(In)seguridad social

Alfredo Bullard indica que tanto la seguridad estatal como el sistema de administradoras de fondos de pensiones (AFPs) adolecen de paternalismo al establecer un ahorro forzado, pero al menos en el segundo se pretende corregir algunos de los males del primero introduciendo la competencia.

Por Alfredo Bullard

Friedrich von Hayek habla de las “palabras comadreja” o “envenenadas”. Son términos que agregados a otra palabra la convierten en exactamente lo contrario.

Una de esas palabras es “social”. Añada social a otra palabra y mágicamente la convertirá en su antónimo.

Democracia social es un sistema que traslada a la decisión sobre quién gobierna no a los ciudadanos sino a un aglomerado impreciso e inidentificable que se arroga la posibilidad de gobernar al margen de la verdadera voluntad popular.

Justicia social es la negación de la auténtica justicia, de la justicia “a secas”. Es un sistema en donde lo que es justo responde al sentimiento de la mayoría y no a los derechos de los individuos, los que pueden ser avasallados en la búsqueda de un supuesto fin superior.

Un derecho social es justamente un no derecho, quitándole la esencia individual a toda titularidad para difuminar sus límites y alcances en un abstracto indescifrable donde nada es de nadie y todo es de todos.

La propiedad social velasquista no fue sino una forma grosera de confiscación de la propiedad a sus titulares legítimos para desaparecerla.

Y el término “seguridad social” no se libra del efecto “comadreja”. Los sistemas de seguridad social han sido un simple juego de pirámide, un CLAE (famoso caso de estafa piramidal) legalizado y forzoso, que conduce inevitablemente a la quiebra del sistema. Nada más inseguro que la seguridad social.

Siempre he estado en contra del ahorro forzoso. Creo en una sociedad de personas libres y responsables. Es cada uno, y no el Estado, el que debe decidir cómo y para qué ahorrar. El paternalismo de forzar a protegernos ahorrando nos convierte en individuos irresponsables e incapaces de beneficiarnos de nuestros aciertos y de responder por nuestros errores. Por eso no creo en el sistema de seguridad social pública como tampoco creo en el sistema de AFP (administradoras de fondos de pensiones). En ambos, el punto de partida es el paternalismo.

Pero hay que reconocer que, al menos, el sistema de AFP fue un intento de mejorar parte de lo que estaba mal, retirando la palabra “social” del lado de “seguridad”. El uso de un fondo individual nos devolvió en parte la posibilidad de ser responsables a través de nuestra elección, para elegir el destino que consideráramos mejor para nuestros ahorros. Por supuesto que es posible (y probable) que cometamos errores. Es consustancial con la naturaleza humana. Pero es mejor pagar por nuestros errores que por los ajenos. Porque no hay nada peor que pagar los platos rotos por otros.

El sistema de AFP al menos genera competencia. Al cambiar un sistema monopólico estatal por uno competitivo, teníamos la oportunidad de mejorar por nuestras propias decisiones.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 25 de noviembre de 2017.