El Salvador: Las migraciones y el milagro indio

Manuel Hinds señala que, contrario a lo que se suele pensar, El Salvador es el país con el PIB por persona más alto de Centroamérica, con la excepción de Costa Rica; y que la distribución del ingreso en ese país es "la segunda más equitativa en Latinoamérica".

Por Manuel Hinds

Usted sin duda ha oído que la gran emigración que ha habido hacia EE.UU. desde que comenzó la guerra se debe a la enorme pobreza que hay en el país. Quizás no lo haya oído explícitamente, pero al menos inconscientemente es lógico sacar la inferencia que, si somos el país que tiene más emigrantes a EE.UU. (y a otros países desarrollados) en la región centroamericana, y si la emigración depende únicamente de la pobreza, El Salvador debe ser el país más pobre de la región. Esto, aunque no se diga, es lo que flota en el ambiente.

Es una conclusión que llena de gozo a muchos salvadoreños, incluyendo desgraciadamente al gobierno, porque permite seguir creyendo que todo está mal en El Salvador y que estamos justificados en no hacer nada para mejorarlo porque somos el peor de todos los países del mundo y nada aquí va a funcionar jamás —una ida que también desgraciadamente se ha convertido casi en la religión nacional y que sin duda alimenta la sensación de depresión que agobia al país.

El problema es que no es verdad que seamos el país con el ingreso más bajo en la región. En realidad, somos el país con el Producto Interno Bruto (PIB) por persona más alto en Centro América, con la excepción de Costa Rica. Esto puede verse comparando el PIB por persona (como debe de hacerse al hacerse comparaciones internacionales) medido en dólares ajustados por las diferencias en el poder de compra del dólar en cada economía (llamados dólares con Paridad de Poder de Compra o PPP).

Si la pobreza fuera el factor determinante en la emigración, Nicaragua (que tiene menos de la mitad de nuestro ingreso por persona), Honduras y Guatemala tendrían una proporción mucho más alta de ciudadanos que El Salvador en EE.UU.

Bueno, podrá decir usted, defendiendo el prejuicio de que El Salvador es lo peor en todo, lo que debe estar pasando es que la distribución del ingreso en El Salvador es tan mala que aunque el ingreso por habitante promedio sea más alto que en los otros países, a los pobres les llega menos ingreso. Esto suena muy bien. El problema es que no es cierto tampoco. La distribución del ingreso en El Salvador es la segunda más equitativa en Latinoamérica. La equidad se mide con un indicador que se llama Gini, en el que valores más bajos indican distribuciones del ingreso más equitativas. "Ahh", puede decir usted, "pero entonces debe ser que aunque la distribución sea la mejor, se haya empeorado en los últimos años". El problema es que esto tampoco es verdad. El Salvador es el país que más avanzó en la última década en hacer la distribución más equitativa.

Como lo descubre rápidamente cualquiera que investigue un poco el tema, las migraciones son un fenómeno muy complejo, en el que intervienen muchos factores, algunos negativos y otros positivos. Dentro de los negativos está primordialmente la violencia. No fue casualidad que las primeras migraciones en gran escala tuvieron lugar durante la guerra. Los positivos incluyen el espíritu empresarial, el deseo de superación y la existencia de redes de migrantes anteriores que reciban a los nuevos. Estos factores explican en gran medida por qué hay más salvadoreños proporcionalmente en EE.UU. que hondureños, guatemaltecos y nicaragüenses.

Viendo objetivamente el fenómeno salta a la vista que las soluciones que los populistas gritan —tales como decir que la gente sólo dejará de irse cuando subamos el ingreso del país para que la gente ya no se vaya— no funcionan, tanto porque los populistas disminuyen, no aumentan el ingreso, sino porque también es absurdo pensar que las migraciones se detendrán sólo hasta que el ingreso por habitante de El Salvador, ahora en 6.629 dólares PPP, llegue a 45.989, que es el de EE.UU.

Pero entonces, ¿qué puede hacerse con las migraciones? Por supuesto, el gobierno debe dejar de asustar y desestimular la inversión, no para detener las migraciones sino para mejorar el ingreso de los salvadoreños, que es el objetivo que no hay que olvidar. También es necesario disminuir el crimen, también no para evitar la migración sino para que los salvadoreños vivamos mejor. Pero también hay que dejar de pensar negativamente y realizar que lo que ahora tiene a todo el mundo con la boca abierta, el milagro económico de la India, es en parte el resultado de un fenómeno migratorio similar al de El Salvador.

Los que han puesto los negocios que están liderando este milagro económico son indios que han regresado a su país después de vivir (y aún después de haber nacido) en EE.UU., preparándose con educación de primer mundo y usando su conocimiento de EE.UU. para exportar servicios para allá. Esto, que es lo que lidera el desarrollo de la India, es lo que no pueden imaginar los negativos que sólo pueden ver cosas malas que justifican su deseo de generar una lucha de clases. Ojalá que el gobierno entienda que hay que tomar ventaja de esto.

Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 1 de abril de 2011.