El anticuado plan de infraestructura de Joe Biden

Randal O'Toole considera que el plan de infraestructura revelado por la campaña de Joe Biden no refleja los cambios suscitados por la pandemia ni reconoce los cambios que la sociedad ha realizado en los últimos años.

Por Randall O'Toole

El plan de infraestructura recientemente revelado por la campaña de Joe Biden es una colección de ideas cansadas que consistentemente han fallado en el pasado. Demasiado del plan está basado en el pensamiento grupal del año pasado y no suficiente del plan reconoce las nuevas realidades que han surgido de la pandemia. 

Una gran parte del plan está basado en sacar a las personas de sus carros y trasladarlos al tránsito público y las bicicletas. Las ciudades estadounidenses han estado tratando de hacer esto durante los últimos 50 años, gastando $1,5 billones (“trillions” en inglés) subsidiando el tránsito masivo, y no ha funcionado en ninguna parte. El plan hace un llamado a conectar a los trabajadores de bajos ingresos con empleos mediante la construcción de más tránsito público, aún así sea que las personas pueden llegar a muchos más trabajos mediante un automóvil que mediante el tránsito masivo, siendo así que la posesión de autos y no los subsidios al tránsito público, son la clave para sacar a las personas de la pobreza

El plan está basado en las presunciones acerca de los costos de la transportación y para el medio ambiente que están fundamentalmente equivocados. El tránsito, dice el plan, ahorra dinero mientras que los autos imponen un costo sobre las personas de bajos ingresos y producen demasiadas emisiones de gases de efecto invernadero. De hecho, cuando los subsidios son incluidos, los sistemas estadounidenses de tránsito gastan cinco veces más moviendo a un pasajero una milla que el automóvil promedio. Ignorar los subsidios, las tarifas promedio de tránsito todavía superan el costo promedio de conducir a un pasajero por milla. El tránsito también utiliza más energía y emite más gases de efecto invernadero por milla. 

El único y mínimo reconocimiento de los cambios derivados de la pandemia es el uso de la palabra “resistente” en el plan. Pero los planificadores parecen creer que el tránsito es resistente conforme propone “sistemas expandidos de tránsito, dándole a mas estadounidenses una manera asequible y eficiente de trasladarse sin sus carros”. De hecho, como el Huracán Katrina, el Fuego de Campo en 2018 en California, y otros desastres naturales han mostrado, las carreteras y los vehículos motorizados privados son mucho más resistentes que el tránsito masivo. 

Solo considere la pandemia actual: las agencias de tránsito están atravesando una crisis financiera, pero las carreteras están ahí cuando las necesitamos, 24 horas al día todos los días. Desde agosto, la cantidad de pasajeros de tránsito todavía estaba un 65 por ciento debajo del nivel normal, mientras que la conducción solo estaba un 12 por ciento debajo de la tendencia normal. Nada de esto es tomado en cuenta por las porciones anti-autos del plan. 

El plan hace un llamado a electrificar los autos y trenes para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero no señala que gran parte de la electricidad en el país proviene de la quema de combustibles fósiles de tal manera que la electrificación no reduce los gases de efecto invernadero. 

Por supuesto, los planificadores quieren cambiarse a la energía renovable, la cual costará billones de dólares. Sumar el sistema de transportación a la grilla eléctrica aumentará de manera masiva la carga y el costo de hacerlo. California ya está sufriendo de frecuentes apagones debido a su énfasis en energía renovable pero no confiable; solo considere qué tan mal se pondría la cosa si la demanda de electricidad fuese duplicada. 

El plan menciona los autos sin conductor, pero sugiere que el gobierno necesita gastar miles de millones en “ciudades inteligentes” para hacer que esos carros funcionen. Pero el gobierno ni siquiera puede coordinar las señales de tránsito en muchas las ciudades; ¿cómo va a operar y mantener la llamada infraestructura inteligente? Biden aparentemente nunca recibió el memo de que prácticamente todas las empresas desarrollando vehículos autónomos están diseñándolos para que dependan de la infraestructura existente sin que requieran de una mejora inteligente en la misma. 

Finalmente, vale la pena señalar que el primer ítem en el plan es “crear buenos trabajos sindicalizados”. Los sindicatos están entre los principales partidarios de la campaña de Biden y este énfasis muestra que Biden está simplemente atendiendo a una porción de su electorado. Mientras que eso no es sorpresa alguna, muchos de los problemas con la infraestructura que se cae en pedazos que son enfatizados en el plan pueden ser rastreados al alto costo de los trabajadores sindicalizados y de las reglas de los sindicatos que dificultan mantener a la infraestructura en buenas condiciones. 

Al final del día, el plan de Biden muestra que podemos estar seguros de que el estado elige a perdedores, no ganadores, y que prefiere tecnologías y soluciones obsoletas que no logran reconocer los cambios que la sociedad ha realizado en los últimos meses y años. Implementar este plan desperdiciará billones de dólares de infraestructura que no necesitamos y cuyo mantenimiento no seremos capaces de costear. Esto perjudicará nuestras ciudades y reducirá la productividad de nuestra economía. 

Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (EE.UU.) el 19 de octubre de 2020.