Ideas equivocadas, cambiar para que nada cambie

Víctor Pavón comenta las tres ideas sobre las que se fundamenta el método de la formación del presupuesto del estado en Paraguay.

Por Víctor Pavón

Son tres las ideas sobre las que se sustentan no solo el método presupuestario estatal, sino también la política económica en el presente. La primera idea consiste que debe ser el sector público el que debe proveer ciertos bienes y servicios porque se considera que el mercado no lo puede hacer de manera óptima y eficiente.

La segunda dice que es el estado el que debe redistribuir los ingresos para corregir la inequidad e injusticia que ocurre al repartirse la riqueza. Y la tercera idea se encuentra en que sólo el estado puede dinamizar correctamente el crecimiento y el empleo.

Estas tres ideas han calado hondo en la formación de los técnicos, los economistas, los políticos e intelectuales en general. Sin embargo, las mismas son equivocadas y lamentablemente mientras no se cambie el eje del debate se continuará con lo mismo en una suerte de gatopardismo, expresión utilizada en la ciencia política para decir “cambiar todo para que nada cambie”.

De esto tiene mucha culpa el señor Keynes con su libro La teoría general del empleo, interés y dinero publicado en los años treinta del siglo pasado con propuestas en nada originales pues ya se venían aplicando. Lo que hizo fue darle un ropaje teórico para justificar los enormes gastos y el financiamiento de los déficits en el que incurrían los gobiernos mediante la emisión adicional de moneda y a través de la expansión crediticia ilimitada.

Surgió entonces lo que los llamados keynesianos llamaron la “nueva economía” (más bien vieja y nada original) que les vino como anillo al dedo a los políticos y burócratas. Se convirtió en mejor justificación para poner en ejecución el intervencionismo estatal mediante gastos desenfrenados que finalmente terminan, como hoy se sabe, en despilfarro, corrupción y riqueza mal habida de gobernantes que vienen con el cuento del bien común y la justicia social.

La realidad mostró que tales políticas se volvieron extremadamente perjudiciales. Pero como están elaboradas bajo el ropaje de una pseudo teoría, todavía tiene muchos seguidores. Dicen sus promotores que para reactivar las economías es necesario aplicar políticas de endeudamiento (gastar más) para corregir el ciclo económico y a esto lo llaman con el rimbombante nombre de políticas contra cíclicas. Pero se equivocaron, por ejemplo, cuando en la década de los setenta la inflación les creó no sólo más desempleo sino también recesión.

Los hechos prueban que todo ese arsenal de malas ideas solo acarrea malas prácticas. La deuda se perpetúa y crece hasta volverse incontrolable, luego se crean nuevos y más impuestos con déficits presupuestarios con cargo a la siguiente generación de personas que ni siquiera votaron aquellas medidas. Los beneficiados son los de siempre: la cúpula vergonzosa de políticos y burócratas que viven a costa de la riqueza creada por el ahorro, el esfuerzo y la dedicación de los emprendedores privados.

Urge no seguir con las ideas y prácticas fracasadas que han llevado a los gobernantes a prometer y hacer cambios para que nada finalmente cambie.