Elefantes africanos: Una solución de mercado

Por Juan Carlos Hidalgo

El levantar la prohibición que pesa sobre el comercio internacional de marfil será uno de los puntos álgidos de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES por sus siglas en inglés) a realizarse esta semana en Santiago, Chile. Sin embargo, tanto el status quo de la prohibición así como la posible legalización de la venta de marfil tendrían consecuencias negativas para la vida silvestre y humana en el continente africano si se continúa ignorando el papel que los derechos de propiedad juegan en la conservación de los recursos naturales.

El Washington Post informa esta semana sobre los efectos perniciosos que la prohibición del comercio de marfil, la cual data a 1989, ha tenido para los campesinos africanos en años recientes. Conforme la población de elefantes ha ido creciendo, los encuentros entre los animales y los asentamientos humanos han empezado a convertirse en un dolor de cabeza para los lugareños. En Voi y otros pueblos cercanos en el sur de Kenia, los elefantes han destruido cosechas por un valor de $30.000, un monto astronómico para un país con un PIB per capita de únicamente $337. Los animales también han matado a cuatro personas.

Sin embargo, los grupos conservacionistas tienen alguna razón en señalar que una eventual relegalización del comercio del marfil podría conducir a que los paquidermos vean sus números reducidos peligrosamente. La cantidad de elefantes en el continente africano cayó de 1.3 millones en 1980 a 600.000 en 1989, cuando se adoptó la prohibición internacional. Aún así el número continúo cayendo hasta los 300.000 en 1998, para alcanzar nuevamente los 600.000 ejemplares hoy en día. Bajo el actual escenario, permitir la venta de marfil conduciría a una nueva competencia entre los cazadores que podría hacer desaparecer el terreno ganado en los últimos años.

¿Cómo lograr entonces que el número de elefantes permanezca constante y pueda crecer aún más sin que los pobladores africanos sean víctimas de estos animales?

El establecer derechos de propiedad sobre los elefantes es la única solución que proveería los incentivos necesarios para que ambos escenarios sean posibles. Actualmente, los paquidermos no son más que ratas gigantes para los locales, quienes no ven ningún beneficio en su presencia. Los grupos que presionan para que el elefante sea protegido se encuentran en Europa y Norteamérica, y no tienen que hacer frente con los daños y pérdidas que estos animales causan. Al definir derechos de propiedad sobre los elefantes, los lugareños tendrían el incentivo de garantizar su protección, a la vez de recibir ingresos monetarios de quienes valoran la conservación de dichos animales.

El problema con levantar la prohibición bajo el actual esquema en el cual en muchos países los elefantes no son de nadie, es que nos veremos enfrentados con la ya conocida "tragedia de los comunes", el mismo fenómeno que estaba llevando a los animales hacia su extinción en la década de los ochenta. En una situación en donde la venta de marfil es legal, y en la cual no existen derechos de propiedad sobre los animales, los cazadores tratarán de matar la mayor cantidad posible de elefantes, ya que el espécimen que dejen de capturar será cazado por otros. Es un juego de suma-cero en donde el gran perdedor es el animal.

Sin embargo, la legalización del comercio de marfil sería sumamente beneficiosa para los lugareños y para la población de elefantes si se definen derechos de propiedad sobre estos últimos. Los africanos tendrían un fuerte incentivo en proteger a los elefantes ya que así se garantizarían ingresos a largo plazo producto de la venta del marfil. De hecho, los países que han experimentado el mayor incremento en la población de paquidermos entre 1989 y 1995 son Zimbabwe y Bostwana, países donde los programas de conservación han sido financiados en parte por la venta legal de marfil, y en los cuales se les ha permitido a las localidades desarrollar ciertos derechos de propiedad sobre las manadas de elefantes. En contraste, otros países como Kenya, donde la venta de marfil ha sido totalmente prohibida, han tenido que recurrir al financiamiento externo para poder hacer respetar la ley, y así estabilizar sus poblaciones de animales.

La respuesta al problema que representa el incremento de la población de elefantes y los inconvenientes que estos causan a los habitantes de las villas africanas es muy simple, pero desdichadamente escapa a la comprensión de los burócratas de las Naciones Unidas y de los periodistas poco imaginativos que cubren este tipo de historias. Únicamente un enfoque de mercado, en donde se permita a las personas tener derechos de propiedad sobre los elefantes y sacar provecho económico de ellos podrá romper de una vez por todas con el ciclo de consecuencias no previstas que la regulación internacional ha creado.