La verdad "helada" acerca de Groenlandia

Por Patrick J. Michaels

La dirigente del congreso estadounidense Nancy Pelosi recientemente regresó de Groenlandia, donde, entre otras cosas, ella dice que “vio evidencia con sus propios ojos de que el cambio climático es una realidad”. Suficientemente cierto, pero la dama dirigente no vio.

Nuevo satélites nos dicen que Groenlandia —en gran parte el sur de Groenlandia— está desechando hielo a una tasa de 25 millas cúbicas al año. Si Groenlandia perdió gran parte de su hielo, los niveles del mar subirían por 20 pies más o menos. Groenlandia es seguramente la masa de hielo más grande en el hemisferio norte, con cerca de 10 por ciento del total mundial.

El volumen total de hielo de Groenlandia es de 680.000 millas cúbicas y está perdiendo cuatro décimas de miles de su hielo anualmente. Calcule los números. Eso resulta en una perdida de 0,4 por ciento de su masa total cada siglo.

No importa que el más reciente estudio de Groenlandia indique que aún esta velocidad lentísima puede que se haya disminuido. Pelosi está siendo víctima de la falacia común de que un pequeño calentamiento adicional de Groenlandia resultará en un diluvio bíblico en cualquier momento.

Groenlandia más caliente por 50 años

Aquel es la imagen de terror que ha causado la histeria. ¿Qué tan bien se sostiene ante los datos?

Los datos del Centro de Información de Clima Nacional de EE.UU. muestran que las temperaturas en Groenlandia durante la última década son difícilmente distintas cuando son comparadas con aquellas temperaturas de los últimos 100 años. El periodo entre 1915 y 1965 —un medio siglo— fueron alrededor de dos grados más calientes de lo que son hoy.

¿Dónde, en ese tiempo, estuvo la catástrofe? Con la excepción de pocos geógrafos, nadie se dio cuenta. ¿Dónde estuvo la aceleración el aumento del nivel del mar? No hubo aceleración alguna. En 1948, Hans van Ahlmann publicó un estudio en el Journal of the Royal Geographical Society comentando acerca de la perdida de hielo de las masas de hielo costeñas y del arribo de peces asociados con aguas más calientes, indicando que había un aumento en la cantidad de tierra habitable.

En 2000, Glen MacDonals y varios co-autores publicaron una reveladora perspectiva acerca de la historia climática del ártico de Eurasia en la prestigiosa publicación académica Quaternary Research (“quaternary” es la era de las recientes eras de hielo, comenzando hace cerca de 1,8 millones de años atrás) en la cual ellos examinaron los depósitos de radiocarbono en los árboles viejos. En esa región, la línea de árboles es generalmente más de 100 millas al sur del Océano Ártico. Pero por gran parte de la era entre 3.000 y 9.000 años atrás, el bosque se extendió hacia adentro del mar.

Las temperaturas de verano —las mismas que derriten el hielo de Groenlandia— son lo que determinan la línea norteña de árboles. MacDonald tuvo que concluir que “En gran parte del norte de Eurasia [durante ese periodo], los veranos pueden haber sido entre 4,5 y 12,6°F más calientes que hoy”.

Además, ellos dijeron que la única forma que esto podía darse era si es que había una incursión masiva de agua caliente (el flujo del Golfo) al Océano Ártico. ¿Cómo llega esta agua ahí? Pasando entre Groenlandia y Europa. Es la única manera.

Entonces Groenlandia tuvo que haber sido mucho más caliente de lo que es ahora por seis milenios. Nuevamente, ¿dónde están los récords de alzas sin precedentes en el nivel del mar? No existen porque no hubo un alza. Los niveles de mar subieron aproximadamente adonde están hoy.

Un silencio bullicioso

La verdadera historia de Groenlandia deja claro lo siguiente: no hay una emergencia climática, y por lo tanto no hay necesidad de legislar regulaciones draconianas sobre el uso de energía que afectaran dramáticamente casi todos los aspectos de nuestras vidas. Además, nadie ha demostrado que siquiera tenemos la habilidad de reducir las emisiones de dióxido de carbono por la cantidad necesaria para evitar una porción substancial del calentamiento futuro de Groenlandia.

Si usted no puede hacer nada al respecto, ¿por qué fastidiarse? El simbolismo cuesta dinero y desperdicia capital que podría ser utilizado en el futuro para invertir en tecnologías reales, aunque todavía desconocidas.

Si Pelosi quiere hacer algo acerca del clima de la tierra, apresurar al mundo hacia una política pública fracasada basada en seudo-ciencia es posiblemente la peor cosa imaginable.

Este artículo fue originalmente publicado en el Chicago Sun-Times (EE.UU.) el 13 de junio de 2007.

Traducido por Gabriela Calderón para Cato Institute.