La nieve en Washington no se debe al calentamiento global

Patrick Michaels explica la climatología particular de Washington, DC y cómo esta revela que el aire caliente no ayuda, sino que obstaculiza, la formación de tormentas de nieve.

Por Patrick J. Michaels

Tenía que suceder. En medio de una nevada poco común en el Este, algunos medios de prensa populares tenían que intentar conectar los inusuales eventos climáticos de esta temporada con el calentamiento global.

Time fue la primera organización de noticias en dar el salto. Publicó un artículo sobre el tema el mismo  10 de febrero en el que Washington, DC rompió su récord de 1899 (de 54,4 pulgadas de nieve) con la tercera tormenta de nieve del presente invierno. Un día después, el New York Times se juntó a la fiesta.

Como el invierno de 2010, el de 1899 se caracterizó por múltiples tormentas de nieve pesadas, especialmente en febrero. Algunas veces la corriente de aire se encaja en una posición en la que es capaz de crear tal frecuencia de estos eventos. Como ha sido dolorosamente obvio, este es uno de esos años.

Antes de 1942, los totales de nieve de DC habían disminuido. El récord desde que la medida empezó a registrarse en el Aeropuerto Nacional Reagan, fijado en 1996, ha sido eclipsado por las 10 pulgadas extra de este año.

La gran tormenta de enero de 1996 dejó 17,1 pulgadas de nieve en Reagan. La portada del 22 de enero de la revista Newsweek mostró a un hombre desapareciendo entre una tormenta de nieve con el titular “Tormentas de nieve, inundaciones y huracanes: Culpen al calentamiento global”. El reportaje principal, escrito por la populista de la ciencia, Sharon Begley, afirmaba que el calentamiento global permite que haya más humedad en el aire por lo que las tormentas invernales pueden volverse más grandes. James Hansen, su científico de referencia en la NASA, y quien más recientemente se volvió famoso por tildar de “trenes de la muerte” a los vagones de tren cargando carbón su planta local de energía, además de por promover juicios por crímenes de guerra para los ejecutivos que diariamente lo obligan a poner gasolina en su carro (Así que claramente deberíamos esperar alguna hipérbola de ese grupo).

Este invierno en DC han habido dos tormentas de nieve que se ubican entre las diez más fuertes: Las 18 pulgadas que cayeron entre el 5 y el 6 de febrero se ubican en la posición cuatro, y las 16,4 pulgadas que cayeron entre el 18 y el 19 de diciembre se ubican en la posición ocho. Bryan Walsh del Times, a quien se le hace difícil comprender el concepto de que los eventos poco probables no son imposibles, pensó que esto era los suficientemente bizarro para buscar en Internet cualquier fuente posible que pudiese ser utilizada para culpar de esto a los odiados gases de efecto invernadero (Walsh lo encontró en un estudio de 2003 semi-obscuro en la revista académica Journal of Climate, aunque de hecho no enlazó este estudio en su artículo).

Y así el argumento salió a relucir nuevamente de que las tormentas en la mitad del Atlántico pueden retener más humedad en un mundo más caliente, y por lo tanto, pueden producir más nieve. Cualquiera que sostenga esto seguramente no entiende la climatología de la nieve en Washington, DC.

Hay muchas tormentas, usualmente hasta 20 en cada invierno, que son lo suficientemente húmedas para producir nieve pero en cambio arrojan lluvia, o la desagradable combinación de nieve parcialmente derretida y lluvia congelada. ¿Por qué no cae nieve? Porque simplemente no hay suficiente aire frío disponible. ¿Por qué tantos eventos cercanos a la nieve como aquellas tormentas con esa desagradable combinación? Porque muchas veces hay casi pero no el suficiente aire frío para que haya nieve.

Para simplificar las cosas, la nieve requiere que la temperatura a los 5.000 pies de altura esté en el punto de congelación o incluso más baja. Cuando un sistema de baja presión sube al Atlántico, los vientos calientes van encima de éste, levantando la temperatura a tal punto que ya no puede sostener la nieve. Para contrarrestar esto, usualmente tiene que haber una oferta de aire frío de New England, la cual viene en la forma de sistemas de alta presión que muchas veces se forman antes que la tormenta.

Los científicos han sabido desde hace mucho tiempo que el modesto efecto de los gases de invernadero que hemos experimentado tendrán un efecto desproporcionado sobre estas masas de aire frío. Por lo que gracias al cambio climático, el aire frío que se necesita para que caiga nieve en Washington es cada vez más difícil de encontrar. La humedad no es el problema: Los copos de nieve le tienen miedo al aire caliente.

El hecho es que el calentamiento global simplemente no ha tenido efecto alguno sobre la nieve que cae en Washington. El planeta estaba alrededor de un grado más frío en 1899, cuando el anterior récord fue fijado. Si se observa el nivel de nieve que cae aquí cada año, verán que no hay patrón alguno a lo largo de toda la historia.

Pero por supuesto, están aquellos que insisten que nevó más cuando ellos eran pequeños. Eso es parcialmente una cuestión de perspectiva física, así como 20 pulgadas de nieve sobre el piso se ven mucho más grandes para un niño de tres pies que para un adulto de seis pies. También es una cuestión de falta de perspectiva histórica. Los tres inviernos desde 1977 hasta 1979 son los más fríos en todo el registro estadounidense, y 1979 incluyó a la tormenta ubicada en la tercera posición, conocida como el Desorden del Día del Presidente.

¿Por si acaso mencioné que la prensa popular en ese entonces, incluyendo a Time y Newsweek, no demoraron en culpar de los inviernos al fantasma climático de esa era—el enfriamiento global?

Este artículo fue publicado originalmente en National Review Online (EE.UU.) el 11 de febrero de 2010.