La política industrial conservadora y la “amenaza china”

Scott Lincicome considera que sería ingenuo pensar que mediante los subsidios EE.UU. estaría combatiendo una amenaza de ser superado por China en cuanto a su industria de semiconductores, cuando realmente estaría simplemente creando otro regalo corporativo para contrarrestar una amenaza imaginaria.

Por Scott Lincicome

El Washington Post reporta que muchos conservadores están abandonando su “ortodoxia de libre mercado” en gran parte debido a los subsidios industriales de China que supuestamente amenazan a porciones críticas de la base industrial estadounidense:

“Desde los años de Reagan, los Republicanos han adoptado la visión opuesta —que el gobierno debería quedarse limitado y fuera del camino y no involucrarse en lo que ha sido referido de manera burlona como elegir a los ganadores y perdedores. Pero el surgimiento de China está obligándolos a reconsiderar eso.

Los gobiernos centrales y regionales de China están invirtiendo mucho en campos de alta tecnología como la aviación y la manufactura de autos eléctricos, semiconductores y robótica, según algunas estimaciones proveyendo miles de millones de dólares a empresas domésticas mediante subsidios y otro tipo de respaldo”.

Como evidencia de este cambio, el Washington Post cita la reciente legislación federal, aprobada de manera abrumadora en ambas cámaras del Congreso y alabada por los partidarios Republicanos de la política industrial, que provee miles de millones de dólares en nuevos subsidios para los fabricantes de semiconductores en EE.UU. 

Como noté hace algunas semanas en un largo y escéptico blog post acerca de la ley, el principal fundamento para estos subsidios —según sus patrocinadores y otros partidarios (y confirmado por el Washington Post)— era la anteriormente mencionada amenaza de China, en este caso los miles de millones de dólares que el gobierno chino está gastando para desarrollar un sector globalmente competitivo de semiconductores. 

A su favor, el Washington Post nota brevemente mi escepticismo antes de citar a muchos otros con una gran extensión acerca del plan de semiconductores y de los más amplios esfuerzos para conformar una política industrial en EE.UU. (uno de los cuales rechaza las “ingenuas” visiones liberales acerca de la participación del gobierno en la economía). 

Sin embargo, el Washington Post desafortunadamente omite gran parte de mi argumento en contra de los nuevos subsidios estadounidenses, más notablemente los numerosos reportes (incluyendo un largo análisis de la Comisión Internacional de Comercio de EE.UU. de 2019) de que el sector de semiconductores de China, a pesar de todos esos subsidios, difícilmente es una amenaza para la pujante —y en muchos aspectos dominante a nivel global— industria estadounidense de semiconductores. Recientemente en el South China Morning Post salió todavía más evidencia de este hecho:

“En un sitio parado de construcción en el oeste de Wuhan, la escalada empinada de China hacia la independencia de semiconductores es visible para todos.

La fábrica parcialmente construida, propiedad de Wuhan Hongxin Semiconductor Company (HSMC), se suponía que debería ser una parte clave de una inversión de $20 mil millones que convirtió a la provincia en un centro importante de fabricación de chips. 

Pero dos años después de haber iniciado, la construcción se ha detenido totalmente, con poca evidencia de progreso más allá de unas cuantas grúas, los dormitorios de los trabajadores y los marcos de acero saltando hacia el aire. 

El proyecto, que el gobierno local del distrito de Dongxihu dijo en julio que se había detenido debido a la falta de financiamiento, es el último ejemplo de una fábrica de chips china que fracasa debido a una planificación pobre o a la falta de financiamiento. 

A principios de este año, una planta de $100 millones establecida por el gigante de chips estadounidense GlobalFoundries y el gobierno de la ciudad de la ciudad de Chengdu cesó operaciones luego de haber permanecido parada durante casi dos años. En el este del país, una planta respaldada por el gobierno de $3.000 millones y propiedad de Tacoma Nanjing Semiconductor Technology quebró en julio luego de no lograr atraer inversores”. 

Asegúrese de leer todo el texto, el cual detalle los muchos problemas del proyecto de HSMC (algunas veces chistosos) y nuevamente señala que los grandiosos planes de semiconductores de China y sus masivos subsidios no son ni remotamente amenazadores como los políticos estadounidenses y los cabilderos de la industria dicen. 

El episodio de los semiconductores también permite aprender dos lecciones más amplias. Primero, muestra que la mera presencia de subsidios de un gobierno extranjero es rara vez, si es que alguna vez, una buena razón para que existan subsidios estadounidenses —especialmente cuando estos irían a una industria nacional rentable con miles de millones en gasto capital doméstico (y miles de millones más de efectivo a la mano). Segundo, provee otro buen ejemplo de por qué algunos liberales siguen siendo escépticos acerca de los planes estadounidenses de política industrial. Con demasiada frecuencia —incluso (o especialmente) en el caso de la “seguridad nacional” y China (o Japón antes de ella)— las ideas que suenan bien y como necesarias en papel son reveladas luego de una inspección más cercana como regalos a corporaciones que contrarrestan amenazas imaginarias y acaban haciendo más mal que bien. Quizás el gobierno de EE.UU. puede superar estos obstáculos en el futuro, pero tanto los subsidios de los semiconductores y numerosos otros ejemplos indican que no son los liberales escépticos quienes estarían pecando de ingenuos aquí.

Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (EE.UU.) el 28 de agosto de 2020.