Herencia negativa

Isaac Katz considera que es una tragedia que debido a falencias del sistema de pensiones en México, un 53% de los individuos entre 18 y 40 años de edad encuestados por Amafore espere ser mantenido por sus hijos cuando llegue a su edad de retiro.

Por Isaac Katz

Los artículos pasados los dediqué a señalar que ante el próximo fin del “bono demográfico” derivado, por una parte de que a finales de esta década la población de hasta 15 años de edad como porcentaje de la población total se estabilizará en alrededor del 30% y, por otra el envejecimiento paulatino de la población, estimándose que para 2050 la población de más de 65 años de edad represente el 20% de la total. Ambas dinámicas demográficas se traducirán en que el índice de dependencia empiece a aumentar hacia finales de esta década. 

De ahí la urgencia de que la economía empiece a crecer a tasas altas y sostenidas con empleos formales que tengan acceso al sistema de seguridad social, siendo necesario por una parte, generar las condiciones institucionales que promuevan la inversión y por otra, eliminar/reducir aquellos elementos que actúan como un impuesto implícito a la creación de empleos formales (las contribuciones patronales al Instituto Mexiacno de Seguridad Social y los costos de despido). Se requiere además, una reforma al sistema de pensiones con una pensión universal mínima, un aumento en las aportaciones a las cuentas individuales de retiro (traspasando a éstas las que ahora se van al Infonavit) y la promoción, con estímulos fiscales, del ahorro voluntario para el retiro. No hacer todo lo anterior, se traduciría en que a la larga seríamos un país de viejos pobres y es en este escenario en donde se generaría la dinámica destructiva de las herencias negativas: cuando los hijos mantienen a sus padres. 

De acuerdo con una encuesta realizada por la Amafore en 2019 a individuos de entre 18 y 40 años de edad, el 53% de ellos respondió que al llegar a su edad de retiro esperaban que sus hijos los mantuvieran, 15% que serían sus familiares, 12% de su ahorro, 3% el gobierno y solo el 14% de su pensión. Que el 53% que espere que sus hijos los mantengan es simplemente espeluznante.

Que apuesten a que cuando se jubilen sean mantenidos por sus hijos obviamente tiene un alto costo, principalmente sobre el nivel de bienestar de estos últimos pero más aún, sobre el bienestar presente y futuro de los nietos. Destinar una parte del ingreso para sostener a los padres implica que la cantidad de recursos disponibles para su propio consumo es menor lo que implica un menor nivel de bienestar para la familia en su conjunto (excluyendo el bienestar de los mantenidos) pero más importante aún, implica menores recursos disponibles para invertir en el capital humano de sus propios hijos tanto en alimentación, educación, salud (aun cuando para estos dos utilicen los servicios gubernamentales) y hasta en vestido y entretenimiento.

La inversión en capital humano es la mejor inversión que los padres pueden hacer en sus hijos ya que ello se traduce en mayor nivel de bienestar futuro. Mayor capital humano tiende a reflejarse en mejores hábitos alimenticios y cuidados preventivos y por ende mayores niveles de salud, mayor calidad de la vivienda y mayor capacitación y productividad en el mercado laboral, con más capacidad y flexibilidad para adaptarse a los cambios tecnológicos en los procesos de producción.

Cuando el 53% de los individuos apuesta a que sus hijos los van a mantener cuando se retiren, no consideran que ello implica un impuesto futuro sobre sus propios hijos y peor aún sobre sus nietos y generaciones subsecuentes. Esto es una tragedia. Por lo anterior, se requiere una economía creciendo, con empleos formales y pensiones que le permitan una jubilación sin que sus hijos tengan que sacrificar a sus nietos y bisnietos.

Este artículo fue publicado originalmente en Asuntos Capitales (México) el 5 de marzo de 2020.