Gobiernos grandes llevan a un mayor gasto electoral

Por Patrick Basham

El gasto electoral en EE.UU. se está yendo hasta las nubes. Según Larry Noble del Center for Responsive Politics (Centro para la Política Sensible), la campaña para la presidencia y el congreso en el 2004 va a costar en conjunto aproximadamente $3.9 mil millones de dólares; un incremento del 30 por ciento con relación al 2000.

Noble atribuye ese gasto al “incremento en las contribuciones hechas por individuos a candidatos y partidos”. Pero su razonamiento confunde los síntomas con la enfermedad y refleja la usual falta de sabiduría en el tema del gasto electoral.

El factor más importante que conduce hacia arriba el gasto electoral, no es el incremento en las donaciones electorales realizadas por individuos y permitidas por la ley McCain-Feingold para la reforma al financiamiento de campañas electorales. Mas bien, el factor más importante es el gran tamaño del estado.

El crecimiento del gasto de gobierno promueve el crecimiento en el gasto electoral. Los impuestos y las regulaciones en la sociedad han incrementado el ámbito del gobierno en todos los niveles. Como lo han mostrado estudios académicos, incrementar la actividad del gobierno lleva a mayores esfuerzos para influenciar las decisiones políticas, incluyendo un mayor gasto electoral. A medida que el gobierno hace y gasta más, los individuos tratan de influenciar al gobierno, tanto para ir adelante con sus causas como para protegerse a sí mismo del abuso.

El gobierno de EE.UU. ha crecido enormemente durante las últimas décadas. En conjunto, los estadounidenses hoy en día pagan más de dos y media veces (en términos reales) el monto de impuestos federales que pagaban en 1970. En el lado de los egresos, el gasto del gobierno alcanzará los $2.4 millones de millones en el año fiscal 2005, un incremento nominal de 950 por ciento en 35 años. El gobierno ha asumido el poder adicional de regular todo tipo de conducta privada, especialmente la concerniente a la vida económica. El costo de obedecer estas regulaciones federales excede los $700 mil millones.

Los altos niveles de regulación e impuestos indican que el gobierno tiene un inmenso poder sobre muchos aspectos de la vida de los estadounidenses—desde la distribución de la riqueza hasta la naturaleza de la vivienda, agricultura, educación, salud, comercio, energía, telecomunicaciones, tenencia de armas, consumo de alcohol, tabaco y drogas. Casi 70.000 entidades gubernamentales están autorizadas a imponer impuestos a los estadounidenses.

¿Sorprende a alguien que se gasten miles de millones de dólares haciendo cabildeo político durante cada ciclo electoral? El deseo de obtener beneficios o evitar costos generados por las regulaciones, empuja hacia arriba las contribuciones electorales.

Hay evidencia empírica sólida que la expansión del gobierno resulta en un incremento en el gasto electoral. El Economista John Lott Jr. encontró que el 87 por ciento del incremento en el gasto para las elecciones en el ámbito federal entre 1976 y 1994, era atribuible a un incremento de $1,101 per cápita (en términos reales) en el gasto del gobierno federal que ocurrió durante ese periodo.

La correlación reciente entre el gasto del gobierno y el gasto electoral es mucho más fuerte. El incremento de 30% en el gasto electoral desde el 2000 corresponde estrechamente al 31 por ciento de incremento en el gasto federal durante los pasados cuatro años.

¿Hay alguna solución al mayor gasto electoral? Dado el ambiente actual de políticas públicas, es imposible reducir el gasto electoral. La demostrada falta de compromiso de nuestros legisladores con un gobierno limitado asegura que la tendencia alcista en el gasto electoral se mantenga en el futuro previsible.

La única forma de reducir la cantidad de dinero que fluye dentro de nuestro sistema político es reduciendo los incentivos de los intereses privados a apoyar directa o indirectamente a candidatos y partidos. Consecuentemente, la única solución plausible es limitando el tamaño del estado. Cualquier otra cosa solo trata el síntoma sin enfrentar la enfermedad que subyace en el cuerpo político.

Menor gasto gubernamental conducirá a niveles menores de contribuciones electorales. A su vez, eso resultará en menores niveles de gasto electoral. Cualquier otro esfuerzo para limitar el gasto electoral será inútil.

Traducido por Nicolás López para Cato Institute.