La economía no es un salami

Manuel Hinds explica que es muy difícil estimar el costo de no abrir un sector para la economía en general, dado que sectores como energía y transporte si bien representan un porcentaje pequeño de la economía, son esenciales para el desempeño de muchas otras actividades.

Por Manuel Hinds

Hay mucha gente preocupada porque la apertura de la economía que se dará el 24 de este mes será total y no por fechas espaciadas por semanas o meses, de tal forma que ciertos sectores se abrirían ahora, otros después de un tiempo largo, y así. Es claro que estas personas, aunque con frecuencia incluyen “expertos en abrir economías cerradas por el coronavirus”, una asignatura no impartida ni estudiada hasta este momento, no tienen una concepción clara de la esencia de la economía: su extrema complejidad. Debido a esta complejidad, abrir una economía por pedazos puede ser mucho más desordenado que abrirla toda de una vez, y puede causar mucho más problemas económicos y de salud.

En realidad, las economías son lo que en matemáticas se puede llamar sistemas extremadamente complejos, que se caracterizan por las estrechas relaciones que tienen todos los elementos entre sí, de tal forma que el total de la economía no está ajustado si todos los elementos no están ajustados entre sí. Es decir, la construcción necesita del transporte, del cemento, de los ladrillos, de los bancos, de los comestibles, de las bebidas, de los seguros, de los abogados, de los médicos, de los arquitectos, de los ingenieros, etc., etc., etc. Si uno corta los insumos de servicios a una industria la puede paralizar totalmente.

La complejidad es tan grande que es muy difícil estimar el costo de no abrir un sector para el resto de la economía. Habrá mucha gente que piense que es muy fácil hacerlo, simplemente leyendo la participación de cada sector en el Producto Interno Bruto (PIB). Pero estas cifras dan una idea muy equivocada de lo que puede ser ese costo. Por ejemplo, usted puede buscar la participación de la generación de electricidad en una economía dada y encontrar que representa el 5% del PIB. Pero cierre la generación de electricidad y se dará cuenta de que la caída en la producción sería mucho, pero mucho mayor, más del 80% probablemente. Igual le puede pasar con las telecomunicaciones. El transporte mismo, que estuvo cerrado por un largo tiempo, representa sólo el 6%, pero su falta también puede detener una economía. Peor aun, como en el caso del transporte, el cierre de la actividad pública no significa que la actividad se detenga. Sólo se vuelve más ineficiente, ya que la gente se mueve ya no en buses sino en pick ups, con lo que también el contagio del coronavirus se puede aumentar en relación con los buses.

Añada otra complicación para tener una idea de lo que estamos hablando: las empresas no coinciden con las actividades del PIB. Así, en una fábrica textil hay mucha gente que trabaja en la producción textil propiamente, pero muchos otros que trabajan en el mantenimiento de maquinarias, que es otro sector, y otros que proveen servicios legales, otros que proveen transporte, otros que trabajan en comunicaciones, que son todas actividades diferentes de los textiles en las cuentas nacionales.

Para tener una idea de lo que en realidad es la apertura, piense en una sala de operaciones en la que los médicos están tratando de revivir a un enfermo que ha dejado de respirar, y dese cuenta de lo absurdo que sería si ellos dijeran: “Vamos a revivir el corazón en este momento, nos juntamos el miércoles para revivir el hígado, luego revivimos los pulmones dentro de una semana, etc.” Por supuesto, no se puede porque el funcionamiento de unos órganos depende del funcionamiento de otros. Igual pasa en todos los sistemas extremadamente complejos, como es la economía.

Es decir, la economía no es un salami que pueda rebanarse y repartirse o abrirse por rodajas. Ha sido, pues, providencial que por obstáculos puestos por el presidente que quería prolongar por mucho tiempo la cuarentena efectiva, se quedó sin soporte jurídico para regular la apertura. Por supuesto, lo crucial es diseñar protocolos para todas las actividades primarias y para otras actividades que impliquen reuniones. Esto, no abrir el hígado antes de abrir el cerebro, es lo que es esencial para que la economía funcione bien y se proteja la salud de los ciudadanos.

En vez de preocuparse por la apertura, la ciudadanía debería preocuparse por los desincentivos a la inversión que el presidente está creando con las acusaciones y capturas de empresarios motivadas por razones políticas, que están constituyéndose en un obstáculo enorme para la inversión.

Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 20 de agosto de 2020.