El crédito no sale del aire

Alberto Benegas Lynch (h) explica la naturaleza de un crédito y dice que "debe recordarse que el crédito significa la entrega transitoria de riqueza a un tercero para que devuelva el principal y los intereses pactados en el plazo estipulado".

Por Alberto Benegas Lynch (h)

En estos días que se discute acaloradamente la situación de los bancos y la falta de crédito, conviene precisar tres conceptos que resultan clave para el futuro del mundo libre.

En primer término, debe recordarse que el crédito significa la entrega transitoria de riqueza a un tercero para que devuelva el principal y los intereses pactados en el plazo estipulado. Si ciertas instituciones financieras y bancarias no cuentan con los activos correspondientes como para prestar es debido a que el mercado (es decir, la gente a través de sus arreglos contractuales) no considera pertinente confiarles la administración de esos recursos.

Si los gobiernos arrancan riqueza a los contribuyentes para entregarlos a las entidades de marras, provocan una malasignación de los siempre escasos factores productivos debido a que los detraen de áreas eficientes para entregarlos a instituciones insolventes y, a su turno, este consumo de capital inexorablemente se traduce en una disminución de salarios en términos reales puesto que éstos son consecuencia exclusiva de las tasas de capitalización.

Si, en cambio, los gobiernos emiten moneda para “inyectar liquidez” estarán diluyendo la riqueza conjunta, además de alterar los precios relativos como efecto del proceso inflacionario lo cual agrava la situación porque falsea las señales del mercado que engañan a los operadores económicos.

En segundo lugar, es indispensable revisar el sistema nefasto de la reserva bancaria fraccional que, ante cualquier cambio en la demanda de dinero —fruto de la incertidumbre o la desconfianza— pone en evidencia que todo el sistema está en la cuerda floja. Hay un debate muy jugoso entre los partidarios de la reserva total y el “free banking” pero ambas posiciones concuerdan que la reserva parcial manipulada por la banca central conduce al peor de los mundos. Conviene tener en cuenta que los bancos y financieras son para atender a la gente y no al revés.

Por último, resulta de gran relevancia destacar que la llamada “garantía a los depósitos” produce incentivos perversos en cuanto a que estimula colocaciones imprudentes que serán financiadas compulsivamente por quienes manejan con responsabilidad sus patrimonios. Incentiva a que nadie se fije en la solvencia (o bancarrota en potencia) de la entidad bancaria o financiera ni en las trayectorias ( o prontuarios) de sus administradores para, en cambio, prestar atención solamente a las tasas de interés ofrecidas... total “garantiza el estado” (con los recursos del vecino).

Las crisis agudas surgen principalmente de la intromisión gubernamental como el aumento en el gasto, el endeudamiento y el déficit estatales, las regulaciones que no se basan en el respeto a la propiedad y la manipulación en la tasa de interés por parte de la banca central, lo cual distorsiona la relación consumo presente-consumo futuro que, a su vez, engaña a los operadores a quienes les aparecen proyectos antieconómicos como si fueran rentables. También barquinazos de otra naturaleza se desatan debido al uso irresponsable de instrumentos financieros, hoy día principalmente a través de derivativos, que como su nombre lo indica derivan su valor por medio de futuros y opciones sobre acciones, hipotecas, commodities, tipos de cambio etc.

Esto último, de igual manera que cuando el empresario equivoca el camino, debe ser absorbido por los responsables y no endosarlo sobre las espaldas de terceros.

En la sociedad abierta resulta trascendental que los activos inservibles se den de baja y no se disimule la situación “escondiendo la tierra bajo la alfombra”.

Los cuadros de resultados muestran quienes acertaron y quienes se equivocaron en los gustos y preferencias de los demás. Los primeros obtienen ganancias, mientras que los segundos incurren en quebrantos. Este es el modo de aprovechar los recursos disponibles. Tergiversar este proceso que debe sustentarse en sólidos marcos institucionales que, como decimos, protegen la propiedad y castigan el fraude, indefectiblemente conduce a la pobreza.