El gran debate actual

Richard W. Rahn explica el gran debate actual: aquellos que siguen las enseñanzas de la escuela Austríaca o de Chicago y aquellos que consideran ciertas las enseñanzas de John Maynard Keynes y sus discípulos.

Por Richard W. Rahn

¿Comprende usted por qué conocidos economistas, incluyendo ganadores del Premio Nobel, tienen posiciones opuestas sobre el paquete de estímulo gubernamental y respecto a lo que se debe hacer en una recesión? La gente está confundida porque oye recomendaciones opuestas sobre lo que hay que hacer.

Hay dos escuelas de pensamiento. Un grupo sigue las enseñanzas de la escuela austríaca y de Chicago, influenciados por economistas como F. A. Hayek (1899-1992) y Milton Friedman (1903-2007). Los pertenecientes al otro grupo son conocidos como keynesianos porque aceptan muchas de las enseñanzas de John Maynard Keynes (1883-1946) y sus discípulos.

Las recesiones y depresiones suelen ser el resultado de excesiva expansión del crédito y/o inflación, generalmente causada por los bancos centrales (la Reserva Federal en EEUU). La causa principal de la actual crisis mundial fue el reventón de la burbuja del sector inmobiliario en EEUU y otros países. Esto sucedió porque demasiado dinero fluía hacia la construcción de viviendas y se redujeron las restricciones al crédito.

Los economistas del primer grupo mantienen que una vez que el Banco Central frena la emisión de dinero y del crédito, el libre mercado se corrige por si solo, dejando que caigan los precios de los bienes sobrevaluados (las viviendas hoy) hasta alcanzar el equilibrio entre la oferta y la demanda, cuando de nuevo comenzará a crecer la economía. El gobierno puede ayudar e incentivar reduciendo impuestos al capital y al trabajo, a la vez que extiende su ayuda a gente que ha perdido su empleo.

Los economistas keynesianos argumentan, correctamente, que durante una recesión los individuos y las empresas gastan e invierten menos de lo necesario para mantener el pleno empleo. Su solución es aumentar los gastos gubernamentales para reponer esa caída. Pero los economistas austríacos argumentan que todo gasto gubernamental tendrá que ser respaldado, tarde o temprano, con mayores impuestos, lo cual reduce el valor de la moneda. Entonces, los keynesianos responden que el gobierno utiliza así mano de obra desempleada y capital sobrante, lo cual aumentará la recaudación.

Si el aumento del gasto gubernamental se utilizara solamente en proyectos donde los beneficios exceden los costos de mayor inflación e impuestos más altos, esa teoría tendría mérito. Pero se confrontan graves problemas al tratar de convertir la teoría keynesiana en políticas prácticas. Hay que determinar el monto del “estímulo” y proceder a gastarlo al comienzo de la recesión. La experiencia indica que el gasto gubernamental adicional llega tarde, a menudo después de terminada la recesión. Eso aumenta la presión inflacionaria y los nuevos gastos gubernamentales suelen hacerse donde los políticos pueden sacarle provecho electoral: construyendo estadios y aumentando los salarios de obreros sindicalizados, como estamos viendo hoy.

El bajo crecimiento y alta inflación se conoce como “estanflación”, lo que pasó en EEUU en los años 70. Los keynesianos no tienen solución para eso. Lo economistas de las escuelas de Austria y Chicago sí, aunque el ajuste es doloroso. Reagan y Thatcher actuaron a la altura del desafío. Pero, ¿lo harán los actuales líderes?

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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