bienes indispensables. Las adicciones son problemas comunes en todo el mundo entre los pobres, o entre gente que a raíz de ellas se volverán pobres.

Lo importante del informe británico no es sólo la identificación de estas dimensiones sino también su confirmación de lo encontrado por otros estudios en términos de la complejidad de la pobreza, que no es sólo la falta de recursos para llenar las necesidades básicas de una manera sostenible sino el resultado de una dinámica interacción de varios factores, cada uno de los cuales trabaja para mantener o aumentar la pobreza si se mejora sólo uno de estos factores. El ejemplo más dramático es cómo las enormes transferencias de subsidio que hace el gobierno británico a los pobres—que podría esperarse que eliminara la pobreza—termina generando una dependencia que se convierte en una adicción y en un obstáculo enorme para la eliminación de la pobreza. En vista de esta complejidad, el informe concluye que el gobierno sólo no puede resolver el problema de la pobreza. La pobreza no puede erradicarse sin la dimensión humana que viene con el contacto personal. Es decir, la sociedad tiene que involucrarse, no puede sólo delegar el problema al gobierno.

Esta conclusión se aplica todavía más a El Salvador que al Reino Unido. La participación ciudadana en la solución de los problemas sociales es muchísimo más alta allá (y en todos los países desarrollados) que en El Salvador. En esta columna hemos hablado varias veces de la forma en la que en el siglo XIX las sociedades ahora desarrolladas resolvieron sus problemas sociales más apremiantes y entraron al desarrollo a través de asociaciones de ciudadanos que combatieron el alcoholismo, mejoraron y construyeron viviendas y obras comunales para los pobres y atendieron enfermos en los hospitales. Esto fue así en el Reino Unido y en Suecia, en Suiza y en Estados Unidos, en Noruega y en Canadá, etc., etc. En realidad, esta participación es una de las marcas del desarrollo. La diferencia puede verse en todo el mundo en desarrollo, incluido El Salvador, en donde si uno ve a alguien ayudando, no sólo con dinero sino con su trabajo, a aliviar la pobreza a probabilidad de que esta persona provenga de un país desarrollado es más alta que la de que sea local.

Esta participación, que es indispensable, debe comenzar por un despertar del interés ciudadano en el problema de la pobreza, en sus manifestaciones, en las maneras realistas de derrotarla y en el progreso que estamos haciendo en eliminarla. Esto debe generar una auditoria ciudadana de la manera en la que se está tratando el tema de la pobreza y una coordinación de las actividades del gobierno y de los ciudadanos en este tema.

Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 11 de julio de 2008.